"Aquellos que me conocen no se sorprenderán de ver que siempre favorecí una
aproximación realista". Con esta frase se refiere James Baker en sus memorias al
asunto de Irak, siempre presente, sobre todo en su etapa de mano derecha de Bush
padre.
Diario ABC, España
Cierto es que esa cautela no
impidió que se atacara a Sadam Hussein tras su invasión de Kuwait, pero también
lo es que el presidente iraquí pudo contarlo cuando George Bush prefirió no
rematar la faena.
Pero el libro de Baker, a modo de autobiografía y bajo el humorístico título de
"Trabaje duro, estudie y... manténgase alejado de la política", no es sólo Irak.
El ahora responsable de la
comisión bipartidista, que ha elaborado el informe de recomendaciones para salir
del atolladero iraquí y se ha convertido en la piedra del zapato de Bush hijo,
describe en su obra los momentos clave de su agitada carrera pública: Nixon y el
"Watergate", el intento de asesinato de Reagan, el escándalo "Irán-Contra", la
decisión de Bush padre de convertir a Dan Quayle en vicepresidente, Florida y
las elecciones presidenciales de 2000.
En un sincero relato, el político
estadounidense afirma sobre su papel como secretario de Estado que "eres la
segunda persona con más poder de Washington, pero no dejas de ser parte de la
plantilla; si olvidas eso, estás perdido". Baker describe minuciosamente cómo se
mueven realmente las cosas en las entrañas de la Casa Blanca y dónde realmente
se toman decisiones en las pequeñas reuniones que el presidente de turno suele
mantener con sus personas de confianza en el Despacho Oval, alejado de toda
burocracia.
El roce hace el cariño, y el que
fue jefe de personal de la Casa Blanca con Ronald Reagan no duda en afirmar que
los hombres más cercanos al presidente de los EE.UU. suelen ser aquellos que le
acompañan en las "trincheras de la carrera presidencial", donde se puede
comprobar quién responde a la presión.
Elogio de Reagan
Baker define a Reagan como
"una
persona sin tapujos, de esas que ofrecen lo que hay y que sabía hacer que la
gente se sintiera bien". Además, relata que tanto él como Ed Messe, consejero
del mandatario, tenían libre acceso al Despacho Oval en todo momento, aunque el
presidente estuviera reunido con otros mandatarios o enredado en otros asuntos.
Asiduo a las reuniones, Baker
ocupó uno de los despachos con peores vistas y peor situado de la Casa Blanca,
pero su gran tamaño le permitía mantener reuniones continuas con todo el
personal de la administración, en especial con los miembros de la plantilla en
contacto directo con el Congreso para trabajar en la agenda presidencial.
Durante una fiesta sorpresa para
celebrar el 70 cumpleaños de Reagan, el ex presidente no dudó en mostrarse
atónito por el tamaño del despacho de Baker, aunque con cierto humor añadió:
"Pero, al menos, no es redondo".
El secretario del Tesoro durante
el segundo mandato de la era Reagan también aprovecha para desmentir mitos sin
sentido como que intentó bloquear los esfuerzos de Ed Messe, consejero del
mandatario, para sacar adelante la legislación que regulara las oraciones
escolares, el aborto y otros polémicos temas sociales, durante su primer
mandato.
Desde antes de que ocupase la
Presidencia, se sabía que Ronald Reagan se ganaría a los americanos con la
reducción de impuestos, el recorte del gasto gubernamental y el refuerzo militar
estadounidense para más tarde sacar adelante la verdadera agenda presidencial.
Para Baker y el gobierno de George
Bush padre, la administración Clinton entró con mal pie en la Casa Blanca al
sacar adelante inmediatamente propuestas polémicas como los derechos de los
homosexuales en el Ejército, "antes de haber creado un consenso social.
Si Reagan hubiera hecho lo mismo
seguramente también se hubiera debilitado", añade.
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