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Presidente Hugo Chávez |
Carlos Betancourt y Douglas Bravo, los más famosos jefes
de las guerrillas marxistas que operaron en los años 60 y 70 en
Venezuela, no creen que el proceso liderado por el presidente
Hugo Chávez conduzca a un sistema socialista y, en cambio,
observan un afianzamiento del capitalismo.
Por Humberto
Márquez - IPS
Izquierdistas irreductibles, Betancourt y Bravo hace más de un
cuarto de siglo que dejaron la lucha armada pero aún continúan
activos en la organización popular, alentando reivindicaciones
de obreros, campesinos, indígenas, ecologistas o estudiantiles.
En sendos paréntesis concedieron, por separado, entrevistas
exclusivas a IPS.
"No es posible una revolución respetando la institucionalidad
burguesa. Se equivoca el presidente Chávez cuando deposita
confianza en un viejo aparato de Estado capitalista,
burocrático, corrompido y antisocialista", dijo Betancourt de
modo contundente.
Chávez ha dicho durante la campaña para las elecciones
presidenciales del próximo domingo que sus ocho años de gobierno
desde 1999 constituyen una "fase de transición" ya completada y
que a partir de 2007 comenzará la construcción del "socialismo
del siglo XXI".
Ese socialismo sólo ha sido esbozando en iniciativas como dar
impulso y más recursos a consejos comunales y cooperativas, y al
trueque como mecanismo de intercambio.
Su rival en la puja por la presidencia, Manuel Rosales, ha
denunciado en sus mitines que el "socialismo del siglo XXI"
sería "implantar aquí un régimen como el de Cuba, perpetuando a
una sola persona en el poder y a un gobierno que nos dirá qué
comer, cómo vestirnos y cómo educar a nuestros hijos".
Las organizaciones empresariales no parecen inmutarse por las
advertencias de uno y otro lado sobre el socialismo, en un país
con un consumo privado e importaciones récord, anuncios de
grandes negocios en petróleo, finanzas y obras públicas, 12
trimestres de crecimiento consecutivo del producto interno bruto
y perspectivas optimistas para 2007.
El socialismo "sólo puede producirse sobre la base de una
revolución con sucesivos hechos constituyentes, de fuerza, que
desplacen al poder constituido", explicó Bravo. "Pero en
Venezuela el poder constituido de las multinacionales del
petróleo, de la minería, de la banca y de la burguesía clásica
se ha fortalecido", agregó.
Bravo, de 73 años, dirigió en la década de los 60 las guerrillas
del Partido Comunista (PCV, prosoviético) en el occidente
venezolano.
Cuando el PCV abandonó la lucha armada en 1966, Bravo siguió en
combate y mantuvo focos revolucionarios con su nuevo Partido de
la Revolución Venezolana (PRV) hasta fines de la década del 70,
cuando aceptó el proceso de pacificación planteado por el
gobierno democrático de entonces.
El guerrillero retirado despliega fotografías de aquellos años.
En una aparece a su lado y con el fusil en bandolera, el ex
ministro de Energía y actual embajador en Cuba, Alí Rodríguez.
El grupo Ruptura, brazo legal del PRV, tuvo como militantes al
joven Hugo Chávez, quien luego como teniente coronel dirigió una
cruenta y fallida rebelión militar en 1992, en la cual también
participó Bravo, y a su hermano Adán, actual ministro de la
Presidencia.
"Siempre tratamos de aliarnos con sectores militares
revolucionarios", recordó Bravo, "pero hoy puede decirse que los
mandos castrenses, así como el 10 o 20 por ciento del
oficialismo que tiene las reales palancas del poder político,
económico e institucional en Venezuela, sirve de soporte al
modelo capitalista neoliberal", puntualizó.
"El ejército venezolano no está preparado para una revolución
socialista", señaló por su parte Betancourt. "Más de 60 por
ciento de sus oficiales tienen formación anticomunista,
mantienen los viejos programas en sus academias y apoyan de
palabra, pero no de hecho, las transformaciones por las que
abogan quienes siguen a Chávez".
Betancourt, de 69 años, comandó con el alias de "Jerónimo" la
guerrilla que en los años 60 creó el Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR, la escisión de la socialdemócrata Acción
Democrática) en el oriente del país.
