Pero ni las fetuas en su contra por parte de las más altas instancias
religiosas, ni las amenazas de muerte a sus actores, han impedido que
millones de saudíes se peguen al televisor cada noche después de romper el
ayuno de Ramadán para seguir sus irreverentes y divertidos episodios, que
sólo se emiten en estas fechas.
Es una tradición de estas fechas en todo el mundo árabe. Tras el iftar,
la primera comida tras un día de ayuno y abstinencia, la familia se reúne
ante la televisión para ver los mejores culebrones del año. Hace tiempo que
los sirios han roto el monopolio egipcio de seriales de Ramadán, y, con la
llegada del satélite, todas las cadenas árabes rivalizan por atraerse
televidentes. Pero más allá de la competencia comercial, los observadores
detectan cierta voluntad política de utilizar esa vía de promoción.
Los liberales dentro de la familia real saudí parecen haber utilizado
Tash ma Tash en ese sentido. Pero este año, la teleserie ha roto los
tabúes al dedicar un capítulo a una burlesca Academia de Terrorismo
en la que radicales islámicos aprenden los entresijos del terror.
"No creo que el Gobierno trate de promover una mayor tolerancia con la
serie porque si fuera así permitiría que se criticara al Ministerio de
Interior", dice Mohamed al H., un profesor universitario saudí convencido de
que todo es un gesto para mostrar a Occidente que lucha contra el
radicalismo. Aun así, los más rigoristas y los clérigos han puesto el grito
en el cielo. En su opinión, el humor ridiculiza al islam. Les ofende que se
presente a los estudiantes de la academia como mentes simples que se
limitan a repetir eslóganes sobre infieles. Pero en realidad, esos lemas
están extraídos del discurso religioso oficial en Arabia Saudí.
Amenazas de muerte
Las quejas no deben tomarse a la ligera. Hace dos años, los actores de
Tash ma Tash fueron amenazados de muerte tras el episodio Y la vida
continúa, que trataba sobre los atentados cometidos el año anterior en
el reino. Este año la serie no la emite la televisión estatal saudí, para
evitar polémicas, sino la MBC (por satélite) que, aunque es propiedad de un
saudí próximo a la familia real, emite desde el más liberal emirato de
Dubai.
Pero no es la única serie en el punto de mira de los radicales. Al
Marequn (Los renegados) del director sirio Najdat Anzur, que
difunde la libanesa LBC, también condena el extremismo religioso como un
peligro que daña a los musulmanes. Anzur fue amenazado de muerte tras
abordar el problema de los terroristas suicidas en su telenovela del año
pasado..