ás aun, según afirman altos cargos oficiales en Washington y Bruselas, de la
capacidad de la OTAN para cumplir su tarea en Afganistán dependerá en buen grado
el futuro de esta alianza político-militar que engloba 26 naciones. Mientras
tanto, la misión de la ISAF tiene pocos visos de coronarse con éxito. Las causas
son evidentes y residen en que no están diseñados los mecanismos de interacción
en la reconstrucción de Afganistán en la etapa postconflicto.
Los dirigentes de la OTAN ya han llegado a la conclusión inequívoca de que
los problemas de Afganistán no se prestan a soluciones militares. La ISAF cuyo
efectivo orgánico cuenta hoy 35.000 personas procedentes de 37 países, empeña
colosales esfuerzos por estabilizar la situación, pero no le alcanzan las
fuerzas. Además, los esfuerzos de la ISAF no están respaldados con una mejora
real de la situación socioeconómica de los afganos, lo que, desde su punto de
vista, justificaría la presencia de tropas extranjeras en el territorio de su
país. De ahí, los crecientes ánimos de descontento con las tropas otanianas y
una influencia cada vez mayor de los talibán.
El año pasado, el número de ataques a los contingentes militares de la
Alianza se incrementó de 900 a 2.500. Aumentó en seis veces el número de
atentados cometidos por kamikaze, de 18 a 116; el de actos de sabotaje con
empleo de artefactos de fabricación casera creció de 530 a 1.300. Y aunque los
talibán también sufrieron sensibles pérdidas, sus fuerzas se recuperan
rápidamente, según evaluaciones de expertos militares. Crece asimismo la
producción de droga, fuente que nutre el terrorismo. En 2006, se produjo 6.100
toneladas de opiáceas; un año antes, 4.100 toneladas. Aumentó también el número
de granjas que se dedican al cultivo de amapola, fallando los intentos de
reorientarlas al cultivo de otras plantas agrícolas.
De momento no han encontrado un eco positivo la solicitud del mando de la
ISAF (los ingleses acaban de traspasarlo a los norteamericanos), expresada tanto
en Riga como en Sevilla, de enviar refuerzos a Afganistán. Sólo EE.UU.
incrementó su contingente en tres mil efectivos. Polonia destinó a mil
militares. Hasta Ucrania envió a diez militares. Gran Bretaña está formando el
grupo a enviar, mientras los demás países están reflexionando. Más aun, no se ha
logrado eliminar los escollos (de lo que se habló en la cumbre de Riga) que
estorban la coordinación de las acciones de los contingentes militares
acantonados en diversas zonas de Afganistán. Las limitaciones legislativas
nacionales al empleo de la fuerza armada no permiten, por ejemplo, a las tropas
alemanas participar en las hostilidades fuera de la zona de su responsabilidad,
dificultan seriamente el mando centralizado de las fuerzas de la coalición.
Se acordó prestar ayuda recíproca. Pero no se hicieron las respectivas
enmiendas en las legislaciones de unos u otros Estados. Y esto significa que en
cada caso concreto se tomarán las correspondientes resoluciones, lo que, por
supuesto, dificultará aun más el mando de la ISAF. Pero la enseñanza principal
de la campaña que la Alianza ni pretende disimular consiste en que ni siquiera
una organización tan fuerte es capaz de resolver a solas los problemas de
reconstrucción postconflicto. Con tanta más razón que, siendo alianza militar,
la OTAN no dispone de recursos para prestar ayuda económica o asistencia técnica
a la población afgana.
Debía haber cumplido esta tarea la mesa redonda convocada hace un año en
Londres. En aquel foro, los patrocinadores prometieron asignar $10.500 millones
al fomento de la economía afgana en los próximos cinco años. Entre ellos figuran
la ONU, el Banco Mundial, la Unión Europea, la OSCE, organizaciones no
gubernamentales... Pero surgen problemas con las donaciones. Estos problemas no
se reducen a que menudo esta ayuda, según se comunica, es despilfarrada camino a
Kabul y en el propio Afganistán. A menudo el dinero se asigna a compañías de uno
u otro país que deben ejecutar sus proyectos humanitarios y sociales en Kabul y
sus alrededores. Pero de nuevo los recursos no llegan a la población local, no
se invierten en generar nuevos puestos de trabajo, no contribuyen a mejorar el
bienestar de los estratos más pobres.
Ello no obstante, la Administración de George Bush, según comunican agencias
noticiosas, planea solicitar al Congreso $10.600 millones para Afganistán. El
primer ministro británico Tony Blair prometió 500 millones de libras esterlinas
para los próximos tres años. Se mostraron dispuestos a apoyar a Kabul Francia,
Alemania, Japón, China, India, Turquía, Irán y Rusia. Moscú asumió el compromiso
de condonar los $10.000 millones de la deuda afgana, condicionándolo a que Kabul
renuncie a reclamar indemnizaciones por los daños ocasionados por las tropas
soviéticas entre 1979 y 1989.
De todas formas, Rusia presta a Afganistán y a la OTAN una ayuda al máximo
posible para el día de hoy, hecho que reconocen los cargos oficiales de Bruselas.
Rusia le proporciona a la ISAF los datos de información, instruye a policías
especializados en la lucha antidroga. El año pasado, el Ministerio del Interior
de Rusia ya formó a 25 policías afganos y está dispuesta a adiestrar a otros
tantos. Es cierto, de otro lado, que de momento, el Kremlin se niega a ratificar
el Tratado del estatus de tropas extranjeras en su territorio, lo que solicita
la Alianza.
Tal documento le posibilitaría a la OTAN trasladar a través del espacio aéreo
y ferrocarriles de Rusia sus fuerzas y bienes destinados para Afganistán. Pero
la Duma de Estado (cámara baja del parlamento ruso) no se apresura a
ratificarlo, alegando a las dificultades de carácter técnico. No se descarta que
esto se deba a que la OTAN se niega a cooperar con la Organización del Tratado
de Seguridad Colectiva (OTSC) que goza de gran prestigio en los Estados
centroasiáticos lindantes con Afganistán y que afrontan en toda su gravedad el
problema de narcotráfico proveniente de este país.
Moscú no deja de sugerirle a Bruselas que sólo promoviendo una estrecha
cooperación entre la OTAN y la OTSC, entre todos los países y entidades
interesadas en estabilizar la situación en Afganistán se podrá combatir con
eficacia el terrorismo. Lamentablemente, hasta ahora no se ha logrado entablar
esta clase de cooperación multilateral.