Por Alfredo Jalife Rahme -
La Jornada (*)
Una lectura superficial llevaría a concluir en forma precipitada que
la alianza EU-Europa obligó a Rusia y a China a doblegar a Irán mediante la
votación unánime de 15 contra cero, que exige el cese tanto del enriquecimiento
de uranio como de los proyectos de agua pesada, e impone las primeras sanciones
sobre el programa nuclear chiíta, al que se le prohíbe la adquisición de
material y tecnología susceptibles de ser utilizados para construir una bomba
atómica (Bloomberg, 23.12.06).
Ian Bremmer, presidente del grupo Eurasia, con sede en Nueva York,
teme que la escalada desemboque en un sustancial incremento del precio del
petróleo: "Irán, segundo productor de la región, puede interrumpir los mercados
librando guerras por procuración en Irak, Líbano y los territorios palestinos".
En realidad, después de dos meses de intensas tratativas tras
bambalinas, el proyecto de resolución 1737 emergió sumamente diluido y los
funcionarios iraníes aprovecharon la oportunidad para fustigar las dos pesas y
mil medidas del CS que ha cerrado los oídos a la confesión del primer ministro
Ehud Olmert sobre la clandestina posesión israelí de bombas atómicas sin la más
mínima supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), lo
cual parece gozar de la deliberada negligencia del CS.
A nuestro juicio, la resolución, más simbólica que efectiva, fue un
acto fallido porque consiente la entrega de material combustible nuclear ruso a
la planta nuclear de Bushehr (por cierto, construida por Moscú) y todavía se
encuentra muy lejos en tiempo y espacio para avalar el uso de la fuerza que
busca el eje israelí-anglosajón. Como decimos en español castizo: Rusia y China
le dieron atole con el dedo tanto a Estados Unidos como a la poco cohesiva
alianza tripartita de Gran Bretaña, Alemania y Francia que, quizá, haya apostado
demasiado en el descalabro electoral que sufrió el presidente Ahmadinejad, quien
proclamó que "quiera o no Occidente, Irán ya es una potencia nuclear".
Estados Unidos lleva 27 años de embargo, congelamiento de cuentas
bancarias y de hostigamiento brutal, ahora sumadas de sanciones, que, por lo
visto, no han surtido el más mínimo efecto. La respuesta iraní no se hizo
esperar y de inmediato aceleró su programa de enriquecimiento de uranio.
Philippe Bolopion, del periódico parisino Le Monde
(25.12.06) detecta correctamente que "el texto inicial fue despojado por Rusia y
China de todos los elementos que pudieran entorpecer el comercio lícito con
Irán, incluyendo el rubro nuclear civil".
Para el sueco
Hans Blix, quien dirigió la AIEA de 1981 a 1997, las
sanciones "no son muy duras" y tampoco tendrán "gran impacto", ya que "Irán no
depende tanto de tecnologías importadas". ¿Entonces?
A nuestro juicio, de dos cosas una: el eje anglosajón, empantanado
en Irak, busca mejorar su patética posición en el tablero de ajedrez
medio-oriental para finalmente sentarse a negociar con la teocracia chiíta, o
busca en forma gradual una cobertura legaloide, estimulada por su poderosa
propaganda negra, para contar con el apoyo de la "comunidad internacional"
cuando se decida a bombardear las plantas nucleares iraníes seleccionadas, en
particular las de Natanz e Isfahan, que no incluirán la de Bushehr, construida
por los rusos.
Dos días después a la imposición de sanciones, mientras cuatro
iraníes eran capturados en Bagdad por las fuerzas de ocupación de Estados Unidos
(un verdadero acto de guerra curiosamente escamoteado por Teherán), entre
quienes se encontrarían dos altos funcionarios de las "Guardias Revolucionarias
Iraníes Al Quds" que supuestamente entrenan al Hezbolá libanés, The New York
Times (25.12.06) reveló la "evidencia" de la supuesta interferencia persa
en Irak, lo cual delata la conectividad entre la nuclearización de la teocracia
chiíta con el embrollo anglosajón en Irak que necesita la salvación del eje
Siria-Irán para poder retirarse en forma honrosa y airosa.
Los multimedia israelíes exultan la imposición de las sanciones (IHT,
23.12.06); Egipto, la mayor potencia sunita del Mundo Arabe, reclamó
juiciosamente el fin de las dos pesas y dos medidas en materia nuclear. Su
canciller Ahmed Abul Gheit fustigó la "negligencia de ciertos países
occidentales en asuntos de no proliferación al permitir que algunos estados
adquieran capacidad nuclear mientras se lo impiden a otros", en clara alusión a
la dotación clandestina de Israel (AFP, 25.12.06). ¿Cómo la hipocresía
anglosajona puede deslindar la desnuclearización iraní de la proliferación
nuclear israelí?
La reacción china consistió en exhibir una amplia sonrisa sardónica
y su agencia oficial Xinhua (24.12.06) daba vuelo a la charla telefónica entre
Putin y Bush previa a la votación. Al día siguiente People's Daily
diluyó los alcances de las sanciones "limitadas y reversibles", que consideró
inefectivas, y clamó por el inicio de negociaciones.
Una interpretación sumamente interesante proviene de De Defensa
(24.12.06), centro de pensamiento estratégico europeo, que escudriña las
limitaciones de las sanciones como un "evento que mide el declive de Estados
Unidos". Afirma que las votaciones en la ONU "miden la potencia de unos y
otros", lo cual "demuestra en forma asombrosa" la resolución 1737 que
"diagnostica en forma terrible el vuelco de poderío en los recientes tres años",
como "símbolo del la borradura, para no decir desplome del poderío e influencia
estadounidense en el mundo", mientras se asienta cada vez el peso considerable de
Rusia.
Al centro europeo le preocupa el estatuto del poderío de Estados
Unidos: "Su paso de la unipolaridad a la multipolaridad", convertido en un
"actor más (sic) que despierta el mayor desafío debido a su carácter
imprevisible".
Sustenta su argumentación en un reportaje del The Washington
Post (23.12.06) "Nyet sobre Irán: Rusia convirtió la resolución en
una demostración de la debilidad occidental", y en un comentario de Stevens C.
Clemons el mismo día en el mismo periódico.
Para el rotativo
estadounidense triunfó la "intransigencia de Rusia"
y los europeos fueron obligados a "desechar la prohibición de viajes, la única
medida que pudo haber ocasionado alguna molestia a los iraníes", mientras el
gobierno bushiano, que "se rindió en casi todos los puntos", aceptó apoyar la
membresía de Rusia a la Organización Mundial de Comercio, "concesión que Moscú
hizo saber que era necesaria para obtener su voto". El resultado: "una victoria
pírrica de Estados Unidos contra Irán", cuyo mensaje final es: "Irán no necesita
temer las sanciones", mientras "Rusia emerge como potencia mundial" y "Bush se
pavonea" sin sensatez.
Para Clemons, la votación comporta un "significado simbólico cuando
se volvió el punto de referencia de la influencia en declive de Estados Unidos"
y la ascendencia de los "otros", en particular Rusia que "ha regresado por la
puerta grande al juego diplomático".
¿Cuáles sanciones?
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(*) "Bajo la Lupa" -Columna del autor en La Jornada, México