s notorio que la cumbre de la OCS celebrada en Bishkek (capital de
Kirguizistán) ha sido la mejor desde su fundación oficial en Shanghai el 15 de
junio de 2001 (casi tres meses antes al montaje hollywoodense del 11 de
septiembre), como delatan los rostros de alegría de sus principales promotores:
los presidentes de Rusia y China, Vlady Putin y Hu Jintao.
El Grupo de Shanghai de seis miembros (además de las potencias de
Rusia y China), comprende otros cuatro países centroasiáticos: Kazajistán,
Tayikistán, Uzbekistán y Kirguizistán, dotados de importantes recursos de
hidrocarburos.
Cuatro países figuran como observadores -Irán, India, Pakistán y
Mongolia-, mientras otras naciones centroasiáticas anhelan su incorporación,
como Afganistán y la relevante potencia gasera de Turkmenistán, ribereña del mar
Caspio.
La OCS se posiciona como el primer bloque militar-estratégico-geoeconómico
de Eurasia: cuatro potencias nucleares (Rusia, China, India y Pakistán); las dos
principales potencias gaseras del planeta (Rusia e Irán); mayúsculos
consumidores de hidrocarburos (China e India) y relevantes potencias medianas de
hidrocarburos (los países centroasiáticos).
En el planeta no existe otro bloque militar-estratégico-geoeconómico
similar al Grupo de Shanghai que pueda contrarrestar la brutal embestida de la
OTAN en los Balcanes, el Cáucaso, el gran Medio Oriente y Asia Central con el
despliegue de sus guerras múltiples y sus bases militares en la periferia
inmediata de Rusia, China, India e Irán.
El boicot internacional del régimen torturador bushiano y la
propaganda negra desplegada contra la República Islámica de Irán matan de risa
hasta a un deprimido. Resulta que el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad,
mantiene excelentes relaciones con las marionetas que el militarismo
estadunidense ha impuesto en Irak (el gobierno Maliki) y en Afganistán (el
gobierno Karzai). Lo más doloroso para la fracasada política exterior bushiana
es que la estrella de la trascendental cumbre del Grupo de Shanghai en Bishkek
haya resultado el presidente iraní, exorcizado por los mendaces multimedia
israelí-anglosajones.
Ahmadineyad
se reunió públicamente con su homólogo chino, Hu Jintao,
lo cual valió la foto en la página principal del rotativo China Daily
(16/8/07), para no dejar duda del trascendental encuentro. Sería impensable que
el iraní no se haya reunido también con su homólogo ruso, pero lejos de los
reflectores para no indisponer algunas susceptibilidades a los crustáceos de
Kennebunkport.
Moraleja: conviene ser un exorcizado de Baby Bush, el
mandatario más odiado del planeta, según encuestas propias de EU, para gozar de
aceptación mundial, como es el caso del iraní Ahmadineyad, quien mantiene
cordiales relaciones de colaboración con tres grandes potencias mundiales
nucleares y geoeconómicas: Rusia, China e India. ¿Acabó aislado en la cumbre de
Bishkek el exorcista aislador de Irán, el régimen torturador bushiano?
Desde el océano Indico, The Daily News (18/8/07), periódico
de Sri Lanka, lo cual confiere un carácter de serenidad distante a su importante
análisis, detecta con propiedad los alcances geoestratégicos del Grupo de
Shanghai como "primer club energético global" con sus proyectos y trayectos para
construir la "nueva ruta de la seda" que conecte a toda Eurasia (incluida
Europa). El rotativo considera que la emergencia del la OCS representa un "nuevo
desafío al dominio estadunidense del mundo" cuando "en forma significativa el
ruso Vladimir Putin utilizó (sic) la cumbre para poner fin al abordaje unipolar
de los asuntos internacionales" (en clara alusión al unilateralismo bushiano).
Lo cierto es que desde su célebre discurso de Munich (en respuesta a
las bravatas bélicas en el mar Báltico del vicepresidente de EU, Dick Cheney),
pasando por San Petersburgo, hasta Bishkek, el presidente ruso, uncido por Bajo
la Lupa como el zar geoenergético global, ha sido excesivamente consistente.
Tampoco habría que soslayar que por enésima vez, haya vuelto a reiterar la
necesidad de crear nuevos centros financieros multipolares en Eurasia, que
naturalmente van de la mano con sus reservas energéticas.
El periódico de Sri Lanka no oculta su entusiasmo y delata la
percepción regional de actores imparciales: la "creciente atracción de la OCS
fue evidente por el número de países que forman línea en busca de su membresía".
Mientras el presidente iraní denunciaba hábilmente el despliegue
misilístico balístico bushiano en las fronteras rusas como "amenaza para toda
Eurasia", el presidente de Kazajistán, Nursultan Nazarbayaev, proclamaba la
necesidad imperativa de crear un "club energético" con una red de oleoductos
para formar un "mercado asiático de energía", lo cual, a nuestro juicio,
propinaría el último clavo en el féretro de la hegemonía petrolera anglosajona
mundial de dos siglos.
Con profunda visión geoestratégica, Nazarbayaev esbozó el trazado de
un "corredor de transporte trascontinental" entre la OCS y la Unión Europea "que
pudiera ser la manifestación de las tradiciones de la Gran Ruta de la Seda, lo
cual, a nuestro juicio, aislaría todavía más a la dupla anglosajona de EU y Gran
Bretaña que no se quedará con los brazos cruzados para proseguir su política
bélica de balcanización euroasiática.
¿Cuales serán las nuevas Bujara y Samarcanda, las miríficas ciudades
civilizadas de la antigua ruta de la seda?
El rotativo de marras cita a la corresponsal de la BBC de Londres
Natalia Antelava, quien comentó que la nueva alianza se había convertido en un
"club regional prestigioso (sic) con ambiciones globales" cuyo principal mensaje
fue: "el mundo es mayor que Occidente".
Aunque los mandatarios de Rusia y China se cuidan exageradamente en
señalar que la OCS ni es de carácter militar ni está diseñada contra terceros
(léase: EU), la realidad es que antes y después de la cumbre se realizaron
juegos de guerra de soldados rusos y chinos que iniciaron en Urumqi (la capital
de la provincia islámica de Xianjiang, China) y concluyeron en los Urales (en la
ciudad de Chelyabinsk, de triste memoria en la etapa soviética), es decir, en
los puntos vulnerables donde la perversa dupla anglosajona podría colocar a sus
súbditos mahometanos terroristas de Al Qaeda, "Al CIA", para los dilectos
lectores de Bajo la Lupa.
Insistimos: sería un grave error de juicio que el nuevo club
energético del Grupo de Shanghai se desvincule de Europa continental,
primordialmente de Alemania, Francia e Italia. Urge aislar a Baby Bush,
presidente al fin y al cabo de una superpotencia barbárica, y atraer
simultáneamente a la Europa racional y renacentista a un diálogo energético con
los sucesores de las civilizaciones euroasiáticas del Grupo de Shanghai.