Durante mi infancia, mi familia se reunía todas las noches frente al
televisor para ver juntos programas como M*A*S*H. Actualmente, sin embargo, en
vez de unir a la familia, la televisión la está separando.
Por Jeff Opdyke - The
Wall Street Journal
Mi mujer, Amy, y yo tenemos un televisor en la sala de la casa, otro más pequeño
en mi oficina, un tercero en el cuarto de huéspedes y un cuarto en la habitación
de mi hijo de nueve años, que no está conectado al servicio de cable y sirve
sólo para satisfacerle sus deseos de videojuegos.
Cuando estamos todos viendo televisión al mismo tiempo, con frecuencia cada uno
está delante de un aparato distinto. Ahora, mi hijo quiere dar un paso más hacia
la separación total y nos ha pedido que le conectemos el cable al televisor de
su habitación. Hasta hoy, le hemos dicho que no.
Con todo lo que se ha publicado sobre el impacto negativo de la televisión sobre
el tiempo dedicado a la familia —sin mencionar el efecto en las neuronas de los
niños—, siempre he asumido que mi hijo está mejor sin una TV en su habitación.
Y entonces hablé con una amiga. No es que lograra cambiar por completo mi
opinión, pero ciertamente me dejó con dudas. Puede ser, comencé a pensar, que no
sea tan malo darle el gusto a mi hijo. Puede ser que el televisor en su
habitación no mate todas sus neuronas. Puede ser que yo sea muy testarudo.
Cambio de canal
Prácticamente todos los niños del mundo sueñan con tener su propio televisor. Es
uno de esos ritos de la infancia, como el de querer su propia habitación o
teléfono. Y, honestamente, cuando cursaba octavo grado, tenía mi propio
televisor blanco y negro en mi habitación. Y cuando pasé a secundaria, el viejo
aparato fue reemplazado por un televisor a todo color.
Varios amigos míos comparten la opinión de que los niños no deberían tener su
propia TV.
"Creo que ver televisión debería ser algo para hacerse en un espacio público,
algo que la familia hace reunida", comentó una amiga cuya hija está en la
escuela primaria. Alex, otra amiga que tiene una hija adolescente, se declara
radicalmente en contra de la TV en la habitación, ya que cree que aislaría a su
hija. En lo que sí está de acuerdo es que si el televisor se encuentra en un
área compartida, puede servir para compartir con la familia. Alex cuenta que
suele ver con su hija programas en DVD para adolescentes como Dawson's Creek y
Gilmore Girls, lo que le ayuda a conversar sobre temas que generalmente son
delicados. "Un episodio abordaba el sexo y aproveché para (...) hablarle sobre
el tema sin que pareciera fuera de contexto", relata.
Pero la moneda tiene dos caras, y otra amiga, que le negó a su hija de siete
años una TV, está reconsiderando su decisión después de hablar con una conocida
que opina diferente. "Me hizo ver que yo tengo un aparato en mi habitación
porque a mí me gusta la comodidad de ver TV en mi cama. Los niños quieren lo
mismo. Además, frecuentemente padres e hijos están interesados en ver programas
distintos. Con las tecnologías actuales para bloquear el acceso a determinados
canales, no existe el riesgo de que terminen viendo cosas que no deberían ver",
cuenta mi amiga.
Reglas claras
Lo más importante es imponer reglas para que no haya abuso. Los niños necesitan
saber nuestras expectativas sobre sus hábitos televisivos y tienen que saber que
existe el riesgo de perder el privilegio si no respetan las reglas.
Al igual que los adultos, los niños quieren lo que no pueden tener. Al conceder
sus deseos de manera razonable, aumentamos la posibilidad de retener el control
de la situación.
La conocida de mi amiga dijo que creció con una TV en su habitación y
actualmente no pasa mucho tiempo viendo televisión. El hecho de que no era un
fruto prohibido le quitó un poco el interés.
Aunque mi hijo ha seguido sin protestar las reglas que Amy y yo le hemos
impuesto sobre el hábito
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