El Líder de la Revolución, Ali Jamenei, declaró en su última intervención que
"no hay peligro de agresión. Si
nos hubieran podido atacar, lo habrían hecho hace años, no hubieran esperado
hasta hoy". Dos días más tarde se iniciaron unas maniobras militares en
dieciséis provincias del país, las cuartas maniobras desde que Ahmadineyad llegó
a la presidencia.
Bajo el grito de "¡Abril, el mes del
Paraíso!" marcharon los paramilitares de Sepah por las calles de Teherán el
pasado 22 de Bahman (11 de febrero, aniversario del Día de la Victoria de la
Revolución Islámica) y el lema sigue aún repitiéndose entre sus bases. Este
grupo creado por Jomeini, fue el "muro de carne humana" de Irán en la Guerra
Santa con Irak (1980-1988).
Sus ejércitos de mártires frenaron la
ofensiva de Sadam Husein, que no pudo con la indiferencia hacia la muerte de los
miles de hombres y niños que acudieron a la batalla con la llave del paraíso
colgada al cuello. Dieciocho años después, los efectivos de Sepah vuelven a
estar en Irak, pero esta vez el enemigo es diferente.
Injerencia en Irak
Los medios oficiales informan de
manera parcial sobre las amenazas de Estados Unidos a las que califican de
"propaganda imperialista". Sólo el discurso del régimen tiene cabida en radios,
televisiones y periódicos, en los que se descarta la teoría de la intervención
armada, pero se puede leer día tras otro "estamos preparados" o "responderemos
con contundencia".
El hermetismo sobre el papel
desempeñado por las fuerzas iraníes en el conflicto iraquí es total, pero los
sectores críticos al régimen acusan abiertamente al presidente de estar jugando
con fuego y temen que la consecuencia de los apoyos a las facciones chiíes
resulten demasiado caras en el futuro próximo.
Bush buscaba un motivo para imponer
su ley en Irán y lo ha encontrado. La carrera nuclear ha pasado a segundo plano
y es la intervención del régimen de Teherán en Irak la que sirve de excusa
perfecta a Washington para lanzar un posible ataque. Las detenciones aún sin
aclarar de diplomáticos iraníes en ciudades como Arbil, Nayaf o Bagdad y sus
posteriores interrogatorios han originado una oleada de ataques a centros donde
se ha descubierto que operaban paramilitares enviados por Teherán,
pertenecientes al Jaish Al Mahdi (facción de Sepah Pasdaran, cuya traducción es
Ejército del Mahdi).
En estas bases, los marines se
habrían incautado de armas del mismo tipo que Austria vendió a Irán en 2004 para
luchar contra el narcotráfico. Material sofisticado que permite disparos de gran
precisión a larga distancias.
Desaparición de Al Sadr
El líder chií moderado iraquí,
ayatolá Abdul Hakim, viajó recientemente a Teherán para pedir a las autoridades
que retirasen sus efectivos antes de que Estados Unidos acabe con todo ellos y
tenga el motivo buscado para atacar Irán.
La última ficha que le faltaba a Bush
para apuntar a Irán como el principal instigador de las milicias que cada día
acaban con la vida de sus soldados, era el posible refugio que Teherán habría
dado al líder chií, Moqtada Al Sadr, que ya pasó largas temporadas estudiando en
la ciudad santa de Qom durante el régimen del Baaz. Si esto se confirma, el
círculo puede cerrarse y los miembros de Sepah, dieciocho años después, tendrán
la opción de volver a ganarse el paraíso.