El padre José Palmar tiene la impresión de arar en el desierto. Admirador
incondicional del presidente venezolano, el teniente coronel Hugo Chávez, no
comprende porque no se cumplen los pedidos de sus oraciones. De lo alto de su
púlpito, por radio o en las columnas de un pequeño diario, Reporte, denuncia sin
cesar un pecado capital: la corrupción. Cansado de pedir audiencia sin éxito, el
Padre Palmar pierde paciencia: “Presidente Chávez, lo reto a que diga ante el
conjunto de cadenas de televisión que las denuncias presentadas desde hace un
año en la prensa y entregadas al ministerio público son una mentira”, escribe. Y
de regañar al Sr. Chávez: “Usted está rodeado de ladrones, -le increpa- ¿Oye
usted? ¡De ladrones!"
Por Paulo A. Paranagua (*) /
Le Monde / Soberanía
Este cura católico y chavista ha recibido mal los nombramientos para la cúpula
de la empresa pública Petróleos de Venezuela (PDVSA), mientras no cesa de
apuntar con el dedo a la corrupción que reina en la industria petrolera. A fines
de mayo, un primo del jefe de Estado, Asdrúbal Chávez, fue promovido a
vicepresidente de PDVSA. Desde que su primo Hugo preside los destinos de
Venezuela, Asdrúbal Chávez se ocupa, en PDVSA, de la comercialización y de la
dotación, así como de la filial PDV Marina, la flota petrolera.
La comercialización, la exportación y el transporte del petróleo dan lugar a
negocios jugosos, gracias a los intermediarios y a las manipulaciones
financieras favorecidas por un dólar cambiado en el mercado negro al doble de su
cotización oficial. Fue allí donde hizo fortuna Wilmer Ruperti, capitán de la
marina mercante hace apenas veinte años a penas, convertido en el principal
transportista naviero de Venezuela.
Boli-Burguesía
A fines de 2002, logró romper [Ruperti] la huelga de PDV marina y de PDVSA con
sus cargas, lo que le valió una medalla y el reconocimiento del presidente
Chávez, que desde entonces no ha dejado de alentar sus proyectos. Para demostrar
su apego a la “revolución bolivariana” lanzada por el Sr. Chávez, Wilmer Ruperti
pagó 1,6 millones de dólares por un par de pistolas que pertenecieron a Simón
Bolívar, en una subasta de Christie’s, para que esas armas regresaran a
Venezuela.
Figura emblemática de la nueva burguesía emergente, la “boli-burguesía”, el Sr.
Ruperti no es el único en haberse enriquecido gracias a la renta petrolera.
Desde que el Sr. Chávez está en el poder (1999), el precio del barril de
petróleo se ha quintuplicado. Fuera de la industria petrolera, ningún sector no
recibe tantos beneficios como los bancos, La Bolsa de Caracas bate records y los
bancos experimentan un crecimiento del 43%, mientras el techo del sector
industrial está por debajo del 10%, según el ministerio de finanzas.
“El control de cambios y la venta de divisas a discreción, mientras el dólar
vale el doble en el mercado negro, añadidos a una inflación del 20% y a una
administración pública caótica, suscitan un esquema de corrupción que permite
realizar beneficios a corto plazo al alcance de los banqueros, los comerciantes,
los altos funcionarios y los militares colocados en puestos claves”, subraya
Orlando Ochoa, economista de la Universidad Católica.
Entre los hombres de negocio de la “City” venezolana, los escándalos de los años
1990 que afectaron al banco Progreso y al banco Latino parecen olvidados. En
2002, el hundimiento del Banco Industrial de Venezuela y las irregularidades del
Banco del Pueblo Soberano no le hicieron mella a la euforia provocada por el
alza del petróleo y por las generosidades del Estado.
Es así como los bonos de la deuda argentina, comprados por el gobierno de Chávez
a nombre de la solidaridad “bolivariana”, fueron de inmediato puestos en mano de
los bancos privados que percibieron ganancias máximas en el mercado
internacional en un tiempo record.
Banqueros tradicionales, como Víctor Vargas Irausquin (Banco Occidental de
Descuento) y Víctor Augusto Gill Ramírez (Banco Fondocomún), hallaron
rápidamente su cuenta y sus ingresos en lugar elevado, al lado de recién
llegados como Danilo Díaz Granados y el teniente Arne Chacón, hermano de Jesse
Chacón, muy cercano al Sr. Chávez desde que conspiraban juntos en el ejército,
ex ministro de relaciones interiores y ahora de telecomunicaciones. El teniente
Chacón compró a crédito la mitad del Banco Baninvest, con su sueldo de oficial
por todo peculio. Decididamente novicio, confesó a los medios que tenía la
intención de pagar su “deuda”… ¡gracias al tráfico de influencia!
Lo hombres de negocio “emergentes” no siempre se las llevan bien, en el Country
Club y en las recepciones encopetadas de Caracas, con la burguesía tradicional
que el Sr. Chávez invariablemente llama “oligarquía”. En el sector de la
alimentación, el programa social Mercal —un circuito de mercados que venden
productos a bajo precio— ha desestabilizado a los negocios del grupo Polar, el
principal grupo privado del país, en provecho de dos jóvenes lobos afectos al
chavismo, Ricardo Fernández Barruecos y Sarkis Arslanan Beyloune. Los
proveedores de Mercal no pagan ni arancel de aduana ni impuestos y no dudan en
importar en detrimento de la producción venezolana. El hermano mayor del jefe de
Estado, Adán Chávez, se ocupó de la importación de alimentos, en los tiempos en
que era embajador en La Habana, antes de ser promovido a secretario de la
presidencia y luego a ministro de educación.
"Acumulación primitiva"
La acusación de nepotismo no parece molestar al jefe de Estado, cuya familia
ocupa sólidas posiciones en su estado natal de Barinas. El gobernador es su
padre, Hugo de los Reyes Chávez, ex maestro de escuela convertido en propietario
de tierras. El secretario de Estado de Barinas es un hermano de Hugo, Argenis
Chávez. Argenis Chávez el hombre fuerte de la región.
La fraternidad parece haber oído el llamado del Estado, ya que Aníbal Chávez es
alcalde de Sabaneta de Barinas y que Narciso Chávez busca la alcaldía de
Bolívar. El ex presidente de la comisión de contraloría de la Asamblea nacional,
el social-demócrata Conrado Pérez Briceño encabeza las denuncias por
malversaciones.
“La acumulación primitiva de la nueva burguesía halla su origen en la corrupción
administrativa”, acusa Teodoro Petkoff, director del diario de oposición Tal
Cual. De allí la importancia para el gobierno de Chávez de la abogada Esther
Bigott de Loaiza, una penalista que ha hecho una reconversión fulgurante al
derecho mercantil. Ella vela por los intereses de los ministros y los altos
funcionarios, quienes no dudan en acusar a la prensa por difamación a pesar de
que el enriquecimiento de unos y otros es fácilmente visible. Los inmuebles y
los automóviles de lujo están en auge.
Nadie parece estar dispuesto a oír el llamado del Jefe de Estado, del 10 de
junio, cuando en un discurso similar al de los evangelistas citó a sus
partidarios a deshacerse de los “superfluo”, a nombre del socialismo. Dan qué
desesperar al padre Palmar, quien sobre ellos escribe que “desgraciadamente,
este proceso está tan infectado de corrupción que pierde su carácter de
revolución y mancha los ideales bolivarianos”.
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[*] Versión en español tomada del
Periódico El Libertario / Traducción de C. A. Figueredo / Versión original en
francés