(IAR-Noticias) 24-Noviembre-06
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El ejército israelí en su retirada de Líbano |
Las metáforas nunca son inocentes, uno no elige por
casualidad sus palabras. La concepción de la política hacia los
árabes como una muralla ha delineado claramente no solo las
formas sino el espíritu del Estado de Israel
Por
Ezequiel Hazán -
La Haine
Este artículo se
propone polemizar con respecto a las ideas del sionismo
socialista, y sus diferencias con los planteos del ala
revisionista liderada por Jabotinsky.
Desde una visión esquemática, se podrían resumir los ideales del
sionismo socialista en la concreción de una sociedad socialista
judía en Palestina. Siguiendo a Ber Borojov, el diagnóstico
hecho por el ala izquierda del sionismo es que la problemática
del antisemitismo era consecuencia del carácter económicamente
"anormal" de la población judía en la Diáspora, que la obligaba
a instalarse en actividades del tipo de prestamistas o pequeños
comerciantes, que los hacia incapaces de competir económicamente
y a la vez despertaba el antisemitismo en cualquier lugar donde
se encontraran. La solución de Borojov es la migración a
Palestina donde, según el, los judíos, cual versión
distorsionada de los Manuscritos Filosóficos de 1844 de Marx,
encontrarían su ser genérico trabajando la tierra,
convirtiéndose en agricultores y trabajadores (1).
Este planteo, de la "regeneración" del judío en la nueva tierra,
se liga a la idea original del diagnostico del judío en la
diáspora hecho por el sionismo hertzliano. Max Nordau expresaba,
aunque no en una variante marxista, que en esa nueva tierra el
judío podrá regenerarse moralmente: "Otros esperan el remedio
del sionismo, que no es para ellos el cumplimiento de una
mística promesa de las Sagradas Escrituras, sino el camino hacia
una existencia en la cual el judío habrá de hallar finalmente
las simples y primarias condiciones de vida, que resultan
sobreentendidas a todo no-judío, a saber: un apoyo social
seguro, buena voluntad en la sociedad, posibilidad de utilizar
sus condiciones para el desarrollo de su verdadera personalidad,
en vez de malgastarlas en la represión, tergiversación u
ocultamiento de sus cualidades." (2)
En lo que se diferencia Borojov de Nordau es en que, para este
ultimo, la regeneración daría lugar a una sociedad burguesa.
Para Borojov, el proceso crearía una sociedad judía proletaria
que, a través de la lucha de clases, llevaría a la concreción de
una sociedad socialista. Es visto entonces que, en el programa
de la izquierda sionista, la construcción de la nación antecede
a la del socialismo. Lo primero es condición para lo segundo.
Según lo planteado por Shulamit Carmi y Henry Rosenfeld, en “El
surgimiento del nacionalismo militarista en Israel” (Revista
Debats. Nº33), el conflicto, la dinámica y los objetivos del
sionismo socialista no estaban necesariamente atados al problema
árabe, sino por el conflicto que mantenía con otras líneas
políticas dentro la población judía, y es esta lucha la que va a
definir la relación entre árabes y judíos. A su vez, diferencian
dos sectores dentro de la izquierda: uno representado por
movimientos como Hashomer Hatzair o Ahduth Haavodah, que
patrocinaban un estado único o binacional para los dos pueblos,
y otro sector, representado por el Mapai, que estaba a favor de
la partición propuesta por las Naciones Unidas.
Según lo que plantean los autores, la izquierda socialista fue
derrotada políticamente por el sector que ellos denominan de la
derecha socialista, representada en el Mapai. En esta lucha, lo
que estaría derrotado es el espíritu socialista, antimilitarista
y antiestatalista -al estilo kibbutziano- de la izquierda, en
detrimento del estatalismo --la mamlachtiut- del Mapai. Este es
resultado del abandono del ideal socialista por parte de este
último.
La guerra del `48 con su resultado final consuma el hecho
estatal y propicia la salida militar como forma de solución al
problema árabe. Carmi y Rosenfeld manifiestan que, el
catalizador de este cambio, es este abandono por parte del
laborismo del socialismo, y es aquí donde se daría lugar a un
nacionalismo militarista. Lo contradictorio de este planteo es,
como al principio de su trabajo plantean los autores, la
negación de la consecución necesaria entre los postulados del
sionismo socialista más radicalizado y la creación de un órgano
estatal judío.
Considero que el planteo es erróneo ya que, mas allá de las
explicitas intenciones antiestatistas de ciertos sectores de la
izquierda sionista, no se puede hablar de "traición" o
"abandono" por parte de la misma de sus postulados. Esa
hipótesis que elucido se debe a que, como se remarca al
principio del artículo citado, la colonización y libre migración
judía son presupuestos inobjetables para la realización de la
sociedad socialista judía. Esto era compartido por el amplio y
diverso arco de tendencias de izquierda sionista, y es, según lo
que Jabotinsky señala, lo que los árabes no estaban dispuestos a
aceptar (3)
Por tanto, si la colonización sionista es el objetivo a
consolidar, no podía ser lograda en base a un acuerdo, ya que
las condiciones que se buscaban implicaban un sometimiento
voluntario de los intereses árabes, lo cual por supuesto no iba
a suceder...
