La industria petrolera se prepara para una nueva ola de
consolidación tras la fusión de US$30.000 millones entre los gigantes
energéticos de Noruega Statoil y Norsk Hydro.
El gobierno noruego posee una participación importante en ambas
empresas y quiere crear una única y gran compañía energética nacional. La lógica
detrás de la fusión es que las empresas más grandes podrán competir mejor en los
cada vez más atestados yacimientos petroleros del mundo. Esta misma lógica
también ha impulsado la consolidación entre las grandes petroleras que cotizan
en bolsa. Como las compañías energéticas enfrentan una competencia cada vez más
intensa y crecientes dificultades para acceder a los campos de crudo y gas
alrededor del mundo, buscan maneras de aumentar su tamaño y alcance global.
Si la industria experimenta una racha de fusiones, el resultado
podría ser un menor gasto en exploraciones de petróleo y perspectivas más
desalentadoras para los inversionistas en las acciones de estas compañías. Es
decir, se podría repetir el escenario de fines de los años 90, cuando una ola de
acuerdos incluyó los matrimonios de Exxon y Mobil y de Chevron y Texaco. Los
gastos de capital en proyectos nuevos languidecieron por años a la espera que
estas empresas se integraran plenamente.

Otros factores también apuntan a que 2007 será un año
potencialmente movido para los bancos de inversión con operaciones en el sector
de energía. Wall Street está presionando a las grandes petroleras a que
mantengan su racha de crecimiento anual de las ganancias por acción. Las
utilidades históricas de la industria se deben principalmente al aumento en los
precios del crudo y el gas natural. Pero la cotización del crudo ha bajado en
los últimos meses y es probable que caiga aún más o se estabilice, lo que
dificultará que las empresas continúen anunciando los mismos resultados
financieros. En el pasado, la respuesta de la industria ante estas presiones
financieras ha sido fusionarse y reducir tanto la fuerza laboral como los costos
generales.
"Me parece que el entorno está maduro para que las compañías
consideren la consolidación", explica Dan Pickering, presidente de Pickering
Energy Partner, una consultora de Estados Unidos especializada en el sector.
"Una de las cosas que estas empresas saben hacer es reducir costos y
consolidarse".
Pickering y otros analistas esperan que las grandes petroleras
vuelvan a mostrar el camino. Entre las compradoras se podría incluir a
ExxonMobil, Royal Dutch Shell y Chevron. La más pequeña de las tres, Chevron,
tiene una capitalización de mercado que asciende a US$160.000 millones. Las tres
están en una buena posición financiera para ir de compras: sus deudas son bajas
y sus arcas están repletas de efectivo. Además, sus recientes recompras de
acciones les permiten usar sus títulos para financiar adquisiciones.
Los analistas creen que las petroleras centrarán su atención en
América del Norte. Los gobiernos de la cuenca de Asia-Pacífico probablemente no
permitirán que sus empresas sean adquiridas por extranjeros. La tailandesa PTT,
por ejemplo, no estaría en la mira porque se presume que el gobierno de Bangkok
se opondría a cualquier tipo de acuerdo. Algunas compañías europeas de tamaño
medio resultan atractivas, pero son consideradas demasiado caras para entregar
retornos decentes.
A pesar de su madurez, América del Norte es vista como un lugar
atractivo para las inversiones en energía. Es una de las pocas regiones
productoras de petróleo en el mundo que tiene un entorno político estable y un
régimen tributario favorable.
Además, las grandes petroleras están siendo marginadas en otras
partes del mundo y enfrentan normas tributarias cada vez más estrictas en
ciertas regiones, como es el caso de Venezuela. La mayoría de los campos de gas
y petróleo en Norteamérica son demasiado pequeños para atraer el interés de las
compañías más grandes. Pero hay tres excepciones: las aguas profundas y
relativamente poco exploradas del Golfo de México; los vastos depósitos de arena
asfáltica (que al procesarse genera crudo) en Alberta, provincia occidental de
Canadá y campos de gas poco convencionales como Barnett Shale, cerca de Fort
Worth, Texas.
Otro elemento que podría impulsar la consolidación del sector,
al menos respecto a las compañías estadounidenses, es la creciente presión que
el Congreso de ese país ejerce sobre las petroleras para hacer algo con todo el
efectivo del que disponen. "Las grandes petroleras tienen demasiado dinero. Han
devuelto parte a los accionistas mediante el pago de dividendos y la recompra de
acciones, pero todavía les sobra efectivo", dice Claire S. Farley, presidenta
ejecutiva de Randall & Dewey Partners LP, una firma de asesoría en fusiones
en el sector energético.