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Millones de ahorristas en el mundo siguen
con atención los vaivenes del dólar |
Si tiene todos sus ahorros colocados en dólares, ya sea en
una cuenta bancaria o debajo del colchón, seguramente estará
preocupado por la fuerte caída que ha venido sufriendo esta
moneda en los mercados internacionales.
Por Mariana
Martínez - BBC
Sí es así, no se
preocupe, usted no es el único.
Millones de
ahorristas alrededor del mundo siguen con atención los vaivenes
del billete verde, que alcanzó ya su nivel más bajo en 14 años
frente a la libra esterlina y ha perdido terreno frente a otras
monedas fuertes y consideradas de referencia en los mercados
internacionales, como lo es el euro.
Mientras se preguntan qué le está pasando a la moneda que
tradicionalmente ha sido considerada como una de las más fuertes
en los mercados y un refugio seguro a la hora de protegerse de
la inflación.
China y sus reservas
El dólar recibió su más reciente golpe en los mercados
internacionales tras el comentario del gobernador del Banco
Popular de China, Zhou Xiaochuan, de que el país asiático habría
alcanzado la cifra récord de los mil billones en reservas
internacionales en dólares y que estaría considerando
diversificar su cartera con otras divisas, entre ellas, el yen
japonés.
La noticia cayó como un balde de agua fría para los inversores
debido a que China posee el 72% de sus reservas internacionales
en dólares, la más grande del mundo, y un cambio en su política
de diversificación de sus activos podría significar una venta
masiva de dólares en los mercados mundiales -o activos nominados
en dólares-, y por ende, una fuerte caída en la cotización de
esta moneda.
Aunque Zhou luego desmintió que China estuviera vendiendo
dólares o intentando cambiar la diversificación de sus reservas,
el escepticismo quedó impreso en los mercados y el dólar siguió
perdiendo terreno frente a las principales divisas.
Déficit comercial por las nubes
Pero la debilidad del dólar va más allá de los comentarios de
China. Tiene causas más estructurales.
Una de ellas es el abultado déficit de la balanza comercial de
Estados Unidos.
EE.UU. importa (compra) más bienes y servicios de los que
exporta (vende), debido más que nada al alto poder adquisitivo
de los consumidores estadounidenses que demandan cada día más
productos extranjeros.
Esto ha hecho que el déficit comercial se ubique en los US$
740.000 millones y represente el 8,5% del Producto Interno Bruto
(PIB).
Los importadores estadounidenses, al comprar bienes y servicios
provenientes del exterior para satisfacer la creciente demanda
interna, deben cambiar dólares por las monedas en las que se
venden esos productos.
Por ejemplo, cuando un importador compra calzados chinos, debe
vender sus dólares por yuanes (moneda china) y en ese proceso
incrementa la oferta o disponibilidad de billetes verdes en los
mercados. En tanto, en el exterior, la cantidad de consumidores
interesados en adquirir dólares para pagar por los productos y
servicios estadounidenses es menor.
Al ponerse en acción la ley de la oferta y la demanda, el dólar
se deprecia o pierde valor, al existir menos personas demandando
esa moneda y una mayor oferta de la misma.
Menor euforia bursátil y déficit fiscal
El déficit comercial estadounidense no es nuevo, se remonta a la
década de los noventa, pero hasta el momento las consecuencias
sobre el dólar habían sido fáciles de controlar gracias a la
fuerte demanda de dólares por parte de inversores extranjeros
ávidos por activos estadounidenses como los bonos, las acciones,
los fondos mutuos, las inversiones en bienes raíces, entre otras
inversiones.
Hoy, con un mercado bursátil no tan eufórico como hace una
década atrás, la demanda de dólares es menor, lo que vuelve a la
moneda mucho más débil.
A esto se le suma que EE.UU. sufre también de un abultado
déficit fiscal que se ha acelerado en los últimos cinco años. En
términos sencillos, esto quiere decir que la economía
estadounidense gasta más de lo que recibe por ingresos.
Los altos niveles de gasto, más que nada por la guerra en Irak y
la seguridad interna como producto de la lucha contra el
terrorismo, junto a la reducción en los impuestos que ha venido
haciendo la administración del presidente George W. Bush,
explican el abultado déficit fiscal de EE.UU que ya alcanza los
US$400.000 millones.
¿A quién afecta?
La debilidad del dólar afecta fundamentalmente a Europa y los
países asiáticos.
Un dólar más débil, o lo que es lo mismo, un euro más fuerte,
vuelve menos competitivas las exportaciones europeas, es decir,
los productos y/o servicios europeos se vuelven más caros frente
a los estadounidenses. Lo mismo ocurre para los países
asiáticos.
A lo anterior se suma que el alto endeudamiento del gobierno
federal estadounidense tiene el potencial de elevar las tasas de
interés en los mercados financieros.
El alza de las tasas de interés no sólo perjudica a los
consumidores estadounidenses -que deben pagar más por el
crédito-, sino que también afecta la deuda de los países en vías
de desarrollo al tener que desembolsar mucho más de sus
bolsillos a la hora de pagar sus compromisos financieros.
La baja del dólar también perjudica a los países como los
asiáticos que tienen la mayoría de sus reservas internacionales
en esa moneda, debido a que esas reservas cada día valen menos.
¿Qué se puede esperar?
Hasta el momento, el gobierno estadounidense no ha hecho nada
para detener la caída del dólar, y más aún, el presidente George
Bush parece decidido a no modificar su actual política
económica.
Un dólar débil mantiene contentos a los exportadores
estadounidenses al volver más competitivos (baratos) sus
productos en el exterior. Y es una herramienta directa para
financiar el déficit comercial, es decir, lograr incrementar las
exportaciones para que logre cubrir la brecha negativa que
generan las mayores importaciones de bienes y servicios.
Al mismo tiempo, Bush parece decidido a mantener bajos los
impuestos, con lo que, si la economía estadounidense continúa
gastando al mismo ritmo que lo viene haciendo ahora, el déficit
presupuestario seguirá incrementándose, y con él, el déficit
comercial y, por ende, se acentuará la debilidad del dólar.
Sin embargo, un paso inteligente sería realizar algún tipo de
ajuste para que el dólar recuperara parte del terreno perdido,
debido a que un billete verde más débil sólo favorece a EE.UU.
en el corto plazo y perjudica, en todo momento, a las economías
del resto del mundo.
Lo que hoy parece favorable para EE.UU., podría tornarse
negativo en el mediano y largo plazo, cuando las menores
exportaciones europeas signifiquen un menor crecimiento de estas
economías y, por ende, una menor demanda de productos
estadounidenses y, en consecuencia, un menor crecimiento
económico.
A eso se le sumarán inversores descontentos, gobiernos fuertes
(como los europeos y asiáticos) molestos y organismos
internacionales capaces de ejercer presión.
Un terreno en el que EE.UU., ni siquiera debería pensar en
entrar.