|
 |
|
Planta de Botnia en construcción |
El despliegue de tropas del Ejército uruguayo para
proteger la planta de Botnia, pone en evidencia el agravamiento
del conflicto argentino-uruguayo por las papeleras.
Por
Rosendo Fraga - Nueva Mayoría
Para la Argentina que
prohíbe a sus Fuerzas Armadas cualquier rol en la seguridad
interior, le resulta incomprensible que el Uruguay, utilice
tropas del Regimiento 9 de Infantería, que depende del Comando
de la III División con sede en Tacuarembó para dar seguridad a
la planta. Pero para Uruguay, pese a tener un gobierno de
centro-izquierda, utilizar las Fuerzas Armadas cuando hay un
problema de seguridad que tiene relevancia, resulta lógico. Cabe
recordar que años atrás, el Ejército uruguayo fue desplegado en
la frontera con el Brasil, para impedir la entrada de una
columna del Movimiento de los Sin Tierra (MST) proveniente de
este país.
A su vez para la mentalidad uruguaya, resulta incomprensible que
la Argentina no recurra a los fiscales, la justicia y la
policía, para hacer cumplir la ley impidiendo el corto del
puente de Gualeguaychú. Pero para la mentalidad argentina, a
partir de los dos piqueteros muertos en el puente Avellaneda en
junio de 2002, que precipitó la salida adelantada de Duhalde del
gobierno, se considera políticamente riesgoso usar la fuerza
pública para contener protestas. La UBA sigue sin poder elegir
autoridades desde hace más de medio año sin que el gobierno
reaccione y el reciente conflicto del gremio petrolero en la
Patagonia, mostró que frente a protestas violentas,- se llegó a
tomar plantas de energía con uso de armas,- se optó por ceder
para evitar el enfrentamiento.
Este conflicto ha ido escalando, sin que ambas partes en los
últimos meses hayan logrado resolverlo o contenerlo a través del
diálogo bilateral.
Ante todo, hay que recordar la relación de magnitudes. Uruguay
es aproximadamente el 8% de la Argentina en términos como PBI,
población y territorio. Es decir que para este país, el
conflicto es una causa nacional y en cambio en la Argentina
comenzó siendo una causa de la provincia de Entre Ríos, aunque
en las últimas semanas, se nacionalizó, al anunciarse la
denuncia ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya.
El conflicto ha escalado en tres ámbitos precisos
El primero, es la relación fronteriza. Los cortes de los puentes
con el Uruguay desde el lado argentino comenzaron en los últimos
días de diciembre y dos meses más tarde se han extendido en
cuanto a permanencia y cantidad de vías interrumpidas. Existe la
posibilidad de que el tercer puente que comunica ambos países
sea también cortado por la combinación de vecinos y
ambientalistas que reclaman contra la construcción de las
papeleras sobre la rivera uruguaya del río Uruguay. El gobierno
argentino siguiendo la política de no reprimir la protesta
social, no ha aplicado ni la ley ni la fuerza para liberar el
paso hacia el país limítrofe. La tensión fronteriza ha crecido y
meses atrás, pescadores entrerrianos denunciaron haber sufrido
disparos de hostigamiento por parte de personal de la prefectura
naval uruguaya cuando se acercaban a la costa de este país.
El segundo, es la regionalización del conflicto. Los
asambleístas entrerrianos, desde el mes de enero, comenzaron a
impedir el tránsito de los camiones chilenos, que transportaban
insumos para la construcción de las papeleras. Esto originó dos
viajes de un miembro del gabinete chileno a Buenos Aires,
buscando sin éxito destrabar el problema. Dada la situación, los
insumos han comenzado a ser enviados por barco desde Chile hacia
el Uruguay, reclamando los asambleístas que se les impida el
paso por el Estrecho de Magallanes, lo que es impracticable. Por
su parte Paraguay ha denunciado el daño ambiental que le causa
una papelera argentina establecida en la provincia de Misiones,
con los mismos argumentos que Argentina cuestiona las que se
construyen en el Uruguay. Para Brasil, el conflicto está
produciendo una crisis en el funcionamiento del Mercosur y
poniendo en evidencia que su liderazgo regional es más virtual
que real.
