Hace siete semanas desde el 7 de noviembre, fecha en que
se celebraron las elecciones congresistas de Estados Unidos, y
hasta ahora todos los sectores de la clase gobernadora de
Estados Unidos le han dado la espalda al enorme voto contra la
guerra que repudió la política del gobierno de Bush, que le puso
fin al control Republicano de ambas cámaras del Congreso (el
Senado y la Cámara de Representantes) y colocó al Partido
Demócrata en control de todo el Congreso.
Comité de
Redacción del WSWS
A
pocos días del voto, se publicaron encuestas de opinión
popular obtenidas a boca de urna que documentaron el papel
crítico que jugó el sentimiento anti-guerra. Dos tercios de los
electores se habían opuesto a la manera en que el gobierno de
Bush conduce la guerra en Irak. De esos, el 80 por ciento votó
por candidatos Demócratas. La guerra en Irak fue el tema más
importante de estos comicios.
Luego de las elecciones, muchos funcionarios de los dos partidos
y comentaristas de la prensa han coincidido en que las
elecciones fueron un referendo de facto sobre la guerra y que el
veredicto del pueblo estadounidense fue un estrepitoso ¡NO! Las
encuestas de opinión popular a boca de urna indican que entre
los que se oponen a la guerra, la opción política más popular es
el retiro inmediato, rápido y total de todas las tropas
estadounidenses de Irak.
Ni siquiera ha pasado un mes para que el gobierno de Bush, los
dirigentes Demócratas que se alistan para tomar las riendas del
poder y los analistas de la prensa se hayan puesto de acuerdo en
descartar todo debate acerca del retiro inmediato de Irak.
Restringen severamente el debate sobre la política de Irak.
Proponen en cambio opciones que incluyen enviar miles de tropas
adicionales, un retiro parcial de las fuerzas estadounidenses de
la primera zona de combate y permitir la existencia de media
docena de bases militares dentro o cerca de Irak durante muchos
años.
Los dos periódicos más importantes del país notaron en días
recientes lo rápido que los ámbitos oficiales descartaron toda
consideración del retiro total de tropas de Irak. David Sanger,
en un artículo de primera plana en el New York Times del 1ro. de
diciembre [del presente], portó un análisis titulado, “Se
desvanece la idea de una retirada rápida de Irak”. Sanger
escribe:
“En la cacofonía de planes que compiten unos contra otros,
acerca de cómo lidiar con Irak, la siguiente realidad amanece: a
pesar del triunfo de los Demócratas este mes en unos comicios
que se consideran como un referendo sobre la guerra, la idea de
un rápido retiro de las tropas estadounidenses ya pronto
desaparece como alternativa viable”. Nota el Sr. Sanger que esta
opinión es casi unánime para Bush, los militares del Comando del
Estado Mayor, el Grupo de Estudio sobre Irak, los Demócratas en
el Congreso y el ex Presidente Clinton.
Al día siguiente, el Washington Post publica un artículo
titulado, “Las autoridades descartan grandes cambios, no importa
lo que el Grupo aconseje”. El artículo informa que “el gobierno
de Bush le ha notificado a sus aliados que no le va a ceder ni
solo paso en ciertos aspectos de la política hacia Irak”, no
importa cuales sean las recomendaciones del Grupo de Estudio
sobre Irak o lo que recomienden los estudios de su propio
gobierno en cuanto a la política sobre Irak; estudios conducidos
por el Pentágono y el Consejo Nacional de Seguridad.
Como hubo de esperarse, Bush expresó de la manera más burda y
arrogante posible la oposición consensual al retiro de tropas
cuando le comentó a los periodistas, mientras viajaba a Latvia y
Jordania la semana pasada, que “simplemente no es nada realista
hablar sobre salidas con dignidad”. Habría sido mucho más
apropiado en ese momento preguntarle sobre el “realismo” de las
acusaciones que él mismo hizo contra Irak: armas para la
destrucción en masa, vínculos entre los terroristas del 11 de
septiembre e Irak, la “democratización” de ese país, pero
ninguno de los corresponsales tuvo el valor de hacer esa
pregunta.
Más bien el Washington Post, con un editorial publicado el 3 de
diciembre, aplaudió la manera en que Bush repudió descaradamente
el veredicto del electorado estadounidense: “El Sr. Bush, a
quien se le acusa con frecuencia de no atenerse muy bien a la
realidad, hizo una declaración la semana pasada que nos pareció
bastante racional: “Simplemente no es nada realista hablar sobre
salidas con dignidad”.
