La construcción de viviendas nuevas en Estados Unidos se
está desplomando. Las ventas de automóviles se han debilitado.
Los inversionistas han presionado las tasas de interés de largo
plazo muy por debajo de las tasas de corto plazo que fija la
Reserva Federal (Fed). En años anteriores, estos factores han
sido precursores de una recesión.
Por Greg
Ip y Christopher Conkey - The Wall Street
Journal
Sin embargo, la Fed y gran parte de Wall Street apuestan a que
las antiguas reglas no se aplican a la situación actual. Si bien
no hay que descartar una recesión el próximo año, es muy poco
probable que ocurra.
"Esta vez será distinto", predijo Ed Leamer, jefe del centro de
pronósticos de la Escuela de Negocios Anderson de la Universidad
de California en Los Ángeles (UCLA), en un informe. "Esta vez,
los problemas inmobiliarios se quedarán en el sector
inmobiliario". Aun así, admite que este pronóstico "nos tiene
con insomnio".
Las constructoras y los fabricantes de automóviles están
reduciendo su producción para reducir los excesos de
inventarios. Muchos economistas y funcionarios de la Fed dicen
que probablemente se trate de un ajuste temporal, dado que la
demanda previa no era sostenible, en vez de un reflejo de que
las tasas de interés más altas están eliminando el acceso fácil
a capitales. Es decir, los problemas de esas industrias no son
señales de fuerzas más amplias que están empujando la economía
estadounidense hacia una recesión. Mientras tanto, las
exportaciones estadounidenses se han beneficiado del sólido
crecimiento de los socios comerciales de EE.UU., en especial el
de Europa.
Este análisis optimista recibió un impulso ayer al conocerse que
las ventas minoristas en noviembre habían aumentado 1% frente a
octubre, un salto mucho mayor al que los economistas habían
pronosticado. Los rendimientos de los bonos aumentaron
fuertemente, ya que los inversionistas estaban reajustando su
visión de que la Fed tendrá que reducir las tasas de corto plazo
para proteger a la economía de una recesión. Podría tratarse de
una primera señal de que la brecha entre la mirada pesimista de
los mercados de bonos y la evaluación más positiva de la Fed se
está cerrando.
Ciertamente, la economía estadounidense se ha desacelerado. Los
economistas predicen que crecerá a un ritmo anual de 2% a 3% en
el segundo semestre de este año y a lo largo de todo 2007. En
los tres años previos, el promedio fue de 3,8%. Por otro lado,
tanto la Fed como Wall Street tienen un pésimo historial a la
hora de predecir recesiones. Ed Hyman, economista jefe de la
firma de inversiones ISI Group, dice que no se cree "el cuento
que, como la corrección del mercado de bienes raíces no ha
afectado mucho a la economía hasta ahora, ya hemos pasado lo
peor". Según él, los aumentos de tasas que la Fed mantuvo hasta
mediados de año, así como el alza en los precios del petróleo,
impactarán de manera rezagada en la economía.
Históricamente, las recesiones han ocurrido cuando la Fed,
preocupada por la inflación, elevó bruscamente las tasas de
interés de corto plazo hasta el punto que llegaran a estar más
altas que las tasas de largo plazo, un fenómeno conocido como la
curva de rendimientos invertida. Las tasas más altas primero
afectan a las compras que son más sensibles a las tasas de
intereses, como viviendas y autos, y después en el consumo en
general. Al final, esto reduce las inversiones de las empresas y
el empleo.
Leamer, de UCLA, afirma que el mercado inmobiliario es uno de
los indicadores más confiables para predecir una recesión. Los
permisos de construcción para viviendas nuevas han bajado 29%
desde agosto de 2005. Desde 1950, EE.UU. ha tenido siete
descensos similares, de los cuales seis estuvieron seguidos de
una recesión.
Pero hay diferencias cruciales esta vez. Brian Sack, un
economista de la firma de pronósticos Macroeconomic Advisers,
dice que las curvas de rendimientos invertidas normalmente
reflejan tasas de corto plazo más altas y las expectativas de
los inversionistas en renta fija de que la Fed estaría forzada a
reducirlas para prevenir una recesión. Ahora, las tasas de corto
plazo no están particularmente altas en relación a la inflación;
son los rendimientos de bonos los que están inusualmente bajos.
Sack dice que ello se debe a que los tenedores de bonos están
más confiados en que la inflación se mantendrá baja y estable, y
que el crecimiento también será estable. Por eso, no están
exigiendo una prima tan alta para prestar su dinero por períodos
largos.
Dean Baker, un codirector del Centro de Investigación Económica
y Política, afirma que los optimistas "no toman en cuenta todo
el impacto del bajón inmobiliario", agregando que "creen que ya
ha llegado a su fin, pero me parece que sólo estamos viendo el
comienzo". Según él, la economía entrará en una recesión el
próximo año, probablemente contrayéndose en el primer y segundo
trimestre.
Baker dice que el sector de bienes raíces no sólo impulsó a la
economía mediante la construcción, sino también permitiendo a
los consumidores pedir créditos a cambio del creciente valor de
sus propiedades. Y ese efecto se está desvaneciendo. Los
propietarios de viviendas obtuvieron créditos hipotecarios y
otros préstamos relacionados por un valor de US$113.500 millones
en el tercer trimestre, según los cálculos del economista de la
Fed James Kennedy. Esta cifra es sólo la mitad frente al año
anterior y la más baja desde el cuarto trimestre de 2003.