"Este no puede ser un tema de meses, sino de semanas o días. El momento
para cambiar es ahora y eso lo saben los estadounidenses", presionó la
líder demócrata Nancy Pelosi al salir ayer de una reunión de legisladores
de ambos partidos con el Presidente.
El gran interrogante, sin embargo, es cuánto de "nuevo" tendrá el anuncio
de Bush que, desde la derrota en las legislativas del mes pasado,
apenas ha moderado su discurso triunfalista para dar paso a una
retórica plagada de mensajes contradictorios.
En un primer momento, el presidente dijo haber asumido la "paliza"
electoral, echó a Donald Rumsfeld del Pentágono y aceptó "escuchar ideas
nuevas" sobre Irak.
Pero al mismo tiempo, no da señales de estar dispuesto a apartarse de la
directriz que lo condujo a la guerra y sigue empecinado en alcanzar una
victoria militar que abra el camino de la democratización en Oriente
Medio. Como si nada hubiera pasado desde marzo de 2003.
En las últimas horas, Bush se dedicó a bajarle el tono al rapapolvo que
recibió el miércoles 6 del bipartidista Grupo de Estudio sobre Irak (GEI) y
a rechazar sus principales recomendaciones. Nada de conversar sin
condiciones con Irán y Siria ni de avanzar hacia una retirada masiva de
tropas antes de 2008, insistieron Bush y sus voceros, manteniendo su
visión ideológica e idealista frente a las sugerencias del grupo
encabezado por el republicano James Baker III y el demócrata Lee Hamilton,
al que los analistas consideran "realista".
El senador demócrata Richard Durbin se mostró decepcionado al salir de la
reunión con Bush: "Habló sobre cambiar algunas tácticas en Irak. Pero no
hubo ninguna indicación de un cambio en la estrategia básica", comentó.
Con todo, el informe del GEI parece haber sido la señal que esperaban
algunos republicanos para empezar a saltar del barco sin culpas. Gordon
Smith, que había respaldado con fervor la aventura iraquí, se convirtió en
el primer senador republicano en pedir el retorno inmediato de las tropas.
Mantener a los soldados en Irak "es absurdo, hasta puede ser criminal",
dijo en un emotivo discurso el jueves.
Una encuesta de la agencia AP difundida el viernes 8 muestra un nuevo piso en el
apoyo de la población a su comandante en jefe. El 71% dijo desaprobar
la manera en que Bush conduce la guerra. Un 87% cree que la incursión
militar culminará en alguna clase de acuerdo. Y sólo el 9% confía en una
victoria estadounidense.
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(*) Publicado originalmente por el CEP (Ecuador).