Ahora que el retiro de las tropas estadounidenses ya no es parte
del debate, los políticos en Washington más y más se conciernen
con dos problemas: los métodos que se van a emplear para
rescatar al imperialismo estadounidense de la debacle en Irak; y
con los conflictos entre los elementos políticos de la clase
gobernante y dentro del mismo gobierno de Bush acerca de quien
va a asumir la responsabilidad por semejante desastre
estratégico.
NO es cuestión de analizar honestamente quien es responsable por
la enorme pérdida de vidas, tanto irakí es como estadounidenses,
y la destrucción criminal de la fábrica social de todo un país.
Más bien es un asunto interno de la clase gobernante para
desquitárselas con alguien; por lo consiguiente, deshace de
líderes políticos como Rumsfeld. Así uno que otro sector de los
dos partidos oficiales saca cierta ventaja política en los dos
años que quedan antes de los comicios presidenciales del 2008, y
lleva a cabo una lucha cada vez más agria dentro de la enorme
burocracia asignada al espionaje militar.
Funcionarios del Pentágono, la Casa Blanca, la CIA, y el
Ministerio de Relaciones Exteriores participan en este
conflicto, revelando secretos y críticas internas clasificadas.
Durante la última semana, los documentos secretos que se le han
entregado al Times incluyen: una crítica bastante severa—por
parte de la Casa Blanca y escrita por el Asesor de la Seguridad
nacional, Stephen Hadley—del gobierno de Maliki, quien fue
instalado por Estados Unidos mismo; un estudio por el Cuerpo de
Marinos de Guerra acerca de la provincia de Anbar que concluye
que no hay ninguna posibilidad del triunfo militar de Estados
Unidos ahí; una propuesta del Ministerio de Relaciones
Exteriores para respaldar a los Chiítas en la guerra civil irakí
y abandonar toda pretensión a la democracia y mediación entre
las facciones; y lo más reciente, un memorándum de Rumsfeld, ex
jefe del Pentágono, a Bush, fechado el 6 de noviembre (día antes
de las elecciones), que sugiere la posibilidad de tácticas
alternas para el régimen de ocupación que Estados Unidos ha
creado en Irak.
El morándum de Rumsfeld es extraordinario por dos razones:
admite abiertamente que la política de Estados Unidos en Irak es
un fracaso y que no hay ninguna explicación para ese fracaso.
Revela la devastadora crisis que ha resultado de la ocupación,
así como también la decadencia política e intelectual de los
autores principales de esta guerra ilegal.
Al aparecer en uno de los programas dominicales de entrevistas
en la televisión, Hadley, Asesor de la Seguridad Nacional, trató
de explicar el significado del memorándum de Rumsfeld, negando
lo evidente: que el memorándum rotundamente contradice la
propaganda del gobierno de Bush durante toda la campaña
electoral del otoño acerca del progreso y el éxito “constante y
seguro” en Irak.
Los Demócratas y Republicanos del Senado que le siguieron a
Hadley en los programas de entrevista por lo general indicaron
estar de acuerdo con la Casa Blanca sobre un punto fundamental:
que la derrota de Estados Unidos en Irak sería un desastre con
consecuencias internacionales desastrosas que hay que prevenir a
todo costo. Es dentro ese marco cerrado que ofrecieron una
variedad de recomendaciones para evitar la derrota o por lo
menos rescatar lo más posible del fracaso del gobierno de Bush.
Habría sido difícil en varios de estos programas determinar cual
senador representaba cal partido. El senador Demócrata, Joseph
Lieberman, representando al estado de Connecticut, apareció en
el programa, “Face the Nation” (“Frente a la nación”) y pareció
mucho más pro guerra que su contraparte Republicano, el Senador
Check Hagel, del estado Nebraska, quien públicamente ha
declarado que la política del gobierno de Bush es un fracaso.
Durante el programa de la cadena Fox, “Fox News Sunday”
(“Domingos del Noticiero Fox”), el Senador Republicano, Lindsay
Graham, quien representa al estado de Carolina del Sur y es
íntimo aliado de John McCain, propuso una intensificación de las
actividades militares de Estados Unidos en Irak, abogó por un
aumento de tropas y advirtió que la derrota de Estados Unidos en
Irak tendría un impacto devastador en todo el Oriente Medio,
incluyendo en Israel.
