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(IAR-Noticias)
24-Diciembre-06
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El primer ministro israelí Ehud Olmert junto al presidente palestino Mahmud Abbas. |
Un proverbio árabe dice: "si tienes cocinero, ¿para qué te vas a manchar las
manos?"
Por Agustín Velloso
(*) -
CSCAweb
Si se castiga muy duramente a la población palestina por un lado y por otro se
ofrece una salida (por más que sea falsa) a unos pocos colaboracionistas, se
siembra la discordia política interna y se mina la moral de la población. La
maniobra de Israel y Occidente, como en el caso de Iraq en definitiva, la
política colonialista– es clara. Hamas tiene la responsabilidad de neutralizarla
sin abandonar sus principios. Fatah la de renunciar si aún puede– a convertirse
en un instrumento de Israel en contra de su pueblo. Hamas está atado de manos y
acosado por todas partes, Fatah está adormecido y corrompido. Como muchos
líderes de la resistencia han muerto o están en la cárcel, parece que solamente
queda el pueblo para salvar la causa palestina.
Un proverbio árabe dice que "si tienes cocinero, ¿para qué te vas a manchar las
manos?". En la abultada lista de acciones que Israel lleva a cabo contra el
pueblo palestino, no es algo nuevo el reclutamiento de individuos para que
colaboren a favor de los objetivos del sionismo y en contra los intereses de la
mayoría palestina.
En 1951, durante una visita a la mezquita de al–Aqsa, en Jerusalén, el rey de
Jordania Abdalá resultó muerto por los disparos de un palestino descontento con
los tratos particulares que mantenía con los dirigentes del movimiento sionista
en beneficio propio y a costa de los derechos de los palestinos. El nombre del
comando al que pertenecía el justiciero, Mustafá Shukri Usho, al parecer un
sastre de 21 años, es del todo evocador: Brigada Dinamitera Árabe.
Posteriormente, los sionistas utilizaron durante una etapa de la ocupación de
Cisjordania a varios alcaldes pro jordanos de pueblos pequeños para
contrarrestar la creciente fuerza de los líderes de la Organización para la
Liberación de Palestina (OLP). Esta operación realizada en 1981 se bautizó con
el nombre de Plan de la Liga de los Pueblos. A cambio de favorecer a unos pocos
alcaldes, éstos se ocuparían de mantener sujetos a sus vecinos.
El escaso éxito de la operación no disuadió a los sionistas, que han seguido
hasta la actualidad con una política de fomento del colaboracionismo por parte
de unos pocos y de la división de las masas, algo típicamente colonialista,
además de la represión general de la mayoría de la población que no se puede
comprar. El movimiento islamista ahora demonizado y acosado no encontró
oposición en sus comienzos porque se le consideraba un buen freno a la
resistencia de la OLP.
Durante la Intifada que dio comienzo en 1987 y en muchas ocasiones después hasta
el día de hoy, Israel ha contado con un buen número de colaboracionistas. Esta
cuestión ha dado lugar a estudios y publicaciones por parte de diversos autores
y organizaciones (Andrew Rigby 1997, PHRMG 2002, etc.) y ha sido muy debatida en
el seno de la sociedad palestina, así que no tiene interés dedicarle espacio
aquí.
No obstante, de forma general hay que decir al menos que existen dos tipos
principales de colaboracionistas. Por un lado están las personas que a cambio de
recibir dinero u otro beneficio, cumplen por encargo de los sionistas un
cometido concreto o una serie de actos. Esto comprende una variedad de
actividades. Una de las más conocidas es la de facilitar la localización de un
líder de la resistencia a los agentes israelíes que llevan a cabo los
"asesinatos selectivos". Yahya Ayyash, "el ingeniero", murió en enero de 1996 al
utilizar su teléfono móvil, al cual miembros del Shin Bet (servicio de seguridad
interior de Israel) le habían adherido un explosivo. Un primo suyo se lo entregó
con el dispositivo a cambio de una recompensa. Si los agentes israelíes
consiguen con tanta frecuencia y acierto eliminar a líderes de la resistencia,
lamentablemente es porque no faltan colaboracionistas que facilitan enormemente
su labor.
