Aunque lo hizo en forma discreta, de madrugada y con la sola
presencia de un muy antiguo y querido amigo. El resultado será
un libro que lanzará el año próximo Simon & Schuster bajo el
nombre de Pulso con la historia: las grabaciones de
Clinton.
El amigo es el historiador Taylor Branch, que ganó un premio
Pulitzer por su reconstrucción de la sociedad estadounidense en
los años de Martin Luther King. Se conocieron en una reunión de
estudiantes que se oponían a la guerra de Vietnam y luego
trabajaron juntos en la campaña de McGovern, en 1972. Cuando
Clinton ganó la presidencia, llamó a su amigo para darle un
puesto, pero éste prefirió seguir siendo historiador y escribir
como si fuera un fisgón de los acontecimientos que seguramente
entrarán en la Historia.
Se reunían en el segundo piso de la Casa Blanca, en el salón del
ala privada, después de que Clinton terminaba su agenda del día
y hasta las dos o tres de la mañana. Fueron al menos 80
conversaciones. Branch tomaba notas y en el viaje de regreso de
Washington a Baltimore, donde vive, grababa lo que recordaba de
la conversación.
Clinton se quedaba con los cassettes y los escondía en el cajón
de las medias. "Bill sabía de la importancia del trabajo que
estábamos haciendo. Nunca antes un presidente se había atrevido
a hacer 'historia viva'", dijo Branch. Y recordó momentos
memorables como la noche en que Clinton tuvo que decidir si
enviaba o no tropas a Haití, en la que estaba nervioso y con
muchas dudas, o cuando lo acosaba el escándalo Lewinsky y no
podía creer que algunos de sus aliados más liberales también lo
hubieran abandonado.
Se espera que el libro sea un nuevo éxito de ventas.
Bill Clinton logró el
adelanto más importante de la historia literaria con 10 millones
de dólares por su libro Mi vida y se especula con que él mismo
podría usar esas grabaciones para un segundo volumen.