Cuando el MIR se dividió en 1970 en tres grupos, Betancourt
mantuvo hostilidades bélicas desde un frente insurgente y un
nuevo partido, que llamó Bandera Roja y que dirigió durante 10
años. Luego promovió cooperativas de producción agropecuaria.
Su crítica se desparrama sobre los civiles "que constituyen una
nueva elite de poder, que se disfraza y se proclama bolivariana
y socialista, pero en la práctica acapara el poder, asfixia la
participación popular y abre espacios para que se recuperen las
viejas elites".
"De todas las decisiones a favor de la participación popular,
que el presidente (Chávez) anuncia, se cumple un 15 o 20 por
ciento, lo que da una idea del sabotaje que practican su entorno
y el tren ministerial, y de cómo se asfixia el debate entre el
pueblo", continuó Betancourt.
Según Bravo, "toda presidencia no es si no el conjunto de los
factores reales de poder, aunque Chávez, con audacia política,
ha logrado sostener un verbo radicalmente antiimperialista, que
llega a los sectores populares, y al mismo tiempo una ejecutoria
radicalmente capitalista".
¿Qué es lo que el presidente ha hecho mal? "Él mismo definió la
suya como una revolución democrática, que es esencialmente
burguesa, pero no ha cumplido ni siquiera esa etapa,
indispensable si quiere pasar a una socialista", opinó
Betancourt.
"En primer lugar, no ha avanzado en la industrialización, en el
procesamiento de nuestras riquezas energéticas, que nos dote de
una clase obrera poderosa y nos aleje de la dependencia
tecnológica de Estados Unidos y otros centros capitalistas",
dijo Betancourt.
Luego "no hemos tenido una transformación agraria. De 33
millones de hectáreas o 35 millones con vocación agrícola,
explotamos menos de tres millones. ¿Cómo vamos a resolver
nuestras carencias de alimentos o encarar un conflicto
internacional sin resolver ese tema? Chávez además llega a
acuerdos con los terratenientes", prosiguió Betancourt.
En tercer lugar, "en el plano político no se ha desarrollado un
partido, una vanguardia, y la transferencia de poder y recursos
a los consejos comunales de base es una acción muchas veces
mediatizada por alcaldes y gobernadores. Como otras
revoluciones, ésta habla a nombre del pueblo, pero gobiernan las
maquinarias burocráticas", agregó.
Bravo también deploró que, en varios latifundios, Chávez "cedió
tierras que supuestamente eran públicas a los particulares que
las reivindicaban, cuando si en verdad eran del Estado ha debido
entregarlas todas a los campesinos".
Pero el fuerte de sus críticas a la gestión económica del
mandatario se orientó sobre la política petrolera. "Convirtió a
las grandes firmas trasnacionales de contratistas operadoras en
socias, es decir, en dueñas de una parte de nuestros recursos,
lo que constituye una entrega de soberanía", explicó.
"Después que el presidente pronunció en la Asamblea de la
Organización de las Naciones Unidas (el 20 de septiembre) un
discurso virulento contra el imperialismo yanqui, regresó al
país para firmar acuerdos con la empresa trasnacional
estadounidense ChevronTexaco", aseguró Bravo.
Los dos candidatos presidenciales, Chávez y Rosales, "coinciden
en la filosofía de sus propuestas económicas, de buenas
relaciones con las instituciones de comercio internacional y de
entrega de nuestra soberanía petrolera. El imperio debe estar
muy contento, por la seguridad de tener combustible para su
maquinaria bélica", agregó.
"¿Cómo hablar de socialismo si sus premisas son marginadas y sus
temas cardinales se tratan de forma marginal?", se preguntó
Betancourt, y, a modo de respuesta, concluyó que "lo que avanza
en Venezuela es capitalismo, un poderoso capitalismo de Estado".
Igualmente lapidario, Bravo dice que Venezuela "es ejemplo de lo
que, parafraseando a Carlos Marx, podríamos llamar el nuevo
fantasma que recorre América Latina, el del espejismo, la
careta, el disfraz de socialismo mientras se garantizan los
supremos intereses del gran capital y las compañías petroleras".