Por otro lado están las personas que por diferentes problemas personales se ven
abocados en mayor o menor medida a colaborar con la ocupación israelí. Los
drogodependientes y los que tienen deudas forman parte de este grupo, pero
también otros que sencillamente buscan un alivio para situaciones difíciles, por
ejemplo, un hijo enfermo que precisa medicinas que están fuera de su alcance.
Salta a la vista la diferencia entre unos y otros aunque el efecto sea igual de
nocivo para la causa palestina. No hay que extrañarse de que existan
colaboracionistas porque los palestinos son seres humanos como los demás. De la
misma manera, algunos judíos, también por dinero, venden armas a los palestinos
e incluso han colaborado en el desarrollo de operaciones de martirio (mal
llamadas ataques suicidas), en particular transportando a sus autores hacia el
lugar de la operación en Israel. Sin embargo, llama la atención el elevado
número de colaboracionistas palestinos y es quizás una de las más graves
consecuencias del enorme poder destructivo de una ocupación tan longeva e
inhumana como la israelí.
Hasta aquí un asunto nada nuevo, aunque se ha traído a colación para comparar el
numeroso y relativamente conocido grupo de colaboracionistas "corrientes" con el
pequeño y casi invisible grupo de colaboracionistas que a la vez son líderes del
pueblo palestino. Son pocos los que consideran colaboracionistas a los que por
su condición de altos representantes políticos del pueblo palestino se les
supone automáticamente ajenos a la colaboración con el ocupante, inmunes a sus
corrupciones y acaso también libres de tentaciones tan repugnantes como humanas,
o sea, poder y dinero.
Además, entre los partidarios de la causa palestina se evita reflexionar sobre
esta cuestión. Principalmente porque gran parte de la gente que se considera de
izquierdas no se siente cómoda con el Islam político o incluso le repele, por
tanto prefieren que fracase o hacerlo fracasar si es preciso.
Por supuesto, también está la izquierda de la "alianza de las civilizaciones" y
otras agregadas al imperialismo con mayor o menor ímpetu (por ejemplo el
socialismo español y el laborismo británico respectivamente, que comercian con
armas y mantienen estrechas relaciones militares con Israel), que son en
realidad aliadas del sionismo, el cual es sin paliativos de extrema derecha.
Parece que la afinidad cultural e incluso religiosa pesa más que la defensa de
los derechos humanos y el apoyo a los pueblos bajo ocupación que se supone
caracteriza a las formaciones políticas de izquierda. Abu Mazen y su partido
Fatah otrora una formación terrorista– son hoy los moderados, y dialogantes
socios en el (así llamado) proceso de paz, mientras que Ismael Haniyeh y Hamas
son los terroristas y extremistas contrarios a la paz.
Esto, aunque parezca una aberración imposible a primera vista, se ve con
claridad meridiana en el trato que están dando las democracias occidentales al
gobierno limpia y democráticamente elegido en enero de 2006 en los Territorios
Ocupados por los palestinos y en la forma en que son castigados por haber
elegido al gobierno que no gusta en Occidente.
Es cierto que un palestino que por dinero informa a agentes israelíes del
paradero de un resistente, a sabiendas de que su información lleva aparejada la
muerte de éste, es calificado como colaboracionista y como tal es tratado por la
resistencia que cuando puede ejecuta al traidor. Sin embargo, no reciben la
misma calificación y mucho menos el mismo trato los líderes que colaboran con el
ocupante.
No cabe duda de que estos líderes no son considerados colaboradores generalmente
por la gente y es inútil persuadirles de que lo hagan. Por ello, es mejor
observar sus actuaciones y determinar si son beneficiosas para la causa
palestina o para Israel, o sea, si son propias de líderes de un pueblo que
resiste la ocupación militar, sufre su violentísima represión y es víctima
indefensa de un genocidio, o son propias de colaboracionistas que tienen otras
prioridades.
