(IAR-Noticias)
08-Febrero-07
Últimamente, las guerras de
Vietnam y de Irak son sometidas a comparación. Lo hacen aliados y adversarios de
Estados Unidos, congresistas norteamericanos y líderes terroristas, políticos y
personas de a pie, periodistas y generales.
Por Eugenio Satanovsky,
presidente del Instituto de Oriente Próximo, para RIA Novosti
Y todos yerran. Irak no puede compararse con Vietnam. La situación en este país mesoriental es mucho más grave. De modo que la mayor parte de cotejos basados en
los recuerdos de la guerra de Vietnam no son aplicables a la actual situación en
Irak.
La diferencia no estriba en que en Vietnam los norteamericanos combatían en la
jungla, mientras en Irak, en desierto y en barrios residenciales. Ni tampoco en
el nivel de los armamentos y tecnologías ni en los cambios operados en las
décadas transcurridas en los propios Estados Unidos.
Lo fundamental consiste en que Vietnam estaban enfrentadas no tanto las partes
Norte y Sur de este país como las superpotencias: la URSS y EE.UU. La guerra
reflejaba la rivalidad entre modelos sociopolíticos que, no obstante,
originariamente pertenecían a una misma civilización. El comercio y los
contactos políticos entre Washington y Moscú permitían suavizar la
confrontación, impidiendo que ésta rebasara determinados marcos. La guerra de
Vietnam formaba parte de un Gran Juego. Las reglas de este juego eran
censurables y las consecuencias, desastrosas. Pero las reglas se respetaban.
La guerra de Vietnam, a diferencia de la de Irak, no tenía connotaciones
religiosas ni étnicas. A diferencia de Irak, un hombre no mataba a su vecino por
rezar éste de una manera algo distinta o pertenecer a otro grupo étnico. La
guerra de Vietnam no era un conflicto de civilizaciones. En Irak, una parte
considerable de los que combaten contra las tropas norteamericanas y británicas,
están fanáticamente convencidos de estar protegiendo el mundo islámico contra
los cruzados. La cortesía política es conveniente en los parlamentos europeos,
pero no en Bagdad, Ebril o Basra.
A Estados Unidos le resultó bastante fácil retirarse de Vietnam. Vietnam del Sur
sufrió derrota y Vietnam del Norte se impuso, pero aquella era una victoria
obtenida por un Estado y no por multitud anárquica alimentada por el fanatismo
religioso. Los vencedores de la guerra de Vietnam no tenían el propósito de
continuar combatiendo en Europa y EE.UU. Aquellos que puedan triunfar en Irak,
sí que aspiran a continuar la contiendo y hasta han demostrado con acciones
concretas que sus amenazas no son palabras vanas. Por supuesto, se puede retirar
de Irak a las tropas y asesores militares. Para el Congreso, el Senado y la
Administración esto significaría la terminación de la guerra, pero no
significará nada para quienes combaten allí contra Occidente en persona de
Estados Unidos.
La actual guerra de Irak es una guerra de todos contra todos. La guerra de los
insurgentes contra los ocupantes, desde el punto de vista de los iraquíes. La
guerra de EE.UU. y sus aliados contra los terroristas, desde el punto de vista
de Occidente. La guerra entre los árabes y los kurdos. La guerra entre los
kurdos y aquellos que apoyan a Turquía. La guerra entre los sunitas y chiítas.
Irak es el principal frente de esta guerra que tiene por escenario todo el mundo
islámico, desde el Líbano hasta Pakistán. La guerra de Irak son las luchas
intestinas en el seno de las comunidades sunitas y los enfrentamientos entre los
líderes chiítas. Es una guerra entre los militantes del partido BAAS y la gente
de Al Qaeda. En esta guerra están enzarzados los jeques chiítas y las fuerzas
que tienen por norte a Irán; los enemigos del Gobierno títere y sus poco
numerosos partidarios. Todos estos grupos combaten juntos contra los cristianos
cuyas comunidades viven los últimos años en la tierra que fue su patria a lo
largo de casi dos milenios últimos. Clanes contra clanes, familias contra
familias, tribus contra tribus, habitantes locales contra forasteros,
indistintamente de quiénes son y de qué se ocupan, tales son los rasgos
distintivos de la guerra de Irak.