El tercero, es la profundización del enfrentamiento diplomático.
La Argentina optó o por la denuncia ante la Corte de la Haya, la
que en caso de declararse competente, tardaría entre tres y
cinco años para dictar sentencia. La presentación del canciller
argentino ante el Congreso, fue una dura recriminación hacia su
colega uruguayo, no dejando márgenes para el diálogo. A su vez
Uruguay anunció que denunciará a la Argentina ante la OEA, por
estar violando normas internacionales al impedir el tránsito
fronterizo. Además, el Presidente uruguayo decidió presidir la
inauguración de obras de las papeleras junto con su gabinete.
Todos los partidos políticos uruguayos han cerrado filas detrás
de la causa,- pese a las criticas de la oposición al
oficialismo,- y también lo han hecho poetas como Benedetti y
cantantes como Drexler, en momentos que los asambleístas
entrerrianos también convocan a artistas para apoyar su causa.
El riesgo es que ahora escale en un cuarto: el militar
Agotado el diálogo bilateral entre los gobiernos y escalando el
conflicto en los tres ámbitos, la alternativa de solución
posible es que ambos países acuerden recurrir a un mediador o
árbitro internacional, cuya decisión sea acatada por ambas
partes. Es el tipo de solución que Argentina y Chile utilizaron
evitando la guerra en sus conflictos limítrofes recurriendo a la
corona británica, la utilizada por Argentina en su conflicto con
Brasil por las misiones, cuando acudieron al Presidente de EE.UU.
y al que recurrieron también Argentina y Chile más recientemente
para solucionar el conflicto del Beagle con el Vaticano.
El mediador o árbitro, podría ser un país, a los efectos de
lograr celeridad en la solución, lo que resulta importante para
evitar la profundización del conflicto. Como ha dicho el
Embajador argentino Carlos Ortiz de Rozas, el país elegido
podría ser uno con prestigio y credibilidad en el cumplimiento
de las normas ambientales.
Esta sería la solución posible, pero las dificultades que ha
enfrentado el intento de “facilitar” el diálogo entre las partes
emprendido por el Rey de España, muestra que hay poco margen
para lograrlo.
Hay que recordar también que este conflicto tiene lugar en
momentos que pareciera haber una fuerte afinidad política en los
presidentes de la región. con una tendencia de centro-izquierda,
lo que es cierto. Pero sin embargo, la relación
argentino-uruguaya nunca fue tan difícil en medio siglo y el
Mercosur nunca estuvo en tantas dificultades desde su firma en
1991. Es que detrás del giro ideológico relativamente homogéneo,
está teniendo en América del Sur una revitalización de los
nacionalismos, lo que si bien puede ser el capítulo local de un
fenómeno mundial generado por el rechazo hacia la globalización,
hace que los bloques regionales muestren hoy más dificultades
que en el pasado reciente.
En este marco, la gestión del Rey de España, no es la de un
árbitro o un mediador, sino sólo la de un facilitador, cuya
función es sólo reestablecer el diálogo interrumpido, pero no
proponer o incluso imponer soluciones, como es el caso del
mediador o el árbitro, por eso la gestión debe tener
expectativas limitadas.
Creo que la Argentina frente al Uruguay debe asumir una actitud
moderada, tanto por la historia común, por la pertenencia al
Mercosur y porque además son dos países con múltiples vínculos y
lazos. Creo en consecuencia que las actitudes deben ser
prudentes, tratando de no exacerbar a la opinión pública de
ambos países, porque ello después quita margen político a los
gobiernos para encontrar soluciones posibles y flexibilizar
posturas para ello.
Pero en lo inmediato, si ambos gobiernos no aceptan un árbitro o
mediador, acordando que aceptarán la solución que establezca o
proponga, ninguno de los dos presidentes podrá manejar las
presiones que sufren de las respectivas opiniones públicas. Las
dificultades que enfrenta el Rey de España, que sólo intenta ser
un “facilitador” que permita establecer el diálogo, muestra que
ambas partes se alejan y no acercan a la única solución posible.
******