Las nuevas murallas ya provocaron más muertos que el Muro de Berlín.
Por Néstor Restivo - Clarín
El Senado de EE.UU. no pudo acordar el viernes
7 de abril el marco regulatorio para los
inmigrantes, con lo que se volvió al proyecto de Representantes, que incluía un
muro de 1.300 kilómetros en la frontera con México. Quizás avance una ley menos
controvertida, pero en los hechos es eso lo que queda por ahora.
Días antes, en las elecciones en
Israel, se reabrió el debate sobre el muro (600 kilómetros) que ese país levanta
frente a Cisjordania palestina. Estos y otros proyectos reviven la vieja, e
inútil a la postre, tentación de tener paredes de segregación o protección.
La antigua gran muralla china, hoy turística; la que ordenó Adriano, en menor
escala, para proteger el límite británico del imperio Romano, o las casas del
señor feudal y los burgos medievales amuralladas son ejemplos de aquel afán. Y
en 1989 cerró un ciclo histórico al caer el Muro de Berlín, símbolo de la guerra
fría. Pero los "nuevos muros" están llamados a provocar más oprobio, y
muchísimas más muertes.
Si en sus 28 años de vida el de Berlín provocó la muerte de 270 personas que
quisieron cruzarlo, los nuevos bloques, alambrados, campos minados y rejas
electrificadas que cortan el flujo humano entre al menos 27 países a lo largo y
ancho del mundo provocaron ya muchísimos más muertos.
Raul Zelik, escritor alemán, dijo a Clarín que en los enclaves de España en
Ceuta y Melilla, Marruecos, donde en 2005 hubo un estallido de hambrientos que
querían ir a Europa y una represión para evitarlo, "murieron 4.000 personas
desde los años 90 intentando cruzar a Europa, incluidos los muertos en el mar.
El Muro de Berlín fue nada en comparación con esto".
Los nuevos muros vinieron con la globalización, que avala el flujo de capitales
y bienes pero divide a las sociedades. En este siglo, las migraciones prometen
ser uno de los temas cruciales, junto con el acceso a recursos naturales.
Unos en armado o en proyecto, otros ya acabados, hay también muros entre Chipre
y Turquía; entre las dos Coreas; India y Paquistán (en Cachemira) e India y
Bangladesh; entre Bostwana y Zimbabwe; Arabia y Yemen; Kirguistán y Uzbekistán;
Tailandia y Malasia e Irak y Kuwait, iniciado tras la Guerra del Golfo y ahora
suspendido.
Holanda construyó uno en el puerto de Rotterdam. Marruecos terminó otro contra
el Frente Polisario (el más largo del mundo, 2.500 kilómetros) y hay que agregar
la "línea de la paz" entre las Belfast católica y protestante en Irlanda del
Norte. El que algunos legisladores de EE.UU. proponen para su frontera con
México busca "atender" la presión latinoamericana, que aporta 13% (25 millones
en 2005) de los migrantes mundiales, según la CEPAL.
Andres Thomas Conteris, un estadounidense de No Violencia Internacional, dijo a
Clarín: "Prima una mentalidad fascista, de fortaleza. Quieren separar a diversos
pueblos, a ricos y pobres, y nos oponemos absolutamente". Agregó: "Todo la
alegría por la caída del Muro de Berlín ahora se revierte y en mayor dimensión.
Pero cada vez hay más movimientos de solidaridad para frenarlos".
Jamal Juma, coordinador palestino de la Campaña Anti Muro del Apartheid (Stopthewall.org),
expresó a su vez a Clarín que "el muro quitará 12% más de tierra a los
palestinos.
Y ya vivimos en 4 ghetos (Gaza y
Cisjordania dividida en norte, centro y sur) y las principales partes del muro y
dos de los tres principales puestos de control ya funcionan. Son estructuras
orwellianas, de control y humillación", indicó.
Entre India y Bangladesh, medio millón de personas deberá dejar su hogar por el
nuevo muro.
Entre las dos Coreas, la línea
divisoria es una amenaza constante por su grado de militarización. En todos los
casos, como dijo Peter Hackim, de Diálogo Interamericano para el caso EE.UU.-México,
son "una idea abominable".