Mientras en Vietnam la guerra se libraba por establecer control sobre todo el
país, Irak hace ya tiempo perdió la condición de país y se convirtió en
territorio. Ninguna de las partes involucradas en el conflicto, incluyendo la
coalición multinacional y el Gobierno iraquí, no controla, no puede controlar y
ni siquiera pretende en serio controlar lo que antes se llamaba Irak. Ya no es
un país sino que una zona gris que por su extensión equivale a un país.
El 11 de octubre de 2006, el parlamento iraquí aprobó la ley del sistema
federativo en Irak, legalizando de este modo la creación de regiones autónomas.
En opinión de expertos, en un futuro no tan lejano ello podría conducir a la
desintegración de Irak. Entre los chiítas destaca por su radicalismo el imán as-Sadr
quien aboga por crear en Irak un Estado islámico a semejanza del modelo iraní.
En 2006, el Consejo Consultivo de Mojaheddines (organización extremista) anunció
la fundación del Estado islámico independiente en las zonas sunitas. También
secundan la idea del Estado federativo los kurdos y los líderes chiítas que
controlan las principales áreas petrolíferas.
¿Estará consciente de todos estos factores el presidente George Bush al
adelantar su nueva "estrategia"? Pueda que sí. En todo caso, el mandatario
norteamericano está dispuesto a asumir la plena responsabilidad por lo que
sucede en Irak, una misión nada fácil para cualquier político. ¿Podría dejarse
llevar por lo que sugieren sus críticos? Esto queda descartado. Y no porque lo
elimine como presidente (Bush ya mereció el calificativo del peor presidente
norteamericano del siglo XX). Simplemente esto carece de todo sentido. Una cosa
es suavizar el efecto de la derrota militar, minimizar las pérdidas sufridas por
EE.UU., subsanar los daños causados por sus acciones al Partido Republicano.
Pero es algo completamente distinto adoptar una resolución que permita lanzar
ataques contra EE.UU. a semejanza del S-11. Ningún presidente de EE.UU. lo
aceptará. Y menos aun, Bush quien no sólo cometió error al desatar la guerra
sino que organizó mal su conducción.
En 2006, el efectivo orgánico de las tropas norteamericanas estacionadas en Irak
osciló entre 123 y 150 mil. Hacia el 1º de enero de 2007, en Irak estaban
acantonados unos 140 mil efectivos estadounidenses. El número de efectivos de
los países aliados se redujo el año pasado de 21.000 hasta 16.500. El recién
llegado contingente norteamericano (21.500 efectivos) no hace sino compensar el
reflujo del año pasado y permite incrementar un poco las fuerzas en las áreas en
que EE.UU. sufren mayores pérdidas. Se trata en primer lugar de Bagdad y de la
provincia Anbar (al Oeste de Irak), donde 30 mil soldados norteamericanos no
pueden contener el empuje de los insurgentes locales y combatientes de Al Qaeda.
La "estrategia" de George Bush tiene poco que ver con estrategia de verdad. Pero
podría tener cierto sentido maniobra táctica. Los norteamericanos tendrán que
cambiar de posición y retirar sus tropas, emplazándolas en las bases situadas en
Kurdistán (Irak), Jordania y monarquías del Golfo Pérsico. Controlando las
tuberías y terminales petroleras, yacimientos petrolíferos y zonas diplomáticas
en Bagdad, el parlamento y el Gobierno, podrían retirarse físicamente, pero
seguir influyendo sobre el desarrollo de la situación. Un exitoso cambio de
posición en medio de hostilidades puede efectuarse sólo después de asestar
golpes preventivos contra el enemigo. Para ello es menester incrementar el
número de efectivos, formando reservas que den cobertura a las unidades en
movimiento. Son reglas elementales del arte militar.
¿Qué otra salida tiene el presidente de EE.UU.? La guerra civil en Irak ha
adquirido carácter irreversible. La democracia, en aras de establecer la cual
(si olvidamos la inexistente arma nuclear en manos de Sadam Husein) fue iniciada
la guerra, no trajo paz ni seguridad a los habitantes de Irak. De todas formas,
bajo la tiranía de Sadam llevaban una vida mejor. Hoy, la electricidad en Irak
se suministra 12 horas al día; en Bagdad, tan sólo 6 ó 7 horas. En algunas
regiones el paro afecta hasta el 70% de la población. Los iraquíes huyen a otros
países. En Siria se encuentran actualmente de 500.000 a 1.000.000 de emigrados
iraquíes; en Jordania, de 500.000 a 700.000; en Egipto, hasta 100.000. Según
datos de las autoridades iraquíes, en 2006, el reflujo mensual de ciudadanos fue
de 100.000. En lo que va de 2003, en total emigraron de Irak más de 2 millones
de personas, de las que más de 18.000 son médicos, científicos, ingenieros y
profesores. Dentro del país, temiendo represiones, más de 500.000 personas
abandonaron las áreas de su residencia permanente para instalarse en zonas de
mayoría poblacional de sus respectivas comunidades religiosas.
