A medida que los inversionistas estadounidenses salen a la caza
de retornos en los mercados internacionales, una consecuencia
inesperada en su propio país es una presión mayor sobre el
dólar.
Por Joanna Slater
-
The Wall Street Journal
Atraídos por el fuerte desempeño bursátil en muchos países,
inversionistas individuales e instituciones de Estados Unidos
están vertiendo grandes cantidades de efectivo en acciones y
bonos extranjeros. Según el departamento del Tesoro de EE.UU.,
en los últimos meses estas inversiones han alcanzado niveles
récord.
Según datos del departamento del Tesoro, en marzo, por ejemplo,
los inversionistas estadounidenses compraron US$40.300 millones
más en acciones y bonos extranjeros de los que vendieron. El
récord es de US$48.700 millones alcanzado en diciembre pasado.
Una apuesta racional
Dado el reciente desempeño de los mercados internacionales y las
expectativas de que su crecimiento continuará siendo sólido, "es
perfectamente racional que el inversionista estadounidense
encuentre estos mercados atractivos", dice Jim O'Neill, jefe
global de economía de Goldman Sachs. Otra razón detrás de ese
interés: la debilidad del dólar. Esto ha impulsado los retornos
obtenidos en los mercados internacionales porque, gracias al
tipo de cambio favorable, al repatriar las ganancias, éstas
valen más. Esto ha hecho que las inversiones fuera de EE.UU. se
hayan vuelto aún más atractivas para los inversionistas de ese
país.
De hecho, el debilitamiento del dólar y el hábito de los
inversionistas de perseguir los sólidos desempeños extranjeros
parecen haberse convertido en fuerzas que se complementan
mutuamente: más dinero fluye hacia el exterior, contribuyendo a
un dólar más débil, lo que impulsa el retorno de los valores
bursátiles en los mercados globales, lo que lleva a que más
dinero fluya hacia éstos en busca de los mejores retornos. Así,
"obtiene este fenómeno que se autoperpetúa", apunta O'Neill.
No obstante, las bolsas estadounidenses han estado de fiesta. La
semana pasada, el Promedio Industrial Dow Jones subió 230
puntos, o 1,75%, a 13.556 puntos, con lo que acumula un alza de
8,8% en lo que va del año. El índice Standard & Poor's 500 cerró
la semana con un alza de 1,1%, acumulando una ganancia de 7,4%
en 2007. Y aunque el Índice Compuesto Nasdaq bajó 0,1% la semana
pasada, todavía acumula un ascenso de 5,9% este año.
Sin embargo, las bolsas extranjeras han tenido un mejor
desempeño. El Índice Mundial Dow Jones, que excluye empresas
estadounidenses, ha tenido un alza de 9,3% este año. Entre 2003
y 2006 los mercados extranjeros crecieron en promedio 68%, muy
por encima del 19% del Dow Jones.
Presión por todos lados
Entre los numerosos factores que afectan al dólar (entre ellos,
por ejemplo, el auge de los commodities que ha llevado a la
apreciación de muchas monedas latinoamericanas), muchas veces se
pasa por alto el comportamiento de los inversionistas
estadounidenses. A medida que éstos compran más acciones en
mercados internacionales, "ello contribuye a la debilidad
subyacente del dólar", afirma O'Neill. Esto porque los fondos
mutuos y otras instituciones de EE.UU. tienen que vender montos
cada vez mayores de dólares para convertirlos en otras divisas a
la hora de invertirlos afuera.
A un nivel más amplio, esto también significa que EE.UU. está
exportando más capital hacia el extranjero. Para cerrar esta
brecha tiene que atraer más inversiones al país. El flujo de
dinero hacia bonos y acciones extranjeras "obviamente no ayuda
(al dólar)", señala Paul Barrett, jefe de ventas de monedas y
corretaje en JP Morgan Private Bank. En el cuadro general, esto
"definitivamente contribuye" a la presión sobre la moneda
estadounidense, dice.
Entre los demás factores que ejercen presión sobre el dólar
están las perspectivas de crecimiento económico de EE.UU. y el
enorme déficit comercial de ese país. Muchos observadores
piensan que otras economías crecerán con mayor fuerza con
relación a EE.UU., lo que aumenta las posibilidades de que los
bancos centrales en esos países eleven las tasas de interés. El
viernes, China elevó su tasa y se espera que el Banco Central
Europeo haga lo mismo el próximo mes.
De momento, los inversionistas estadounidenses están contentos
de enviar dinero al extranjero, ya que no anticipan mucha
inestabilidad en los mercados globales. Si se diera un repentino
bajón, afirmó BNP Paribas en un informe reciente, esos mismos
inversionistas probablemente retornarán a EE.UU. Éstos, a su
vez, podría llevar a un fortalecimiento temporal del dólar.
Los últimos datos muestran que el apetito por los valores
extranjeros no ha menguado. En marzo, los inversionistas de
EE.UU. invirtieron un récord de US$32.200 millones en bonos
extranjeros.