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Durante el gobierno de Fujimori
Hace 10 años, un grupo guerrillero tomó la Embajada de Japón y conmovió a Perú

 
 

(IAR-Noticias) 20-Diciembre-06

Guerrilleros del MRTA durante la toma de la Embajadsa de Japón

Imagen de la Embajada de Japón durante la toma.

Catorce miembros del MRTA capturaron a 600 personas en la residencia japonesa. Allí estaban figuras importantes del mundo político, militar, cultural y diplomático.

Por Pablo Biffi - Clarín

"Con motivo del natalicio de Su Majestad el Emperador del Japón, el Embajador Morihisa Aoki y la Señora de Aoki tienen el honor de invitar a la recepción que ofrecerán el día martes 17 de diciembre de 1996, de 19.30 a 21 horas", rezaba, solemne, la tarjeta de invitación. El verano se había instalado en Lima, con su calor agobiante. En el residencial barrio de San Isidro, en donde la casona del embajador japonés estaba abierta de par en par recibiendo a los invitados, todo era quietud, a la hora en que la brisa fresca del Pacífico traía algo de alivio. Eran las 19.30 y todas las personalidades de la vida política, social, económica, militar, eclesiástica y cultural del Perú lucían sus mejores trajes y vestidos.

El aire olía a jazmín y a una mezcla de sabores típicamente japoneses, que salían de la cocina y de las carpas instaladas en los jardines. Morihisa Aoki y señora recibían uno a uno a los invitados. Más de 600 personas ya habían llegado para las 20.19 a la casona construida en 1942 e inspirada en los suntuosos palacios de las plantaciones de Carolina del Sur, en Estados Unidos, en los años de la Guerra de Secesión estadounidense. La casa perteneció a Graciela Basurco Gonzáles y a Atenor Rizo Patrón, hasta que en 1974 fue comprada por la Embajada japonesa. En sus dos plantas e inmensos jardines la alta sociedad limeña de los años cincuenta y sesenta bailaba al compás de las orquestas.

Ese escenario parecía reproducirse el martes 17 de diciembre de 1996 hasta las 20.19 de la noche: entre copa y copa, acompañadas de tempuras, sashimis y sushis, los invitados aflojaban sus lenguas en corrillos de toda especie. Sesenta segundos después, ya nada sería igual.

Diecinueve minutos antes, una ambulancia había doblado por Marconi, la primera calle paralela a la cuadra dos de Thomas Alva Edison. Sus dos tripulantes saludaron a los policías que en esa esquina hacían el primer control de las tarjetas de invitación, y estacionaron frente a una casa, justo detrás de la residencia de Aoki. Rápidamente dominaron a un guardia de seguridad e ingresaron. Allí esperarían el momento para dar el gran golpe. Aquellos policías del control nunca imaginaron que dentro de esa falsa ambulancia había 14 guerrilleros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru dispuestos a exigir la liberación de sus compañeros presos en distintas redadas, a humillar al presidente Alberto Fujimori y a poner a prueba el temple, la paciencia y el sentido de oportunidad de los que siempre se había vanagloriado el entonces jefe de Estado.

El MRTA nació en 1982 como consecuencia de la unión de varios grupos de orientación marxista. Su mayor actividad guerrillera fue a comienzos de los 90, pero el plan diseñado por Fujimori y Vladimiro Montesinos para acabar con las organizaciones armadas terminó con varios de sus líderes en la cárcel. Así, para 1996, el MRTA estaba golpeada y eso explica que un alto cuadro como Néstor Cerpa Cartolini participara de un operativo de riesgo.

A las 20.20, los 14 guerrilleros abrieron un boquete en el muro que da a la casa del embajador e ingresaron a los jardines disparando al aire ráfagas de fusil AKM. Varias mesas adornadas prolijamente en el parque cayeron al suelo, empujadas por decenas de invitados que corrían sin saber hacia dónde, espantados por los disparos y los gritos. Los guardias de seguridad intentaron repeler el ataque pero rápidamente quedaron fuera de combate, tras un breve tiroteo.

En apenas 20 minutos los 600 invitados marcharon con las manos entrelazadas en la nuca hacia los salones de la residencia, en donde fueron obligados a tirarse al piso. Adentro había quedado todo el poder político peruano —incluidas la madre y una hermana de Fujimori— y gran parte del mundo diplomático.

Con todos los asistentes tirados en el piso, a excepción del embajador Aoki, que se negó a hacerlo, se oyó la voz del representante de la Cruz Roja Internacional, Michel Minnig, quien se ofreció como mediador. El aire se cortaba con un cuchillo en esos segundos que el jefe del comando guerrillero, Cerpa Cartolini, se tomó para contestarle: lo tomó de un brazo y le dijo que esperara a un lado. La primera negociación entre Cerpa Cartolini y Minnig tuvo un efecto casi inmediato: una hora y media después del copamiento un nutrido grupo de mujeres más un hombre en silla de ruedas dejaron para siempre la residencia del embajador Aoki. La hermana y la madre de Fujimori, curiosamente, estaban en ese grupo: Cerpa Cartolini nunca supo que tenía en sus manos semejante "tesoro".

Para las 10 de la noche, el presidente peruano mantenía una reunión urgente del Consejo de Ministros, en los alrededores de la casona ya estaban apostados varios centenares de policías y militares, y los guerrilleros habían dado a conocer sus demandas. Tenían en su poder a 379 personas, de las cuales 118 eran extranjeros y 261 peruanos: 14 miembros del gobierno, 26 altos jefes de las Fuerzas Armadas y Policía, además de 75 diplomáticos y 164 empresarios y profesionales, entre otros. Co menzaba en ese momento una larga y tediosa espera cargada de tensión, rumores y negociaciones que duraría 126 días.

Fueron tantas las negociaciones que para el 22 de abril de 1997 habían quedado 72 rehenes. Incluso se negoció —aunque muchos creen que fue una estrategia de distracción de Fujimori— la salida a Cuba o a República Dominicana de los 14 guerrilleros más una jugosa suma de dinero. Pero nada de eso ocurriría.

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