En menos de un año, el tiempo que hace que Hamas se hizo cargo del gobierno por
voluntad popular, los líderes de Fatah, el partido castigado en las urnas por
esa misma voluntad debido a su corrupción y falta de logros en la lucha
nacional, ha torpedeado la acción del gobierno legítimo en una escalada que ha
ido desde la toma de decisiones políticas comprometedoras cuando ya estaban
gobernando en funciones, el uso ilegítimo de los fondos nacionales antes de que
el nuevo gobierno pudiese controlarlos, el acoso mediante protestas y huelgas
políticamente manejadas, el planteamiento de exigencias antidemocráticas en la
formación del gobierno de unidad nacional, la no colaboración con el gobierno,
tanto dentro de los Territorios Ocupados como en las delegaciones
internacionales y ante los organismos regionales y mundiales, la amenaza de
disolución del gobierno y del parlamento y el anuncio de elecciones anticipadas,
la provocación y el enfrentamiento directo y violento con el gobierno, hasta la
colusión con Israel, Estados Unidos y la Unión Europea, para desalojar a Hamas
del gobierno mediante diversas operaciones, en particular de dos maneras
principales: por un lado la captación de dinero de esos países para el pago de
los sueldos y equipamiento de los miembros del servicio de seguridad del
presidente Abbas y sus colaboradores; por otro los acuerdos con aquellos países
sobre espionaje político y asistencia militar, o sea la formación de las tropas
presidenciales.
La situación no puede ser más grave para los palestinos. Es imposible alcanzar
los fines nacionales e incluso resistir la ocupación, si a la lucha contra el
enemigo sionista hay que sumar al mismo tiempo la lucha contra el enemigo
interno. Este deterioro de la causa palestina ha sido progresivo y viene desde
los tiempos de Arafat, ya que por un lado su estilo de gobierno favorecía las
divisiones internas y por otro porque pactaba con Israel en detrimento de su
pueblo. Por aquel entonces, aún más que ahora respecto de Mahmud Abbas, que no
tiene ni su autoridad ni su carisma, era casi tabú criticar al líder, menos aún
considerarle un colaboracionista. Sin embargo, este cáncer crecía imparable
entre los dirigentes palestinos y hoy no tiene marcha atrás. Su resultado es
claro: palestinos que prefieren colocarse al lado del opresor, los Mazen, Dhalan,
Erekat y otros, frente a su pueblo.
Los israelíes arropados por Estados Unidos y la Unión Europea– han aprovechado
muy bien su poder de coerción y corrupción para exacerbar el sufrimiento del
pueblo palestino y las debilidades de los líderes y hoy día no pueden desear
nada mejor: si los palestinos se matan entre ellos ¿por qué no ayudarles? Se
vende armas a los líderes dóciles, se les recibe con alfombra roja, se les hacen
fotos con Blair, Rice y Solana, se convence a la opinión pública mundial de que
todo esto es un proceso de paz y, al mismo tiempo, se aumenta el sufrimiento de
los palestinos hasta el límite para que se cumplan las palabras del líder
sionista, teniente general Rafael Eitan: "los palestinos son como cucarachas
drogadas que se mueven como locas dentro de una botella".
Si se castiga muy duramente a la población palestina por un lado y por otro se
ofrece una salida (por más que sea falsa) a unos pocos colaboracionistas, se
siembra la discordia política interna y se mina la moral de la población. La
maniobra de Israel y Occidente, como en el caso de Irak en definitiva, la
política colonialista– es clara.
Hamas tiene la responsabilidad de neutralizarla sin abandonar sus principios.
Fatah la de renunciar si aún puede– a convertirse en un instrumento de Israel
en contra de su pueblo. Hamas está atado de manos y acosado por todas partes,
Fatah está adormecido y corrompido. Como muchos líderes de la resistencia han
muerto o están en la cárcel, parece que solamente queda el pueblo para salvar la
causa palestina: mujeres de Beit Hanoun como las que recientemente se ha visto
en televisión dispuestas a defender a hombres palestinos, niños que siguen
enfrentándose con piedras a soldados israelíes, también sastres e ingenieros
dispuestos a dar la vida por la liberación.
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[*].– Agustín Velloso es profesor de la
Facultad de Educación en la Universidad Nacional de Educación a Distancia
(UNED), Madrid.
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