Graham rechazó la idea que Bush debería encontrar campo común
con los que se oponen a la guerra en Irak y declaró; “Tenemos
que triunfar en Irak. Me opongo a toda estrategia que una al
país pero que pierda [a Irak]. Prefiero una nación dividida pero
victoriosa que una nación unida en la derrota”.
El Demócrata que apareció junto a Graham, el Senador Joseph
Biden, representando al estado de Delaware, respondió a esta
pataleta, que pone a todos los que se oponen a la guerra en la
misma categoría de terroristas de Al Qaida, con el siguiente
comentario pacificador: “Creo que Linday tiene algo de razón,
pero a fin de cuentas nada se va conseguir a menos que haya un
arreglo político en Irak”.
Biden entonces se jactó de que dos años atrás había propuesto
enviar 100,000 tropas adicionales a Irak, plan que Bush rechazó
como impráctico e innecesario. Reiteró su llamado para tomar
pasos hacia la división de Irak en tres naciones distintas:
chiíta, sunnita y kurda.
Los dos partidos conspiran por extender la guerra
Pero la entrevista que más ilumina la realidad política fue la
que se llevó a cabo con el Senador Republicano, John Warner y el
Demócrata Carl Levin en el programa “Meet the Press” (“Encuentro
con la prensa”). El primero actualmente preside el Comité del
Senado sobre los Servicios Armados; el segundo es el Demócrata
de mayor rango en dicho comité. Ambos intercambiarán puestos en
enero cunado los Demócratas asuman control del Congreso.
Warner, de los voceros más importantes de la burocracia de la
seguridad nacional y de los jefes militares (fue Ministro de la
Marina), hizo hincapié en que al gobierno de Bush le es
necesario llegar a un acuerdo sobre la guerra con la nueva
mayoría Demócrata que ahora ingresa al Congreso.
“Después de todo”, dijo, “El pueblo se ha expresado en estas
elecciones, bien recio, y la nueva dirigencia es un reflejo de
las voces del pueblo por todo el país”. Añadió que “nuestra
Constitución creó el poder ejecutivo y el Congreso, pero el
pueblo tiene el poder en este país y ha hablado”. Warner
insistió de nuevo sobre este punto con esta conclusión: “Tenemos
una obligación con el pueblo de este país, quien ha hablado en
estas elecciones. Y será mejor que le prestemos atención a lo
que está diciendo”.
Bajo otras circunstancias, estos comentarios no serían nada
extraordinarios. Meramente serían una repetición de fórmulas
superficiales acerca de la Constitución y la democracia. Pero en
el contexto de la actual crisis en Irak y Washington, el senador
Republicano le estaba advirtiendo al gobierno que necesita
ganarse las simpatías del Partido Demócrata en la Cámara de
Representantes y el Senado en sus esfuerzos por seguir con la
guerra. La lógica de Warner es la siguiente: Dado que el voto
por los Demócratas expresó sentimientos anti bélicos, Bush tiene
que llegar a un acuerdo con los Demócratas para continuar
expandiendo de la guerra.
Levin, quien apareció junto a Warner se mostró intensamente de
acuerdo con Warner, confirmando que los Demócratas están listos
para negociar un acuerdo. Levin también indicó que Robert Gates,
quien Bush ha nominado para Ministro de Defensa, recibiría
pronta audiencia y rápidamente sería aprobado. Los Demócratas no
usarán su control del Congreso ni para cancelar los fondos para
la guerra ni para bloquear el nombramiento de funcionarios
comprometidos a continuarla.
El Grupo de Estudio sobre Irak no es la única conspiración de
los dos partidos para continuar la guerra en Irak. Sus
actividades sólo son un aspecto particular de un proceso más
amplio: la colaboración de los dos partidos, ambos basados en
las grandes empresas, para privar de todo significado el derecho
al voto al pueblo estadounidense y continuar, más o menos
indefinidamente, la sangrienta y rapaz guerra que la mayoría ha
rechaza.
El mes que ha transcurrido desde los comicios del 7 de noviembre
contiene importantes lecciones. Es imposible llevar a cabo la
lucha contra la guerra en Irak dentro de los límites impuestos
por el sistema de dos partidos. La única manera de combatir su
programa reaccionario y militarista es quebrando toda alianza
con los Demócratas y Republicanos y formando un nuevo partido
político de las masas trabajadoras que se oponga a la oligarquía
empresarial y al sistema de las ganancias.
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(*) World Socialist
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