Claro está que por ese precio la versión es una copia falsificada. Pero, según
me dice Pedro Torres, un vendedor callejero de un populoso barrio de Bogotá,
"eso es lo que menos le importa a la gente".
Mientras Pedro hace una venta, aprovecho para preguntarle a Camilo, de 25 años,
quien observa con desconfianza ambas caras de un CD, si no se enfrenta al dilema
ético de comprar o no comprar una copia falsificada del software.
"Si no lo compro aquí, no lo puedo comprar", expresa sin remordimientos Camilo,
y agrega que "la piratería es consecuencia de los problemas económicos del país
y no de la gente".
"Si tuviera el poder adquisitivo para comprar el original no me molestaría en
venir hasta aquí para comprar una copia que no sé si va a funcionar o qué
problemas me va a traer", asegura.
A lo largo y ancho del planeta
La historia se repite por igual en casi todos los rincones del planeta, donde
millones de carteras, zapatos, prendas de vestir, el último CD que salió al
mercado, la película de estreno, medicinas y un sinfín de productos falsificados
se venden como pan caliente en el mercado negro y a un precio muy por debajo del
original.
Sin importar qué producto sea, cuántas horas de trabajo le haya tomado al que lo
inventó y fabricó, y haciendo caso omiso a las leyes de "copyright" y patentes,
el negocio de la piratería y la falsificación mueve millones al año en los
mercados mundiales.
Según datos divulgados en el Tercer Congreso Mundial sobre la Lucha contra la
Falsificación y la Piratería, celebrado recientemente en Ginebra, Suiza, este
mercado representa 8% del comercio mundial y significa un costo de unos US$100.000
millones de dólares al año para el comercio legal.
Los cigarrillos, los CDs, los DVDs, los textiles, juguetes y alimentos son, en
ese orden, los productos más falsificados del mundo, según datos del Congreso
estadounidense.
De acuerdo a cálculos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 25% de
las medicinas que se consumen en los países en desarrollo son falsificadas.
¿Original o falso?
El combate de la falsificación y la piratería se ha convertido en una tarea
ardua debido a que cada día se hace más difícil distinguir el producto
falsificado del original.
Eso se debe fundamentalmente a los avances de la globalización y la tecnología,
que han facilitado la tarea a los falsificadores.
De los millones de contendedores que hay en movimiento en el mundo, apenas 3%
pueden ser controlados, asegura la Organización Mundial de Aduanas (OMA), debido
al fuerte volumen del comercio y la falta de recursos.
Durante el congreso en Ginebra, países como China y Rusia estuvieron entre las
naciones más señaladas por producir millones de productos falsificados al año.
Según datos de la Unión Europea, más de 80% de los productos confiscados en sus
aduanas provienen de China.
El país asiático es, según acusa Suiza, el productor número uno de piezas falsas
de relojería.
La Cámara de Comercio de Estados Unidos dice que China es responsable de más de
65% de las pérdidas de las firmas estadounidenses debido a derechos
intelectuales robados.
Las dos caras de la moneda
La Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD por su
siglas en inglés) calcula que la piratería y la falsificación destruyen más de
200.000 puestos de trabajo en Europa y Estados Unidos.
Pero como todas las cosas, el fenómeno tiene dos caras. En China, este comercio
genera 40 millones de puestos de trabajo y representa entre 15% y 30% de la
producción total del país.
Esto hace mucho más difícil la tarea de combatir este fenómeno que se ha
transformado en un "crimen organizado", por lo que las naciones que participaron
del Tercer Congreso Mundial sobre la Lucha contra la Falsificación y la
Piratería recomiendan que se le dé el mismo apoyo que se le da al combate del
terrorismo y la droga.
¿Tarea de todos?
La OMA propone crear un grupo de trabajo formado por especialistas y agentes de
aduanas capaces de identificar la falsificación de productos a nivel mundial.
La propuesta incluye además la creación de una figura jurídica, por la cual el
sector privado pueda solicitar la intervención de un organismo o ente regulador
al detectar que han falsificado sus productos o ideas.
Pero lo más importante, dice la OMA, es crear conciencia social a nivel mundial.
Es por eso que, la próxima vez, antes de comprar una película "pirateada" o
cualquier otro producto falsificado, mejor píenselo dos veces.