George W. Bush ha estado pujando fuerte para establecer lo que él llama un
escudo de defensa con misiles en la República Checa y en Polonia. Muy poca gente
piensa que eso sea una idea cuerda.
Por Immanuel Wallerstein
- La Jornada
Aunque
ambos gobiernos de Europa del este parecen respaldarla con entusiasmo, las
encuestas de opinión pública muestran que sus propias poblaciones están en
contra. Rusia lo ha denunciado abiertamente. Alemania la combate más en
silencio. Irán muestra total indiferencia.
Y Joseph Cirincione, quien ha
dedicado su carrera profesional a luchar contra la proliferación de armas
nucleares, dice que Bush está pujando por "una tecnología que no funciona contra
una amenaza que no existe".
Entonces, ¿es ésta una idea loca solamente, una pieza más de la evidencia de que
el régimen de Bush es irracional y no muy astuto? En realidad no. Hay un
objetivo racional atrás de todo esto, y casi no es secreto. Comencemos con la
explicación aparente. Bush dice que quiere protección contra la amenaza nuclear
por parte de un Estado malhechor (léase Irán) contra Europa y Estados Unidos.
Rusia afirma que los llamados escudos defensivos están de hecho apuntados contra
ella, a lo cual no sólo se opone, sino que desplegará misiles contra Europa.
Realmente los gobiernos checo y polaco no parecen alarmarse mucho por la amenaza
iraní, pero sí pensar que existe una amenaza rusa. Entonces, la razón por la que
se entusiasman con la idea es que concuerdan con los rusos en que esta es una
movida contra Rusia. De hecho, ésta es, también en privado, la posición alemana.
Y en privado también es muy probable que compartan esa visión todos los
gobiernos de Europa occidental.
George W. Bush insiste en que eso no es cierto, que los rusos son amigos, y que
no intenta amenazarlos. El señala que checos y polacos no tienen que escoger
entre Estados Unidos y Rusia. Pueden (y deberían) ser amigos de ambos. Y tal vez
realmente lo piense, en el sentido de que ni Bush ni los neoconservadores buscan
hacer de Rusia ya un otro enemigo para el siglo XXI. Así, ¿qué ocurre?
Donald Rumsfeld nos dijo lo que sucede hace mucho tiempo. La política del actual
gobierno estadunidense es utilizar la llamada nueva Europa para constreñir y
limitar el papel político de la llamada vieja Europa -es decir, utilizar a los
gobiernos de Europa del este contra los gobiernos de Europa occidental. Estados
Unidos, especialmente el régimen de Bush, no quiere ver una Europa fuerte, una
que pudiera emprender una serie de políticas aparte de las de Washington.
Y uno podría decir que la doctrina
Rumsfeld ha logrado, hasta ahora, un éxito razonable en ello. El punto de erigir
escudos defensivos con misiles en Europa del este es para proteger Estados
Unidos no de Irán ni de Rusia, sino de Europa occidental, lo que explica la
actitud alemana.
El periodo de la dominación soviética en Europa del este fue una experiencia muy
negativa para los países satélites y para los estados ex soviéticos, hoy
independientes. Todos viven un síndrome de estrés postraumático. Las fuerzas del
ala derecha, dentro de cada una de esas naciones, alimentan ese miedo para
impulsar agendas propias. Dichas fuerzas realmente no tienen miedo a la fuerza
directa militar rusa, ni siquiera a la presión política. Tienen miedo a que
Europa occidental haga un nuevo pacto político con Rusia, y que ellos no puedan
decir mucho acerca de los términos de ese convenio.
Eso no es irracional de su parte. Ha habido muchos pactos así a lo largo de los
últimos siglos, y de nuevo ésta es una posibilidad seria. Por ello los países de
Europa del este proclaman su inextinguible amor por Estados Unidos (desplegado
tan efusivamente como hizo Albania el 11 de junio, durante la visita de ocho
horas de George W. Bush).
El objetivo de esas efusivas proclamas de amistad es doble: debilitar a los
europeos occidentales y crear una situación en la cual Estados Unidos sea vea
forzado a respaldar a los europeos del este. Esta es la táctica clásica de los
países más débiles en relación con las naciones más fuertes, que parecen ser sus
aliados ideológicos. Cuba y Vietnam la usaron vis-à-vis la Unión Soviética.
Corea del Norte la usó vis-à-vis China.
Es una estrategia que con frecuencia funciona. Pero tiene limitaciones. El talón
de Aquiles de dicha táctica es que depende de las necesidades continuadas del
país más fuerte, en este caso el gobierno de Estados Unidos, que el juego se
juegue. Por el momento, Washington está muy dispuesto. Pero cuando se retire de
Irak y recalibre su postura global tomando en cuenta su disminuido poderío
geopolítico, sostener a los regímenes polaco y checo puede parecer menos útil,
incluso puede desvanecerse su importancia.
En ese punto, los gobiernos de
Europa del este pueden quedarse solos -dependientes en lo económico y en lo
militar de justo las potencias de Europa occidental que ahora desdeñan, aun
cuando, o especialmente, hay acercamientos París-Berlín-Moscú.
Así que, en el corto plazo, la construcción de un escudo defensivo con misiles
en Europa del este sirve a las necesidades de Estados Unidos y a las de los
gobiernos de dicha región, pero en el largo plazo parece que los europeos
orientales están apostando a un caballo que tal vez no termine la carrera.
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© Immanuel Wallerstein
Traducción: Ramón Vera Herrera