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(IAR-Noticias)
23-Enero-07
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Soldados de la OTAN en Afganistán |
En pleno invierno, y tras más
de cinco años de ocupación, las tropas lideradas por Estados Unidos se
encuentran a las puertas de un infierno en Afganistán.
Por Txente Rekondo (*) - Rebelión
L a estrategia occidental en ese país asiático está diseñada para desembocar en
una escalada mayor de la violencia, y muestra que las fuerzas de ocupación no
sólo están perdiendo la batalla, sino queque parece que ni siquiera tiene una
estrategia definida para poder llevar adelante sus pretensiones.
La seguridad del país está al borde del colapso, con la vuelta de los
Talibanes como fuerza que controla de facto buena parte del país. De hecho las
fuerzas ocupantes pasan la mayor parte del tiempo recluidas en sus cuarteles,
y la autoridad del gobierno de Karzai apenas se sostiene en algunas zonas de
la capital, Kabul. Además, las operaciones militares de la coalición liderada
por EEUU no hacen sino aumentar el rechazo popular a su presencia, al tiempo
que aumenta el apoyo hacia la resistencia taliban y de otras organizaciones.
La política encaminada a poner fin a la explotación y cultivo de opio es otro
fracaso evidente. Sin alternativas económicas, las familias dependientes de
estos cultivos han visto cómo sus vías para obtener recursos desaparecen y sus
condiciones empeoran. Las prometidas ayudas internacionales no llegan, o al
menos a los ojos de la población afgana éstas tienen la forma de bombas y
operaciones militares que añaden aún más sufrimiento y destrucción al ya
deteriorado clima social que vive Afganistán.
Alianzas
Frente a ese cúmulo de errores, las fuerzas taliban siguen desarrollando su
propia estrategia, con una propaganda cada vez más "sofisticada y efectiva" y
con una actividad militar que sigue en aumento según pasan los meses. Ya
durante la primavera pasada se pudo observar ese auge de las acciones de la
resistencia, materializándose en el control por parte de los talibanes de
grandes zonas del sudoeste y sur del país, así como el incremento de las bajas
en las filas de las fuerzas ocupantes y entre las del gobierno
colaboracionista de Karzai. Un aspecto clave en esta nueva coyuntura lo
encontramos en la alianza de abril pasado, cuando las fuerzas taliban cedieron
el mando de las operaciones militares a Maulana Jalaluddin Haqqani, que no
pertenece a los taliban, pero que tenía un amplio historial de la guerra
contra los soviéticos.
Este movimiento atrajo también a otros sectores que no participan de la
política taliban, pero que accedieron a formar esa alianza o "matrimonio de
conveniencia", como "la mejor alternativa ante las corruptas e ineficientes
autoridades locales". En estos movimientos, los talibanes han sido capaces de
unificar las fuerzas contra la ocupación, a pesar de las diferencias
ideológicas y estratégicas que persisten entre todos ellos.
Desde la primavera pasada hemos visto cómo la ofensiva militar taliban se
sucede por todo el país, con ataques relámpago, con ocupación de
significativas zonas de Afganistán, con un aumento de los ataques suicidas y
la presencia de fuerzas taliban en ciudades y poblaciones importantes. También
es evidente el creciente aumento del apoyo popular a las fuerzas de la
resistencia, e incluso el llamamiento de las tribus del sudoeste para que las
mismas se encarguen de gobernar esas regiones.
Como señalan fuentes locales, "la capacidad crece cada día. Los ataques
suicidas y las bombas se han multiplicado por cuatro este año, con incidentes
violentos en 32 de las 34 provincias del país, y con más de cuatro mil
personas muertas". Este es el panorama al que ha llevado la ocupación en estos
cinco años.
A pesar de la imagen que pretende dar el gobierno afgano y sus aliados
extranjeros, con patrullas de la OTAN en el país, con operaciones militares,
con la presencia de controles de la policía y el ejército leal a Karzai, lo
cierto es que todo ello es mera apariencia, y la realidad apunta a que la
batalla se está decantando a favor de los talibanes y sus aliados coyunturales
de la resistencia. Y además, el tiempo juega a favor de estos últimos.
Historia
Nuevamente se repite la historia en Afganistán, y al igual que en el siglo
XVIII, las tribus Pasthun de las provincias de Kandahar, Helmand y Uruzgan "se
ven políticamente marginadas y con unas fuerzas de ocupación que no confían en
ellas". Y esto forma parte de la estrategia taliban para recuperar nuevamente
el poder en el país. La línea de actuación de la resistencia afgana en los
próximos meses sigue un patrón muy claro. Primero hacerse con el apoyo de las
áreas rurales pasthun (algo que están a punto de conseguir), para poder
controlar toda esa región, posteriormente lograr el control de Kandahar, y de
ahí preparar el asalto definitivo de Kabul.
El objetivo central de la nueva campaña es la toma de Kandahar, para poder
movilizar posteriormente las fuerzas del sudoeste en contra del gobierno de
Karzai. Los acuerdos y alianzas que están desarrollando les pueden permitir
que "el próximo verano estén listos para lanzar una campaña a gran escala,
contando con el apoyo de las tribus locales y de señores de la guerra que hoy
en día "oficialmente" estarían con el gobierno central". La toma de Kandahar,
considerada como la capital espiritual de los talibanes, significaría un
importante impulso para el desarrollo de esa estrategia, ya que podría
facilitar un acuerdo general de las tribus locales bajo la bandera taliban.
Ya en 1996, la campaña de los taliban siguió el mismo guión, y tras hacerse
con Kandahar se harían más tarde con la capital. En esta línea todo parece
indicar que el camino hacia Kabul pasa por Kandahar, que puede sufrir un
aislamiento en los próximos meses (paralelamente, los talibanes cuentan ya con
importantes recursos dentro de la ciudad), y así buscarán bloquear "la
carretera que le une con Herat al oeste, y la que lleva a Kabul al este".
Y mientras que en estos cinco últimos años las fuerzas de los taliban se han
convertido en una alternativa real y poderosa en el escenario afgano, las
fuerzas de ocupación continúan repitiendo los errores. Y uno de los más
importantes es el alto número de vidas civiles que se están cobrando las
operaciones militares de la coalición liderada por EEUU, una situación que en
Occidente se intenta ocultar. Así, cuando en determinados medios se repiten
las consignas de las fuerzas de ocupación en cuanto al número de "talibanes
muertos" en esos ataques, se debería tener un poco más de rigor y no caer en
el juego propagandístico que imponen Washington y sus aliados.
Recientemente se señalaban más de un centenar de bajas taliban, y hace algunas
semanas se hizo lo propio con otros ochenta muertos. En aquella ocasión, la
propia OTAN tuvo que reconocer posteriormente que la cifra real de talibanes
muertos era seis!! Y paralelamente, en la prensa occidental han aparecido
algunas noticias breves que indicaban que "los militares extranjeros en
Afganistán sufren decenas de ataques que los gobierno no informan".
La apuesta militar en Afganistán por parte de las potencias occidentales está
condenada al fracaso, tan sólo la apertura de vías políticas y la salida del
país de las fuerzas de ocupación pueden suponer el primer paso para una
solución a aquel conflicto. Los intereses de actores extranjeros (EEUU,
Pakistán, Rusia, India, Irán.) no deberían anteponerse a las demandas de la
propia población afgana, pues puede ocurrir que las ramificaciones del
infierno afgano acaben extendiéndose a esos otros actores regionales o
internacionales.
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(*)Txente
Rekondo.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)
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