(IAR-Noticias) 10-Junio-07
La cumbre del Grupo
de los Ocho (G-8) países más poderosos, concluida este viernes, quedará en la
historia como una de las que generó más expectativas y requirió las más grandes
medidas de seguridad, pero tuvo los más pobres resultados.
Por Julio Godoy
- IPS
E l encuentro en esta ciudad alemana sobre el mar Báltico
terminó con dos promesas vagas y no vinculantes: destinar más ayuda para el
desarrollo de África y negociar un nuevo régimen para reducir los gases
invernadero, causantes del recalentamiento planetario, cuando venza el Protocolo
de Kyoto en 2012.
El fracaso del G-8 en Heiligendamm seguramente dejará una marca en la
credibilidad de las futuras cumbres.
Los jefes de Estado y de gobierno de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia,
Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia se despidieron este viernes sin haber
alcanzado un acuerdo sobre las negociaciones comerciales internacionales o sobre
la eliminación de los subsidios agrícolas en el Norte industrializado, temas de
crucial interés para el Sur en desarrollo.
Tampoco se logró un acuerdo, como se esperaba, sobre los fondos de protección,
que distorsionan los mercados financieros internacionales, ni sobre el estatus
político de la provincia serbia de Kosovo.
Los únicos acuerdos que alcanzaron los líderes del G-8 en Heiligendamm, sobre el
cambio climático y la ayuda a África, son vistos por activistas como compromisos
débiles, que tuvieron el único objetivo de ocultar el hecho de que la cumbre fue
un completo fracaso.
Este viernes, los líderes de los países más poderosos acordaron destinar 60.000
millones de dólares "en los próximos años" a la lucha contra el sida (síndrome
de inmunodeficiencia adquirida), la tuberculosis y la malaria, y otros 500.000
millones a un programa de desarrollo en África
En una declaración conjunta sobre el continente africano divulgada este viernes,
los líderes del G-8 prometieron "acelerar sus esfuerzos para contribuir a la
meta del acceso universal a completos programas para la prevención el VIH/Sida,
tratamiento y apoyo para 2010".
El objetivo de la ayuda es "desarrollar y fortalecer los sistemas de salud de
tal manera que la atención médica, en especial la primaria, pueda ser provista
sobre una base sostenible y equitativa para reducir las enfermedades y la
mortalidad, con particular atención a las necesidades de los más vulnerables a
las infecciones, como las adolescentes, las mujeres y los niños", añade el
texto.
El G-8 se comprometió a "continuar los esfuerzos hacia esas metas para proveer
al menos unos 60.000 millones de dólares en los próximos años, e invitar a otros
donantes a contribuir también".
La mitad del dinero será desembolsado por Estados Unidos, y el resto por los
otros siete países. Alemania tiene previsto incrementar sus contribuciones al
fondo en 5.400 millones de dólares para 2015, anunció la ministra de Desarrollo,
Heidemarie Wieczorek-Zeul.
Además de la ayuda a la lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis, el
G-8 confirmó una donación extra de 500 millones de dólares este año como parte
del proyecto "Educación para todos" de desarrollo sostenible para África.
Pero expertos en desarrollo y en asistencia internacional sostienen que estas
nuevas promesas constituyen un paso atrás, comparadas con las hechas en la
última cumbre del G-8, celebrada en la localidad escocesa de Gleneagles, donde
se acordó duplicar la ayuda al desarrollo para 2010.
"Toda la declaración (de ayuda a África) es sólo cosmética", dijo Ulrich Post,
experto en desarrollo de la organización gubernamental Welthungerhilfe, una de
las más importantes de Alemania.
Post lamentó que la declaración del G-8 "sólo menciona la agricultura en el
continente con una sola frase".
"Frente a las más de 200 millones de personas que sufren de desnutrición
crónica, de las que 80 por ciento viven en áreas rurales, esta actitud es
escandalosa", sostuvo.
Según la organización Oxfam, las nuevas promesas del G-8 para África
representan, en el mejor de los casos, "apenas 3.000 millones de dólares extra
en ayuda para 2010".
Otros activistas criticaron la ambigüedad de la declaración, que no establece
plazos para la entrega de los fondos.
El lenguaje de la declaración es "deliberadamente engañoso. Estoy exasperado",
dijo el músico de rock irlandés y activista contra la pobreza Bono.
Por otra parte, la nueva promesa de ayuda a la lucha contra las enfermedades no
cumple con la meta estimada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU),
que calcula una inversión de por lo menos 15.000 millones de dólares anuales
para combatir el sida para 2010.
Los líderes del G-8 en Heiligendamm se comprometieron a volcar apenas 12.000
millones de dólares al año para luchar contra el sida, la tuberculosis y la
malaria.
El acuerdo referido a los gases invernadero también fue visto como nada más que
cosmética.
En su declaración, los líderes expresaron preocupación por los "últimos informes
del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático de la
ONU), los cuales concluyeron que las temperaturas globales están aumentando, que
esto es causado por actividades humanas y que están previstos grandes cambios en
la estructura y en el funcionamiento de los ecosistemas".
Sin embargo, el presidente estadounidense George W. Bush y su par ruso Vladimir
Putin aceptaron solamente "considerar seriamente las decisiones tomadas por la
Unión Europea, Canadá y Japón, que incluyen por lo menos reducir a la mitad las
emisiones globales para 2050".
Este acuerdo abre la puerta a una negociación internacional hacia un nuevo
régimen de reducción de gases invernadero bajo el marco de la ONU y con la
participación de Estados Unidos, destacó Christoph Bals, director de la
organización ambientalista alemana Germanwatch.
Sin embargo, la declaración no es vinculante, y las próximas negociaciones en la
conferencia de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático, prevista
para diciembre en Indonesia, será la primera prueba del compromiso
estadounidense y también del de economías emergentes como China e India.
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