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En la imagen, Israel bombardea Líbano |
Todavía hace un
poco más de diez años todo parecía indicar que Oriente Próxima
sería una zona de paz y prosperidad.
Por
Eugenio
Satanovski -
RIA Novosti
Hoy, en cambio, puede considerarse optimista aquel que
pronostica guerras convencionales, pero no nucleares en esta
región.
Baste echar un vistazo a lo que ocurre en los países
mesorientales y sus vecinos más próximos.
Irak se ha convertido en una zona de anarquía y terror.
Kurdistán iraquí de hecho se independizó. Lo único que disuade
de proclamarlo como Estado soberano es el peligro de
enfrentamiento con Turquía. El resto de la geografía iraquí,
después de que se retiren las tropas de ocupación, con alto
grado de probabilidad sería repartido entre caciques locales
sunitas y chiítas, así como entre los grupos integristas
estrechamente vinculados a Al Qaeda. Los países lindantes con
Irak (Irán, Siria, Arabia Saudita y Jordania) podrían intentar
estabilizar la situación, pero su propia situación interna
tampoco es estable. La única excepción es, quizás, Irán, la
única democracia parlamentaria estable en Oriente Próximo
islámico. Esta democracia no deja de cobrar pujanza, aumentando
su influencia en Irak y en la zona del Golfo Pérsico en general,
en Siria y el Líbano. Pronto Irán diseñará su propia bomba
nuclear. El problema fundamental radica en evitar el conflicto
militar entre Irán e Israel, lo que es poco probable en caso de
que se mantenga la política de los actuales dirigentes iraníes.
Los territorios palestinos constituyen una fuente de amenaza no
sólo para Israel sino también para Jordania y Egipto. La idea de
crear el Estado palestino sirvió tan sólo de pretexto para que
la élite palestina obtuviera y robara los recursos financieros
asignados por organismos burocráticos internacionales. Las
enormes sumas obtenidas por los palestinos a lo largo de
decenios hicieron no competitiva su economía, generaron una
corrupción de proporciones alucinantes y convirtieron Palestina
en una especie de Harlem mundial que vive de subsidios. Sólo en
medio de un riguroso control militar se podrá acabar con el
terrorismo, reconstruir la economía y la infraestructura social
en Palestina. Pero ya ningún vecino de Palestina desea acometer
la solución de sus problemas y convertirse en "ocupante".
Israel, mientras tanto, ha entrado en la fase de crisis política
que afectó a todos los ramos del poder. Los intentos por
instaurar la paz causaron víctimas en vez de proporcionar
seguridad. Los israelíes ya no dan crédito a los políticos
norteamericanos ni europeos, pensando con razón que aquellos
están dispuestos a sacrificarlos en aras de beneficiar sus
propios intereses. El plan "paz a cambio de territorios",
experimento que montó la élite gobernante israelí, condujo a
quiebra su propio país. Ahora todo intento de retirar
asentamientos israelíes de Cisjordania o de las Alturas de Golan
se enfrentaría con una obstinada resistencia de sus habitantes,
colocando a Israel al borde de una guerra civil. Al propio
tiempo, por paradójico que pueda parecer, la amenaza iraní movió
a los árabes e israelíes a pensar en una alianza
político-militar.
Mientras tanto, en toda la región, desde Pakistán hasta Turquía,
desde Egipto y Sudan hasta Argelia y Marruecos los integristas
se movilizan, y su protagonismo político no deja de crecer.
En el Líbano ellos intentan llegar al poder. En Afganistán lo
están retomando. En Somalia y Palestina, después de asumir el
poder, consolidan sus posiciones. En toda la región crece la
persecución de las minorías étnicas y religiosas, aunque en la
ONU ello fundamentalmente se le recrimina a Israel, donde, en
comparación con los países vecinos, la situación de estos grupos
es casi ideal. En Oriente Próximo, el mayor peligro lo corren
los cristianos. En el Líbano todavía luchan por sus derechos,
pero se ven obligados a huir de Palestina e Irak.
Muchos ejércitos del área son más débiles que los grupos armados
integristas, mejor armados y adiestrados. Crece el peligro de
proliferación de armas de destrucción masiva, incluidas no sólo
la biológica y la química, sino también la nuclear (desde
Pakistán). No tiende a disminuir la producción y exportación de
la droga que "sustenta" la economía afgana. Sobre este telón de
fondo parecen males menores el peligro de desintegración de
Sudán, el problema de extinción de la dinastía gobernante en
Omán y la inestabilidad de regímenes en varios otros países.
Sufrió fracaso la política aplicada por las "grandes potencias"
y sus aliados hacia Oriente Próximo. La impotencia de la ONU, de
las fuerzas de paz de toda clase, de la Administración USA, etc.
evidencian a toda persona de criterios objetivos la bancarrota
de la política y la diplomacia practicadas por la comunidad
internacional. Los errores que se cometen de generación en
generación, los estériles intentos de poner en práctica unas
teorías desatinadas elaboradas hace medio siglo, la
incomprensión de las realidades locales, el ajuste de la
actividad política de uno a los intereses electorales en su
propio país, no hacen sino agravar la situación. Con tanta más
razón de que los políticos y los medios de comunicación social
dedican la mayor atención al conflicto palestino-israelí que en
realidad es un enfrentamiento periférico y el menos sangriento
del área.
Millones de personas son atrozmente exterminadas o se convierten
en refugiados no sólo en Oriente Próximo. Pero precisamente los
problemas de Oriente Próximo las élites gobernantes de los
países del área pretenden resolverlos a costa del resto del
mundo, incluyendo a costa de Europa. Pero no se trata de
conservar la herencia europea sino del derecho de los europeos a
la vida. Carecen de sentido los intentos de llamar al orden por
vía democrática a las personas que aprovechan la democracia
única y exclusivamente en sus propios intereses. La democracia
puede obtener victoria sobre extremistas y terroristas sólo
moralmente y a título póstumo. Los norteamericanos y sus aliados
intentaron trazar otro derrotero y seguir actuando bajo la
consigna de propagación de la "democracia". En su tiempo Winston
Churchill acertó al decir: "Toda la historia mundial enseña que
cuando los países son fuertes, no siempre son justos; pero
cuando desean ser justos, ya no tienen fuerzas". Ese es el
problema.
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