Por eso mismo, la posible divergencia que puede existir entre
derecha e izquierda sionista es de talante, no de programa: lo
que una dice claramente y con todas las letras la otra lo dice
veladamente. Aquello que Jabotinsky esboza como imposible de
eludir para el fortalecimiento de la colonización judía en
Palestina --expulsión de la población árabe, constitución de un
poder de fuego que la mantenga a raya- se transforman en
fórmulas que inevitablemente la izquierda sionista tiene que
aplicar para ser fiel a su programa.
Un claro ejemplo de esta política, donde los objetivos
nacionalistas de la izquierda sionista priman sobre los
internacionalistas y llevan a aplicar acciones de exclusión de
la población árabe, se puede observar en el proceso de
sindicalización de la clase obrera en el territorio palestino.
Como bien observa Yossi Schwartz (4), la Histsadrut (Federación
General Obrera de los trabajadores en Eretz Israel), dominada
por los partidos sionistas socialistas mayoritarios, trató de
por todo los medios de oponerse a la creación de sindicatos
unidos, donde obreros judíos y árabes se integraran en un plano
de igualdad. Tanto desde el sector de Hapo`el Hatza`ir, Arlosoff
o Ben Gurion, desde Ahdut Haávoda, proponían como solución
conciliadora la creación de tibios sindicatos unidos que,
obviamente, estarían internamente separados en secciones judías
y árabes.
Estas resistencias a la unión de la clase obrera, eran resultado
de que la misma iba contra las verdaderas metas de la Hitsadrut,
que eran la consolidación de un sector obrero exclusivamente
judío y de una economía judía autosuficiente (separada) de la
población árabe. Solo una visión muy cándida e ingenua podría
creer que esto se podía hacer sin algún tipo de conflicto, y que
no implicaba la aplicación de una violencia contra la población
nativa. Por eso mismo discrepo con los autores citados, en que
la izquierda sionista haya sido infiel y en consecuencia, puede
afirmarse que el texto de Jabotinsky, "La muralla de hierro.
Nosotros y los árabes", es claramente el programa del sionismo
en general.
La concreción de un aparato estatal era la única forma de crear
esas condiciones favorables. Solo la construcción de un estado,
con su poder centralizador, con sus vasos comunicantes
burocráticos y con su monopolio de la fuerza coercitiva,
personificada en un ejército judío, podía llevar a cabo la tarea
de expulsión de la población nativa y del establecimiento de la
población judía en Palestina. Es la erección del organismo
estatal lo que permite continuar el proceso de colonización y la
libre inmigración que postulaba la izquierda.
Las luchas nacionales del siglo XX han sido luchas estatales. En
el caso especifico del conflicto israelí-palestino, esta lucha
está teñida de un cariz etnicista, ya que la estatalidad
proclamada por el proyecto sionista, sea de izquierda o de
derecha, es de por sí excluyente. Como bien indica Dan Dinner
(5), el estado de Israel implicaba la construcción de un estado
judío y no un estado representante de quienes habitan ese
territorio más allá de su origen étnico o su religión.
Si el objetivo era traer la mayor cantidad de población judía a
Palestina, para crear una nación étnicamente homogénea, no era a
través de un acuerdo con los árabes que se iba a lograr- "...
Que los árabes de la tierra de Israel voluntariamente lleguen a
un acuerdo con nosotros está más allá de toda esperanza en el
presente, y en el futuro inmediato...", dirá Jabotinsky (6).
Sólo la fuerza coercitiva de un estado judío, la Muralla de
hierro, podía permitir que se mantuvieran las condiciones para
realizar el sueño del sionismo socialista, porque sólo ella
permitía eliminar el obstáculo a esas condiciones: la población
árabe. A la vez, obligaba a estos a aceptar las nuevas
condiciones, gracias a la coerción aplicada por el naciente
estado. O como con su "educada indiferencia" y sinceridad
expresara Jabotinsky:
"...Todo esto no significa que algún tipo de acuerdo no sea
posible, sólo un acuerdo voluntario es imposible. Mientras
exista una mínima esperanza de que puedan expulsarnos, no
negociarán esas esperanza (...) Un pueblo efectúa tales enormes
concesiones sólo cuando ya no tiene esperanzas. Sólo cuando no
se percibe ni una sola hendidura en la muralla de hierro..." (7)
Este horizonte de conflicto, implícito en la idea de "la muralla
de hierro", convertía al nacionalismo militarista en la
ideología del nuevo estado judío. La idea expresada por Moshe
Dayan, en el texto de Dan Dinner, de que la colonización no solo
implicaba plantar un árbol o construir una casa sino también el
fusil y el casco (8) concuerda absolutamente con Jabotinsky. Los
dos tienen presente que la colonización tendrá que hacerse
contra la población nativa, y protegida por una fuerza que la
mantenga a raya.
