George Bush tendrá una de las navidades más duras de su vida. Antes de
sentarse en Camp David frente a la chimenea dará el que será el discurso crucial
de su presidencia.
Por Gustavo Sierra
- Clarín
El 18 de diciembre anunciará su
plan para minimizar la agonía estadounidense en Irak. Y nadie sabe hacia dónde
se inclinará ni si está dispuesto a sacrificar principios para encontrar una
solución o si dejará el trabajo sucio al próximo presidente.
Esta semana, un "consejo de ancianos" bipartidista le hizo una serie de
recomendaciones: que saque las tropas en un año, que negocie con Irán y Siria y
que se olvide del petróleo. Pero Bush ya minimizó algunos de esos puntos y se
dirige a una maratónica agenda de reuniones con diplomáticos y generales con los
que testeará otros planes.
La primera de las opciones es la de enviar unos 15.000 o 20.000 soldados más (ya
hay 140.000) para reforzar la seguridad en Bagdad y acelerar el entrenamiento de
las tropas iraquíes. La segunda, es enfocar todas las acciones militares contra
los terroristas de Al Qaeda y dejar que shiítas y sunnitas continúen en su
sangriento enfrentamiento sin intervenir. La tercera, es la "solución del 80%",
el apoyo a shiítas y kurdos que constituyen ese porcentaje de la población y
acorralar a los sunnitas hasta ahogarlos.
Tal vez, la fórmula final contenga todas estas opciones juntas, aunque no un
principio de solución. Crear una aparente calma en el centro de Bagdad no
eliminará la violencia en el país.
Esto se está haciendo en
Afganistán y el resultado es que los talibanes se reagruparon en el sur y
comienzan a tener fuerza como para atacar Kabul. Concentrarse en Al Qaeda es
casi imposible, los terroristas están mezclados con la población y las milicias
sunnitas.
Puede terminar en una carnicería.
Y la opción del 80% dejaría afuera de cualquier acuerdo a más de cinco millones
de sunnitas que quedarían a merced de las bandas paramilitares shiítas.
La Navidad se acerca y Bush espera un milagro de esos que suele fabricar
Hollywood.