Hacia comienzos de 2007, las autoridades iraquíes controlaban 3 de las 18
provincias. En 2006, el efectivo orgánico del Ejército iraquí creció hasta
119.000; el de la policía lo hizo hasta 199.000. Pero la mayor parte de las
unidades iraquíes no son capaces de luchar contra los insurgentes y terroristas
sin el apoyo de los militares norteamericanos. Mención aparte merecen los
destacamentos kurdos (hasta 100.000 efectivos) que se subordinan únicamente a
los líderes kurdos.
En Bagdad, los combatientes del Ejército Mahdi (hasta 20.000 efectivos) que se
subordina sólo al líder de los integristas chiítas as-Sadr, están desplazando a
los sunitas. Tan sólo en 2006, diez distritos de Bagdad con población mezclada
pasaron a ser totalmente chiítas. Los chiítas ocupan posiciones dominantes
también en la administración pública de Bagdad. Se les enfrentan destacamentos
sunitas, tales como El Ejército Islámico de Irak, el Nuevo Partido BAAS,
Brigadas Revolucionarias del año 1920, El Ejército de Mahoma y unos 1.300
combatientes procedentes de otros países.
Al propio tiempo, las autoridades de Arabia Saudita y Egipto exhortaron a EE.UU.
a no darse prisa con la retirada de sus tropas de Irak. El primer ministro de
Turquía, Recep Tayyip Erdogan, opina que es preciso trazar un cronograma de
retirada, pero "el número de efectivos debe ir reduciéndose lentamente", con
tanta más razón que debido a las acciones de los extremistas kurdos se mantiene
tirantez en la frontera entre Turquía y Kurdistán (Irak). Tampoco reina
tranquilidad en la frontera con Irán, aunque las autoridades de Teherán
establecieron relaciones tanto con el Gobierno de Bagdad (de mayoría chiíta)
como con los integristas chiítas, ayudándoles en la instrucción de combate y
suministrando armamento. En 2006, Siria restableció las relaciones diplomáticas
con Irak, rotas hace más de 20 años, pero cerró la frontera con este país al
emplazar en la zona fronteriza 7.500 militares suyos.
Las evidencias vienen a apuntar que en Irak se cometieron todos los errores
posibles. Los errores sucesivos la actual Administración USA o el presidente en
ejercicio pueden cometerlos sólo en relación con Irán o Siria, pero estos
errores no provocarán catástrofe regional por la sencilla razón de que esta
catástrofe ya está en marcha. Las nuevas guerras o una actuación torpe de los
diplomáticos tan sólo pueden acelerar o retardar su desarrollo. El tiempo es el
único factor que puede remediar errores históricos de tamañas proporciones. La
experiencia de los viejos imperios coloniales es hoy de mucha actualidad. Y esta
experiencia insta a no correr prisa; a no retirar presurosamente las tropas
deteriorando su propio prestigio; a ponerse de acuerdo con aquellos con los que
se puede acordar algo y adoptar medidas rígidas allí donde no hay con quien
negociar; a deshacerse de los estereotipos de la segunda mitad del siglo XX. Y,
en primer término, dejar de creer que la "comunidad internacional" es una
realidad capaz de adoptar algunas medidas eficaces. Asumir a nivel de conciencia
que no es otra cosa que un grupúsculo de funcionarios, políticos, periodistas y
burócratas internacionales que presumen ser una especie de "gobierno mundial"
sin tener los mínimos motivos para ello. Es preciso monitorear cautelosamente la
situación. Sustentar la estabilidad de cualesquiera regímenes regionales, sean
democráticos o no. Montar una cuarentena eficaz por todo el perímetro de Irak.
Ir entablando contactos con las fuerzas capaces de tomar el poder en Irak o en
los enclaves en que se desintegre.
Las medidas enumeradas tienen un sabor amargo. La realidad es injusta, fea y
penosa. Y muy distante del infantilismo político de aquellos que no se cansan de
lanzar profecías mesiánicas. Pero no hay otra realidad.
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