Se trata de una vulgar copia de la propuesta del 14 de diciembre
"Seleccionar (sic) la victoria: un plan para el éxito (sic) en el reporte
interino de Irak", de Frederick Kagan, becario del American Enterprise Institute
(AEI), el celebérrimo feudo de los fanáticos neoliberales "ofertistas fiscales"
controlado por Lynne, la esposa del vicepresidente Richard Bruce Cheney.
Frederick es hermano del hipertóxico belicista Robert: cofundador
del pernicioso "Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense" (por sus siglas en
inglés PNAC), y ambos son hijos del lituano-israelí-estadounidense Donald Kagan,
neoconservador straussiano y profesor de historia en Yale quien se dio a conocer
con su amplio estudio La Guerra del Peloponeso, de la que por lo visto
no entendió sus resultados, ya que la aventura militar bushiana sigue los mismos
pasos hacia el suicidio militar del almirante Pericles, que llevó a Atenas a su
perdición.
Frederick Kagan pretende que el fantasioso incremento de 50 mil
soldados en los próximos dos años en Bagdad y en el bastión sunita de la
provincia de Anbar someterá a los "terroristas" (Nota: ahora resulta que
defender su terruño de la invasión es un acto terrorista), lo que llevaría a la
pacificación y estabilización de Irak.
Ya hemos señalado que el incremento militar en Irak constituye una
cobertura para prevenir un previsible levantamiento chiíta árabe en Irak como
consecuencia del bombardeo de las plantas atómicas de los chiítas persas de
Irán, el verdadero objetivo estratégico del nuevo plan bushiano.
Lo que más preocupa a los teóricos del AEI son las elecciones
presidenciales en los próximos dos años, por lo que necesitan un golpe
espectacular que han esquematizado mediante la santa alianza de Estados
Unidos, Israel y la OTAN con los sunitas "moderados" árabes del Consejo de
Cooperación del Golfo (CCG), Jordania y Egipto, para derrotar a la teocracia
chiíta de Irán. Mata de risa que el país más bélico del planeta defina quién sea
"moderado" y quién sea "terrorista".
El CCG está
conformada por las seis petromonarquías de Arabia
Saudita, Kuwait, Qatar, Bahrain, Emiratos Arabes Unidos y Omán, relativamente
débiles en el rubro militar con 36 millones de habitantes y un PIB de 536 mil
223 millones de dólares, mientras Irán, una mediana potencia militar en ascenso,
cuenta con más de 70 millones de habitantes y un PIB de 570 mil millones de
dólares.
No se nota mucha cohesión en el CCG en relación con Estados Unidos:
en Bahrain, su mayoría chiíta acaba de ganar las elecciones; los Emiratos Arabes
Unidos se despojan de sus reservas en dólares por otras divisas más promisorias;
Qatar apadrinó en la Liga Arabe y en la ONU la exigencia del retiro de Somalia
del ejército invasor de Etiopía azuzado por la banca israelí-anglosajona; y en
Arabia Saudita, la casa real wahabita se encuentra dividida entre
proestadounidenses y nacionalistas.
A los proestadounidenses los encabeza el ex embajador en Estados
Unidos Bandar bin Sultan, íntimo del nepotismo dinástico de los Bush, mientras
los nacionalistas están representados por los hijos del asesinado rey Faisal bin
Abdelaziz Al Saud: Turki, quien dimitió en forma precipitada a su cargo de
embajador en Estados Unidos, y su hermano Faisal, el canciller enfermo.
Por cierto, el rey Faisal fue asesinado por un sobrino curiosamente
recién desempacado de Estados Unidos, lo que los analistas avezados atribuyen a
su osadía de haber decretado el embargo árabe del petróleo en 1973.
Según fuentes en Washington, el bushiano Bandar bin Sultan desea
conformar un bloque sunita contra los chiítas de Irán y sellar una "alianza
estratégica" entre Arabia Saudita y Estados Unidos.
El 27 de noviembre Cheney visitó al rey Abdalá de Arabia Saudita
para convencerlo de su esquema anti iraní y así incitar a una guerra civil
religiosa entre sunitas y chiítas, en la que, a nuestro juicio, perderían ambos,
para beneficiar en última instancia al unilateralismo israelí-anglosajón.
En medio de la intensa guerra sicológica de los multimedia
israelí-anglosajones contra Irán, de las filtraciones del inminente bombardeo
preventivo de sus plantas nucleares por Israel, y del brutal desplome del precio
del petróleo manipulado obscenamente por Goldman Sachs (Michael Norman, The
New York Post, 8/enero/2007), el mayor banco de inversiones del mundo, para
afectar los ingresos tan dependientes de la teocracia chiíta persa, llamó la
atención que Arnaud de Borchgrave, editor de la UPI (2/enero/2007), haya
advertido que la extrema derecha radical jefaturada por Bibi Netanyahu,
el hiperbélico ex primer ministro y ahora líder del partido racista Likud, se
encuentra detrás del esquema de Cheney: "Los neoconservadores, quienes trabajan
estrechamente en lo que podría ser la siguiente fase de una naciente guerra
regional en Medio Oriente, dicen (sic) que Bush tiene la autoridad (¡súper-sic!)
para eliminar la amenaza nuclear iraní que tiene como único propósito erradicar
a Israel. Una bomba nuclear del tipo de Hiroshima e Israel cesaría de existir".
La poderosa propaganda de los extremistas israelíes abulta la
retórica surrealista del presidente Ahmadinejad, pero las crudas afirmaciones de
Arnaud de Borchgrave perturbaron nada menos que al retirado general Wesley
Clark, anterior comandante de la OTAN y candidato presidencial, según el portal
de Arianna Hunffington (5/enero/2007), quien lo entrevistó. Clark estaba furioso
sobre el bombardeo preventivo contra Irán: "¿Cómo se puede hablar de
bombardear a un país cuando ni siquiera se habla con ellos?" El general Wesley
Clark juzga correctas las apreciaciones de Arnaud de Borchgrave sobre un
inminente bombardeo contra Irán: "basta leer la prensa israelí. La comunidad
judía se encuentra dividida pero existe mucha presión canalizada por la gente
(sic) del dinero (¡super-sic!) de Nueva York para los buscadores de puestos
públicos". ¿Cómo? ¿La "gente del dinero de Nueva York" compra la presidencia,
los legisladores y los jueces? No lo dice cualquier mortal.
Wesley Clark no suelta a su presa y en un editorial afirma que el
incremento militar "se le revertirá a Bush" (The Independent,
7/enero/2007).
Zbigniew Brzezinski, ex asesor de Seguridad Nacional de James Carter,
en su entrevista con The Financial Times (4/diciembre/2006) advirtió
que "sería un desastre para Estados Unidos e Israel involucrarse en un conflicto
militar con Irán. Cualquiera que sea familiar con la dinámica geopolítica de la
región del golfo Pérsico sabe que tal guerra producirá una devastación económica
y consecuencias políticas para la economía global y el sistema internacional.
También aislaría a Estados Unidos y crearía circunstancias en las que la
preminencia global de Estados Unidos se convertiría rápidamente en una cosa del
pasado. Y a su vez tendría consecuencias mortales para el mismo Israel".
¿La "gente del dinero de Nueva York" (léase, la banca
israelí-anglosajona) ha relegado a los lúcidos estrategas de Estados Unidos?
Algo similar sucedió con la Primera Guerra Mundial azuzada por JP Morgan y los
Rothschild.
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(*) "Bajo la Lupa" -Columna del autor en La Jornada, México