Ahí
estaban de las Madres de La Candelaria Línea Fundadora, que cada miércoles
se reúnen en el parque principal de Medellín a reclamar la aparición con
vida de sus seres queridos. “¡Los queremos vivos, libres y en paz!” gritaron
ese viernes en la cárcel de Itagüí, como gritan cada miércoles en el parque.
Con la angustia de Marina, crecía el debate en Colombia por la trasmisión
televisada de las confesiones de los paras. Los 31.671 guerreros de las
autodefensas están desmovilizados y se acogieron a la Ley de Justicia y Paz
gracias a la cual, de confesar sus crímenes, tendrán penas de cárcel leves.
Pero los ex jefes de las autodefensas rechazaron la decisión de publicar
sus declaraciones y pidieron que, de ser transmitidas se hicieran en
diferido, no en directo.
La Fiscalía aprobó el aplazamiento de la
transmisión del testimonio de Salvatore Mancuso, el primero en llegar a
juicio, que estaba prevista para el 25 de enero.
El presidente de la
República, Alvaro Uribe Vélez, dijo a los medios que si los desmovilizados
salen por la tele estarían obligados, más que antes, a contar la verdad.
La Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación anunció
que es un hecho la transmisión, pero las reglas del juego siguen en
discusión: ediciones, cortes, horarios.
Y todavía no se anuncia cuándo será
la próxima declaración, en la que Mancuso continuará dando su versión libre
sobre los crímenes cometidos por él y sus hombres ahora desmovilizados.
El país espera que, además de
contar dónde están los desaparecidos, los paras expliquen cómo fue que
infiltraron la política colombiana desde el Congreso de la República hasta
las alcaldías y concejos municipales, cuál es su relación con el Ejército
Nacional y cómo se planearon las más grandes masacres de civiles en el país.
Además, se espera conocer cuáles
son sus riquezas, dónde están sus bienes y cómo es el negocio de la coca.
Los paras no respondieron ninguna pregunta ese día en la cárcel. Cuando
Marina le mostró la foto de su hijo, Ramón Izasa dijo que sabía quién era y
le pidió a la madre que regresara la semana siguiente, también viernes, para
contarle qué había pasado con él.
“En el minuto que ese señor me dijo eso
sentí un poco de alegría, pero también empecé a estar triste de pensar que a
mi hijo le pasó lo peor”, le contó Marina a Página/12, en medio de un llanto
seco, un sol de verano, y envuelta en ropas coloridas.
Era ya un miércoles de encuentro
para las madres, en el atrio de la parroquia La Candelaria, pleno centro de
Medellín. Esperaban por el director de la Unidad de Justicia y Paz de la
Fiscalía, Luis González, que recibía, por primera vez en la historia del
país, una denuncia colectiva de 102 casos de colombianos desaparecidos por
grupos de autodefensa.
González, micrófono en mano, dijo
que las víctimas de grupos al margen de la ley tienen el derecho de informar
a la Fiscalía que lo son, sin costo alguno, y con el fin de empezar a
esclarecer la verdad.
Las señoras se entusiasmaron.
“Esta entrega colectiva busca, además, tener un impacto político como
símbolo en la búsqueda de los desaparecidos”, le dijo a Página/12 el abogado
de la Corporación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, Edwin Uribe.
La esperanza de las víctimas es grande, pero muchos juegan con ella.
Cuando llegó el esperado día Marina volvió a la cárcel pero el ex comandante
para no le dijo nada. Nada. “Ese señor Isaza lo que hizo fue engañarme”,
dijo Marina. Ojalá, agregó, que no pase lo mismo en los juicios por
televisión.