El banco central cuenta con unos 1,07 billones (un millón de millones) de
dólares en monedas extranjeras y valores, lo que lo convierte en uno de los
mayores inversionistas del mundo. Ahora, los funcionarios chinos concuerdan en
que la estrategia tradicional para manejar este cuantioso fondo —es decir,
invertirlo en instrumentos seguros de renta fija como bonos emitidos por Estados
Unidos y los gobiernos de Europa— está pasada de moda.
Siguiendo el ejemplo de países como Singapur, Corea del Sur y Noruega, China
empieza a buscar nuevas formas de gestionar sus inversiones. En conjunto, estas
decisiones de los bancos centrales repercuten en los mercados financieros de
todo el mundo. El probable desenlace será una disminución de las inversiones en
bonos del Tesoro de EE.UU. y más compras de instrumentos más riesgosas, pero con
mejores retornos de largo plazo, como la deuda de empresas, acciones e, incluso,
bienes raíces y commodities.
Los expertos insinúan que China podría destinar entre US$200.000 millones y
US$300.000 millones de sus reservas a inversiones más agresivas. Aun un leve
cambio en esta dirección podría tener un gran impacto en los mercados
estadounidenses.
China es desde hace tiempo uno de los principales compradores de bonos del
Tesoro, transformándose en uno de los mayores acreedores del gobierno
estadounidense. Las compras de China han contribuido a mantener las tasas de
interés en EE.UU. bajas, ya que cuanto mayor es la demanda por los bonos de un
país, menor es la tasa de interés que ese gobierno tiene que ofrecer.
China aún no ha hablado en público acerca de su nueva estrategia. A fines de
enero, el primer ministro Wen Jiabao se limitó a decir que China "fortalecerá el
manejo de sus reservas en moneda extranjera y explorará y expandirá activamente
los canales y métodos para usar estas reservas".
Esto se aparta de la tendencia tradicional de los bancos centrales de estar más
preocupados de prevenir pérdidas que de lograr buenos retornos. Históricamente,
los bancos centrales han sido grandes compradores de las inversiones más seguras
y más transadas: efectivo y bonos soberanos. Un gran porcentaje de sus tenencias
está en dólares. Según cálculos del Fondo Monetario Internacional, un 60% de las
reservas oficiales de los países en desarrollo está en dólares y un 30% en
euros. El 10% restante corresponde a yenes, libras esterlinas y otras divisas.
De modo que cualquier decisión de China para ampliar sus inversiones
significaría que compraría menos deuda de EE.UU. Eso ha llevado a algunos a
temer que una menor demanda de inversiones denominadas en dólares presionará a
la baja el valor de la divisa estadounidense. Sin embargo, no todos comparten
esta visión. Stephen Jen, estratega cambiario de Morgan Stanley, sostiene que
los bancos centrales en busca de mayores retornos podrían invertir en deuda y
acciones de empresas estadounidenses.
Puesto que los bancos centrales necesitan invertir en mercados lo
suficientemente profundos para absorber sus inversiones, los principales
beneficiados serán los mercados maduros de las economías desarrolladas, como
EE.UU., Europa y Japón. China pasaría, de este modo, a engrosar la lista de
gobiernos que gestionan sus inversiones con un criterio más comercial, pensando
más en obtener ganancias de largo plazo que en la estabilidad de corto plazo.
En enero, por ejemplo, el presidente del banco central ruso señaló que evalúa la
posibilidad de ampliar sus inversiones. Por su lado, el presidente del Banco
Central de Corea aseveró que podría colocar una mayor parte de las reservas del
país, que ascienden a US$240.000 millones, en diversas clases de inversiones,
incluyendo renta variable.
China ya ha dado muestras de su capacidad para darle un uso creativo a sus
reservas. En los últimos años, el gobierno las ha usado para apuntalar las
finanzas de los bancos, aseguradoras y corredoras a un costo de cerca de US$70.000
millones.