El paso siguiente que hará el sionismo, ya como ideología de
estado y, por tanto, política oficial de Israel, será el no
reconocimiento de la identidad palestina y la afirmación del
derecho de los judíos a permanecer allí. En este sentido, los
derechos del pueblo palestino no se discuten, hacerlo sería
poner en peligro el mismo Estado de Israel. La legitimación
estará dada por un justificativo que se remite al texto bíblico
que, según el sionismo, a su vez remitiría a un derecho divino
sobre el territorio palestino.
No es la existencia concreta y actual en este lugar lo que daría
el derecho a la existencia de una nacionalidad judeo-israelí,
sino la existencia de ese derecho histórico que ata
indefectiblemente a los judíos a esa tierra. Reconocer los
derechos de los palestinos es considerado el principio de la
destrucción del estado de Israel. Un ejemplo de esto es citado
por Dan Dinner: Menajem Beguin (primer ministro en 1977), en una
conferencia pronunciada en el kibbutz Ein Hakhoresh, ante una
pregunta del público sobre el reconocimiento de la existencia
del pueblo palestino, respondió:
"Tenga cuidado, amigo mío: si usted reconoce a Palestina
destruye su derecho a vivir en Ein Hakhoresh. Porque si está
aquí Palestina y no Eretz Israel, entonces usted es un
conquistador y no un constructor del país. Es usted un intruso.
Si está aquí Palestina, el país pertenece al pueblo que vivía
aquí antes que usted viniera. Solamente si está aquí Eretz
Israel, tiene usted derecho a vivir en Ein Hakhoresh y Degania.
Si éste no es su país, el país de sus antepasados y el de sus
hijos ¿qué hace usted entonces aquí? Ha llegado a este país de
otro pueblo, como ellos afirman. Les ha expulsado y les ha
quitado su tierra" (9).
Se ve claramente además que la justificación dada por un derecho
histórico a la tierra sigue teniendo vigencia.
En este marco, los ataques son considerados actos terroristas
injustificados, perpetrados no por palestinos que reivindican su
pertenencia a la tierra de la que fueron expulsados, sino por
terroristas árabes. Un rótulo que debilita el discurso del
adversario. Y a su vez, toda acción militar israelí es
simplemente una "represalia" al accionar terrorista.
Pero esta justificación de la agresiva política israelí --tanto
en apropiación de tierras como en acciones militares- no solo se
sostiene en un desconocimiento de los reclamos palestinos y en
la reivindicación de Palestina como tierra ancestral judía.
Imbricada a estos elementos discursivos aparecen otros nuevos
que lo refuerzan. Gilad Atzmon, activista israelí pro palestino
y "autoexiliado" en Inglaterra, señala que el genocidio nazi y
el temor a un antisemitismo que tendría visos de "interminable",
complementan este discurso sionista preexistente (10).
¿En qué forma son usados estos elementos aparecidos tras la
segunda guerra mundial? Ellos vigorizan el mito de Israel como
"refugio de los judíos" y permiten sostener una razón aun más
importante: mantienen la idea de que sólo un estado judío
evitará la repetición de Auschwitz. Esta victimización y la idea
de un perpetuo antisemitismo como dispositivos resultan
efectivos ya que, los israelíes, consideran que el concepto de
"Estado judío" es legítimo, y se ven a sí mismos como libres de
toda responsabilidad ante los ataques palestinos, de los que se
sienten víctimas.
Las metáforas nunca son inocentes, uno no elige por casualidad
sus palabras. Concebir la política con respecto a los árabes
como una muralla ha delineado claramente no solo las formas sino
el espíritu del estado de Israel. Ha hecho de él no una graciosa
y tranquila republica burguesa hertzliana o un paraíso
socialista cooperativo, cual si fuera un gran kibbutz. Más bien
lo ha llevado convertirse en una virtual Esparta, desconfiada de
sus vecinos y siempre atenta a las posibles rebeliones de
aquellos a los que somete internamente.
******
Notas
1) BOROJOV, Ber, El nacionalismo del proletariado judío.
Repertorio de fuentes sobre Israel- Cátedra de Historia de Asia
y África II. Facultad de Humanidades y Artes. UNR.
2) NORDAU, Max, La situación de los judíos en el siglo XIX
(discurso en el primer congreso sionista). Ídem.
3) JABOTINSKY, Vladimir, La muralla de hierro, nosotros y los
árabes. Repertorio de fuentes sobre Israel- Cátedra de Historia
de Asia y África II. Facultad de Humanidades y Artes. UNR.
4) SCHWARZ, Yossi, Apuntes sobre la historia del movimiento
obrero en Medio Oriente, en www.rebelion.org.
5) DINER, Dan. Israel: el problema del Estado nacional y el
conflicto del Oriente próximo, Historia Universal Siglo XXI,
Vol. 36, Madrid, l985.
6) JABOTINSKY, op. cit.
7) Idem.
8) DINER, op. cit. 9) Citado por Diner, D. "Israel: el problema
del Estado nacional y el conflicto del Oriente próximo", p 154.
10) ATZMON, Gilad, Israeli people's most common mistakes, en
www.gilad.com.uk
Observatorio de Conflictos, Argentina
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