Limitarse a confiar en la fuerza sólo puede resultar en
una mayor propagación del terrorismo por todo el mundo. En mis
anteriores artículos he expuesto las razones por las que
considero probable un ataque de Estados Unidos contra Irán, la
forma en que se produciría y las consecuencias que acarrearía.
Por William R.
Polk (*)- Bitácora
En este artículo
hablaré de la manera de sortear el escollo y de disponer al
propio tiempo los medios oportunos y convenientes para impedir
en el futuro un aumento de la proliferación nuclear.
Siempre es útil - ya se trate de diplomacia o negocios-
enterarse de lo que quiere y teme la otra parte... Considero que
las esperanzas y temores del Gobierno iraní se cifran en tres
factores.
El primero se refiere a las posibilidades de Irán de hacerse con
alta tecnología que, entre otros campos, sobresale en nuestra
época en el terreno nuclear.
Hay que señalar que Irán posee grandes reservas de petróleo, de
modo que no persigue meramente poseer una fuente de energía
nuclear: su resolución y adquisición de conocimientos
constituyen la palanca que le permite reforzar precisamente su
nivel y potencia en este terreno a escala planetaria.
En segundo lugar, Irán aspira a colocarse a la par respecto de
las principales potencias. El nacionalismo ha guiado la política
de este país desde los tiempos del amigo y aliado de Estados
Unidos - el sha- y no sólo en el régimen actual. Difícilmente
podrá exagerarse el orgullo de los iraníes con relación a su
cultura e historia... Están decididos a esforzarse para que Irán
no sea un país del Tercer Mundo.
En tercer lugar, el régimen iraní trata de protegerse ante la
amenaza de una invasión estadounidense y/ o Israel tras ser
incluido en el llamado eje del mal y a la vista de que otro de
los países incluidos - Iraq- ha sido invadido y su Gobierno se
ha visto derrocado, en tanto que Corea del Norte ha encontrado
la forma de inmunizarse ante un eventual ataque militar al
dotarse de armamento nuclear. La lectura iraní de tal evolución
de los acontecimientos es la siguiente: "Irán debe poseer a su
vez el arma nuclear". Y, como el periodo de tiempo necesario
para que un Estado - sea cual fuere- se haga con tal armamento
resulta altamente peligroso, Irán ha puesto buen cuidado en
negar la existencia de tal programa de armamento nuclear. Rusia,
China, Israel, India y Pakistán hicieron lo propio en su día. En
cualquier caso, estoy convencido de que Irán se está dando
prisa. Necio sería si no lo hiciera. Por tanto, ¿qué cabe hacer?
Los gobiernos occidentales sostienen que sólo hay dos opciones:
o permitir que Irán ingrese en el club nuclear o desarmarlo por
la fuerza. Si efectivamente son las dos únicas opciones
posibles, creo que aun de mala gana los países europeos y la
opinión pública estadounidense respaldarán los planes de ataque
de la Administración Bush, porque el auge de la proliferación
nuclear - especialmente en el caso de otro Estado
fundamentalista, acusado además de apoyar el terrorismo-
constituye una realidad demasiado terrorífica como para
reaccionar con indiferencia. Sin embargo, existe una tercera
opción que quiero describir en el contexto de una política
global.
Mi juicio ponderado es que el modo de mitigar la amenaza que
según se afirma representa Irán para nuestra sociedad y estilo
de vida es justamente el opuesto de lo que venimos haciendo
últimamente, amenazando y reuniendo medios e instrumentos para
atacar a Irán. En lugar de avanzar por esta vía, deberíamos - en
primer lugar- abjurar de la doctrina del ataque
preventivo,incrustada firmememente en la política de seguridad
nacional estadounidense. El problema radica en que tal política
obligará al régimen iraní a ocultar lo que haga y a hacer cuanto
esté en su mano para hacerse con el arma nuclear.
En segundo lugar, deberíamos poner fin a lo que estamos haciendo
para echar abajo el actual régimen iraní. Según se ha informado
- y el Gobierno iraní así lo cree y afirma-, hemos introducido
agentes de los servicios de inteligencia en el país a fin de
fomentar la rebelión, estamos rodeando Irán de imponentes y
pavorosas fuerzas militares para intimidar a su Gobierno. El
Gobierno iraní puede optar por doblegarse o por resistir. Por lo
que sabemos y podemos apreciar, ha elegido resistir. En
consecuencia, nuestra política es contraproducente.
En tercer lugar, hemos de entablar un diálogo sensato y
razonable con el Gobierno iraní a fin de verificar nuestras
presuposiciones. Al aislarlo, no hacemos más que dar alas a los
partidarios de la línea dura y demorar aún más las perspectivas
de apertura y progreso.
En cuarto lugar - factor esencial para fomentar una iniciativa
de paz en la región-, deberíamos presionar urgentemente, con
inteligencia, tesón y firmeza, en favor de la constitución de un
orden político y estratégico completamente distinto en Oriente
Medio. En este marco, la tarea más apremiante es avanzar hacia
un desarme nuclear en la región. Europa y Estados Unidos poseen
notable experiencia al respecto y lograron importantes progresos
hasta hace un decenio. Pues bien, hemos de reanudar el proceso
en interés de todos porque las armas nucleares emplazadas en un
lugar constituyen un peligro para todos. También Israel - en
interés propio- debería acceder a tal iniciativa, al igual que
Estados Unidos... y, también, en el mismo contexto de progreso
hacia la paz, Irán. Sin embargo, debo reiterar que tanto Israel
como Europa y EE. UU. avanzan en contra de sus propios
intereses. Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos - en violación
del tratado de No Proliferación Nuclear de 1968- incrementan y
ponen al día sus arsenales, en tanto el enorme arsenal en
posesión de Israel provocará que otros países de Oriente Medio -
como ha sucedido en el caso de Irán- se propongan dotarse de
armamento nuclear. Es probable que más pronto que tarde Arabia
Saudí y Egipto se pongan en marcha para hacerse con tales armas.
De modo que, en lugar de constituir una fuente de seguridad, la
política israelí de armamento nuclear perjudicará gravemente su
nivel de seguridad.
En quinto lugar, la política de Israel sobre el problema
palestino guarda indudable relación con el conflicto entre Irán
y Estados Unidos. A menos que los palestinos puedan crear un
Estado - o hasta que lo hagan-, no hay esperanza posible de
seguridad amplia y general en la región. El miedo y el odio que
irradian del problema palestino envenenan cualquier iniciativa
en dirección de la paz.
En lugar de afrontar sincera y abiertamente las cinco cuestiones
que acabo de enumerar, limitarse a confiar en la fuerza sólo
puede resultar en una guerra prolongada y en una mayor
propagación del terrorismo por todo el mundo. Acometer su
resolución constituye la mejor manera de avanzar hacia la paz y
la seguridad que todos queremos y necesitamos.
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(*) Miembro del Consejo de
Planificación Política del Departamento de Estado durante la
presidencia de John F. Kennedy. Estados Unidos.