Es que es el Poder Ejecutivo y no el Congreso legislativo el que supervisa el
accionar de las Fuerzas Armadas y el que toma las decisiones respecto de la
ocupación de Estados Unidos a Iraq.
"El principal control que tiene el Congreso es financiero", explicó Pratap
Chatterjee, director de la organización no gubernamental Corpwatch.
"El Congreso puede negarse a pagar por la guerra, que es lo que hizo en (la
invasión a) Vietnam (1964-1975), pero no puede dictar realmente cómo es
librada", precisó.
En este punto, desfinanciar la guerra no parece probable. La demócrata Nancy
Pelosi, posible próxima presidenta de la Cámara de Representantes, dijo tras las
elecciones legislativas del 7 de este mes que quiere "trabajar junto (con el
gobernante Partido Republicano) para enviar un mensaje claro al gobierno y al
pueblo iraquí de que deben desarmar a las milicias".
Pelosi señaló que los iraquíes "deben enmendar su Constitución y comprometerse
en la diplomacia regional para generar una estabilidad real y una reconstrucción
en Iraq".
Por su parte, el también demócrata Harry Reid, probable líder de la mayoría del
Senado que asumirá en enero, se hizo eco de las declaraciones de Pelosi cuando
les dijo a los periodistas que quería realizar una "cumbre bipartidista sobre
Iraq" más que hacer que la guerra se termine rápidamente.
Incluso los demócratas que ingresaron al Congreso en una marea de sentimientos
antibélicos hablan cautelosamente de la idea de quitar fondos para la guerra.
"Es muy importante darles a nuestras tropas las cosas que necesitan para su
propia seguridad", comentó a IPS el congresista electo Jerry McNearny. "No sé si
desfinanciar la guerra es el mejor camino a seguir para poner fin a esa guerra
que vuelva a todos más seguros", indicó.
Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001 a Nueva York y Washington, que
dejaron 3.000 muertos, el Congreso realizó una serie de votaciones autorizando
448.000 millones de dólares para financiar las invasiones a Iraq y Afganistán.
En la Cámara de Representantes, cada uno de esas iniciativas tuvo un abrumador
apoyo demócrata, incluyendo a la propia Pelosi. Cada votación en el Senado sobre
este tema fue unánime.
Pero no es que no haya habido quejas. En un discurso contra las asignaciones de
fondos para la guerra por parte del gobierno del republicano George W. Bush, en
la pasada primavera boreal, el senador demócrata Robert Byrd se quejó de que el
Poder Ejecutivo estuviera haciendo profundos recortes en gastos internos, casi
el mismo monto utilizado hasta ahora para la guerra de Iraq.
Esas reducciones de fondos incluían hacer que los veteranos de guerra costearan
su atención médica, subfinanciar una ley favorable a los niños de sectores más
débiles y recortar fondos del presupuesto de los Institutos Nacionales de Salud.
Un área donde los demócratas pueden ejercer su poder es las audiencias de
control de gastos en Iraq. El congresista Henry Waxman, propuesto para presidir
los comités de control del gobierno, y el senador Byron Dorgan, indicaron que
planean ser implacables en su tarea.
"Ellos pueden decir: 'queremos que los directores de contratistas militares como
Bechtel o Halliburton vengan y testifiquen' y ellos tendrán que hacerlo, porque
es así como funciona la ley", dijo Chatterjee. "Se puede reclamar respuestas a
quienes ocupan cargos jerárquicos y estos pueden ser obligados a entregar
documentación interna", sostuvo.
El activista antibélico Tom Hayden tiene un punto de vista ligeramente
diferente, pues ve la victoria demócrata en las elecciones para el Congreso como
el inicio de un largo proceso que terminará poniendo fin a la guerra,
probablemente después de que Bush deje el gobierno, en 2008.
"Es de mucha ayuda que los demócratas haya encontrado su voz para condenar la
administración de la guerra", dijo a IPS. "Donde los demócratas todavía no son
tan buenos es en qué hacer al respecto", añadió.
"Habrá un intento de los dos partidos por mantener la guerra en marcha y tratar
de que el asunto no se instale en el público, pero eso me parece imposible de
conseguir", apuntó.
Precisamente, Hayden entiende que lo mejor que pueden hacer los activistas es
emplear todas sus energías en convencer a los jóvenes estadounidenses de no
enlistarse en las Fuerzas Armadas.
"El contra-reclutamiento en escuelas secundarias, universidades e institutos
terciarios es muy importante, así como lo es mantener el sentimiento popular
contra la guerra", opinó.
La resistencia a la guerra ya se está construyendo dentro de las bases del
propio ejército.
Más de 100 soldados activos pidieron protección al Congreso en octubre, en el
marco de la ley que protege a quienes hacen denuncias dentro del ejército, y en
los últimos meses surgieron varias organizaciones de ex combatientes contrarios
a la guerra, como "Veteranos de Iraq Contra la Guerra" y "Veteranos de Iraq por
el Progreso".