En el medio de los cráteres dejados por las bombas
israelíes, con casas aplastadas por los obuses, otras en proceso
de reconstrucción y burros en el camino, en algunas rutas del
sur del Líbano se necesitarían semáforos.
Por María
Laura Avignolo - Corresponsal de Clarín en Líbano
Servirían para
aliviar el embotellamiento de tránsito que los diferentes
convoyes de la UNIFIL, las fuerzas de paz de las Naciones
Unidas, provocan a su paso en una nube de polvo.
Una superficie de 120 kilómetros por 5 kilómetros representa el
territorio con mayor proporción de militares por civiles por
kilómetro cuadrado en el mundo: un soldado por cada cuatro
habitantes está instalado en el sur del río Litani, con un
mandato de la ONU. ¿El peligro? Ser considerados una fuerza de
ocupación por algunos sectores de la población en un Líbano
tenso y hostil por las divisiones intercomunitarias, la volátil
situación regional y el temor a una nueva guerra civil.
Desde que finalizó el conflicto entre Hezbollah e Israel, 12.000
militares de siete países diferentes, y 19 barcos en el Mar
Mediterráneo se han desplegando para garantizar la paz , evitar
incidentes y supervisar el retiro israelí del ocupado territorio
libanés. Esta UNIFIL ampliada fue el instrumento que consiguió
detener la guerra en agosto, después de que más de 1.200
libaneses murieran oficialmente como consecuencia de los
bombardeos.
Junto a 10.000 hombres del Ejército libanés, que por primera vez
logró desplegarse hasta la frontera con Israel, trabajan
coordinadamente. Pero las fuerzas internacionales no tienen el
mandato para desarmar a las milicias shiítas de Hezbollah. Ellos
han aceptado guardar sus armas pero no abandonarlas en el área.
"Cuando se encuentran armas o gente armada, inmediatamente se
informa al Ejército libanés. Nosotros no intervenimos", aclara
el capitán Tomaso Magisteti, encargado de la comunicación de las
fuerzas de Italia en UNIFIL en su base de Tebnine.
"El problema principal que tenemos es la gestión del espacio. Al
menos hay 10.000 hombres sobre el terreno, que es muy pequeño.
Tenemos problemas de circulación y debemos evitar irritar a la
población. No somos una fuerza de ocupación sino de paz. Hacemos
mucha pedagogía, hay que explicarle nuestra misión a la gente",
contó el teniente coronel francés, Jerome Salle, portavoz de las
fuerzas francesas de UNIFIL, en su base de Nacqura.
Cuando la UNIFIL ampliada llegó al Líbano, el sur era tierra
arrasada por las bombas, las minas y las clusters bombs o bombas
racimo israelíes, diseminadas por todos lados y en un 40 por
ciento sin explotar. Esta pesadilla era un peligroso drama para
la población civil y para encontrar el lugar donde instalar las
bases militares. Desminadores e ingenieros están haciendo los
trabajos más pesados, limpiando el terreno, reconstruyendo los
puentes volados, construyendo las instalaciones para sus fuerzas
y sobre todo, desminando las rutas y caminos donde las patrullas
deben desplazarse.
"¿Mi mayor desafío? El barro. ¡Usted no tiene idea lo que es
esta montaña cuando llueve!", admite con humor, el coronel de
caballería italiana Giordano Ciccarelli, en la jefatura de la
nueva base italiana de Chamma.
En el blindado blanco de la UNIFIL italiana, el subteniente
Livio Lombardi está a cargo de la patrulla. ¿La misión?
Humanitaria, de vigilancia y delicada, en uno de los peores días
de tensión en Líbano, con la oposición del país en
"desobediencia civil".
"¡Canavaro!", "¡Canavaro!" gritaban los chicos, que bajaban del
ómnibus del colegio y saludaban a los soldados italianos,
recordando al jugador del Real Madrid. "El fútbol siempre nos
ayuda. Aquí, en Irak, en Kosovo, hasta en Afganistán. Ellos
saben que estamos acá para ayudarlos. La relación es buena,
amistosa. Siempre estamos alertas, de todas maneras", admite
Livio.
Se escuchan dos explosiones consecutivas. "Cluster", explica
Livio y mira la hora. El blindado atravesaba Kfar, donde los
agricultores se aventuran en el campo a cosechar los olivos, a
pesar de que las bombas racimo están desperdigadas por todos
lados. La cluster tendría nombre: "Hassan Mohammed Shehadeh",
murió por la explosión de una bomba abandonada, cuando trabajaba
en una construcción.
"No es nuestra misión desminar pero la población encuentra las
"clusters" y nos llama", explicó Livio. Las fuerzas italianas
encontraron otra manera de salvar vidas de los chicos: diseñaron
un libro para colorear, con dibujos de las bombas y sus efectos.
Van a los colegios, dan una clase y los chicos entienden los
peligros de jugar a campo abierto. Son ellos las principales
víctimas de las minas y bombas abandonadas. Se quedan sin
piernas, si se salvan.
No todos están contentos con la presencia de UNIFIL y sospechan
de sus intenciones. Mohamad Chalub, que perdió a su hermano
combatiendo para Hezbollah en la guerra y a parte de su familia,
en la masacre de Cana, cree que no son otra cosa que "una fuerza
de ocupación". Con convicción, alerta: "En un futuro atacarán a
Hezbollah. Por eso Francia se adelanta y condena las violaciones
de los aviones israelíes. Para después, atacarnos a nosotros".
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