Desde la victoria de Hamas en las
elecciones de enero, los pasos de este guión marcadamente intervencionista se
han venido sucediendo para mayor sufrimiento de la población palestina. Las
urnas, superando el label occidental de democracia, hablaron claro y dieron el
mandato popular a la formación islamista y nacionalista de Hamas, y desde ese
día todos los resortes de los mal llamados demócratas se pusieron en marcha para
acabar con la voluntad palestina.
Primero se articuló un bloqueo económico, después el gobierno sionista retuvo
los millones que le correspondían al pueblo palestino en concepto de impuestos,
y a ello se añadió la ofensiva militar sionista y el bloqueo de Gaza. El mensaje
que las democracias occidentales mandaban al pueblo palestino era claro y
conciso, “podéis votar libremente siempre y cuando elijáis a los candidatos que
nosotros apoyamos”, todo un ejercicio de democracia occidental.
Crisis
Mientras que se pretende mostrar al mundo la situación palestina como un círculo
en permanente crisis, lo cierto es que ésta es el reflejo más manifiesto de lo
que en realidad está aconteciendo con el movimiento Al Fatah, que debe soportar
una crisis interna en diferentes frentes. A los ya conocidos conflictos por
hacerse con la dirección del movimiento se le sumas los que enfrentan a los
llamados dirigentes de la primera generación y los de las nuevas generaciones,
además de los que mantienen abiertos los diferentes sercitos de seguridad
próximos a Al Fatah y frente a otros grupos de la resistencia palestina.
Hoy en día el movimiento que en su día lideró el difunto Arafat es una amalgama
de facciones, coaliciones y redes personales y familiares, sin un liderazgo
claro y con una organización opaca. Además ante los ojos de la población
palestina estos dirigentes representan la imagen vivas de una vieja guardia,
ligada y asociada a la corrupción, al colaboracionismo con el enemigo sionista y
sus aliados occidentales. Son los nuevos ricos que han sabido enriquecerse a
costa del sufrimiento de la mayoría del pueblo y cuya materialización más
gráfica representan los coches de lujo y las vivienda faraónicas que les
acompañan.
Al Fatah representa hoy en día la imagen de un movimiento en decadencia, atado a
los deseos inconfesables de algunos de sus dirigentes y que de seguir por esa
vía, además de apostar por un enfrentamiento civil (algo que nunca en la
historia del pueblo palestino había tenido lugar), puede desembocar en la
desintegración del movimiento y ello también arrastrará en buen medida los
logros de palestina en su lucha por alcanzar sus objetivos nacionales.
Ya lo expresó hace algún tiempo una de las voces más consecuentes del movimiento
(por eso permanece secuestrado en las cárceles sionistas), Maruan Barguti,
señalando la necesidad de encontrar “nuevas formas de trabajo, nuevas
instituciones, que representen todos los centros de poder de nuestro pueblo”.
Similitudes
La incompetencia de Al Fatah, tras más de cuarenta años de hegemonía,
representan la imagen viva de un movimiento en clara decadencia, la fotografía
de la incompetencia y la corrupción. Son la representación del “cinismo
político, de la corrupción, del doble rasero, del derrotismo de todo un pueblo”.
Las presiones occidentales, con el estado sionista y Estados Unidos a la cabeza,
y con la inestimable colaboración de una desorientada Unión Europea, han logrado
ahogar aún más a la población palestina, marcando con fuego su “osadía” de creer
que por las vías democráticas y electorales podían elegir su futuro y a sus
representantes. La lección de democracia práctica que esos actores han
transmitido al pueblo palestino no hará sino aumentar el sufrimiento al mismo, y
añadir un grado más de desestabilización a una región ya de por sí bastante
compleja.
El olvido intencionado del pasado de un pueblo es un mal síntoma, por eso frente
a quienes ahora hablan de la necesidad de crear un gobierno de unidad nacional
palestino, olvidan que fue Hamas quine tras su triunfo electoral propuso esa
fórmula de gobierno para articular conjuntamente la defensa de los intereses de
todo el pueblo, y no la administración de una migajas de poder en beneficio de
unos pocos, la política que viene manteniendo desde hace años la dirección
política de Al Fatah.
Flaco favor han hecho a la democracia los que han reventado la experiencia
electoral palestina, mostrando ala mayoría del ese pueblo que sólo los
resultados electorales que convienen a Occidente pasan la prueba del algodón.
Todo este recorrido, cual camino del calvario palestino, no hace sino ahondar
todavía más las heridas de Palestina, para regocijo del sionismo y de sus
aliados, extranjeros (EEUU y la UE) como locales (toda esa amalgama de
colaboracionistas dispuestos a administrar el sufrimiento de los demás en
beneficio propio). Porque si profundizamos en la realidad palestina veremos que
no es cuestión de personajes sino de estrategias. Los colaboradores palestinos
que hoy en día parecen dominar Al Fatal, y que estarían dispuestos a dinamitar
el pasado heroico de ese movimiento (Mahmud Abas, Mohamed Dahlan), si fueran
honestos comprenderían que el apoyo y el aplauso de los enemigos políticos de su
pueblo no puede significar nada bueno para el mismo, y que la voluntad de
Palestina, manifestada en las urnas, debería bastar para comprender la necesidad
imperiosa de un cambio profundo en el rumbo que llevan tiempo manteniendo.
Aprovecharse de la coyuntura impulsada por Israel, anunciar el relanzamiento de
un plan de paz que nace defectuoso desde su inicio, no es más que seguir
complaciendo la mano de la ocupación y de sus intereses. Como dice el refrán
popular, no significa más “que pan para hoy y hambre para mañana”. Si se llevan
adelante los deseos de Abas y sus aliados, puede que la población palestina
cambie su intención de voto y apueste por unos dirigentes que les permitan
superar la grave crisis humanitaria actual, pero será sólo cuestión de tiempo
que esa dirección corrupta sea expulsada de la escena política de Palestina, al
menos si ésta decide seguir sus pasos hacia la autodeterminación definitiva de
su pueblo, y no quedarse encadenada a las miserias coyunturales que significan
determinadas ayudas, aunque éstas estén disfrazadas de un falso humanitarismo.
De momento parece que en Palestina es la hora de los tramposos, pero todos los
esfuerzos y las maniobras para desfigurar la verdadera voluntad de ese pueblo
acabarán chocando con el verdadero muro que desde hace décadas ha venido
construyendo la resistencia palestina en defensa de los intereses de todo el
pueblo.
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Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)