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Presidente Evo Morales |
La ley establece el reconocimiento sin límite a los
latifundios productivos y define mecanismos que posibilitan a
los terratenientes y acaparadores de tierras ociosas burlar la
intención gubernamental de expropiar y redistribuir las tierras
no trabajadas.
El presidente de
Bolivia, Evo Morales, logró la aprobación congresal de
los contratos petroleros con las transnacionales y las reformas
a la ley de tierras. La primera garantiza mayores ingresos para
el Estado y millonarias ganancias para las petroleras que
explotarán por 30 años las riquezas en gas y petróleo de la
nación sudamericana. La segunda agiliza los mecanismos para la
reversión y distribución de tierras ociosas, aunque garantiza
todos los latifundios que puedan demostrar que cumplen alguna
función económica y social.
En lo político, Morales logró un doble triunfo al imponer su
fuerza política para aprobar dos leyes fundamentales para su
plan de gobierno y el reglamento definitivo de la Asamblea
Constituyente, quebrando el bloqueo que la oligarquía había
impulsado en el Senado.
La noche del martes 28, al final de una intensa jornada, la Cámara de Senadores
aprobó una reforma a la ley del Instituto Nacional de Reforma
Agraria (INRA) y, después, sin debate ni análisis, los 44
contratos petroleros que consolidan su nueva relación con las
transnacionales extranjeras, que exportarán a Brasil y
Argentina, como materia prima barata (a mitad del precio
internacional), la totalidad de las reservas probadas de gas
natural del país.
En su discurso, Morales dijo que los cambios fueron consecuencia
de la presión ejercida por las marchas de campesinos e
indígenas, a quienes alertó de que, probablemente, sean
necesarias otras movilizaciones para anular las normas dejadas
por el neoliberalismo.
Al presentar las reformas a la ley INRA, el Presidente, --tal
como lo hizo con la renegociación y legalización de los
contratos petroleros a los que presentó como
“nacionalización”--, dijo que "a partir de esta Ley termina el
latifundio en Bolivia (porque) ahora tenemos un instrumento para
acabar con los terratenientes" de la región tropical, donde está
concentrada la oposición al régimen socialista.
Sin embargo, la propia ley INRA establece el reconocimiento sin
límite a los latifundios productivos y define mecanismos que
posibilitan que los terratenientes y acaparadores de tierras
ociosas puedan burlar la intención gubernamental de expropiar y
redistribuir las tierras no trabajadas.
Según un análisis de la Fundación Tierra, la nueva ley INRA “no
encara uno de los problemas clave para lograr una redistribución
justa de la tierra, cual es el redimensionar el tamaño de la
propiedad de tierras” (ver: La nueva ley no termina con el
latifundio” en www.econoticiasbolivia.com).
La aprobación de la ley INRA, ejecutada a partir de la adhesión
de tres senadores de la oposición, que desobedecieron las
instrucciones de sus jefes de partido para ausentarse del
Congreso hasta que el Gobierno respete la ley de convocatoria a
la Asamblea Constituyente, desató la protesta de la oposición
derechista que intentaba canjear la aprobación de esta ley por
un nuevo acuerdo entre la izquierda indigenista en el poder y la
oligarquía para redactar en la Constituyente la nueva
Constitución Política del Estado y definir el alcance de las
autonomías regionales.
Al mismo tiempo, en Sucre, sede de la Constituyente, la mayoría
del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS) también consiguió
avanzar en la ratificación de los Artículos del reglamento de la
Asamblea, a pesar de la huelga de hambre de casi tres centenares
de militantes de la derechista Unidad Nacional (UN) y otros
sectores.
El millonario empresario del cemento y jefe de UN, Samuel Doria
Medina, abandonó el ayuno el martes por la noche, por prescripción médica,
aunque los demás miembros de su partido continúan siguiendo la
extrema medida.
El Presidente Morales estampó su firma en la reforma agraria a
las 23.40 horas del martes 28 delante de centenares de indígenas y
campesinos que, jubilosos, invadieron pacíficamente el Palacio
de Gobierno de La Paz. Cerca de cinco mil indígenas y campesinos
habían marchado desde distintos puntos del país hacia La Paz
para lograr la aprobación de la reforma a la ley INRA, que
establece nuevos mecanismos para avanzar hacia la expropiación
de tierras, que se hará una vez que se detecte que éstas son
improductivas y que el Estado pague a los propietarios privados
el valor de mercado o les entregue tierras fiscales en una
cantidad similar como compensación.
Aprobada la ley INRA, los sectores opuestos a Morales alistan
para el próximo viernes una huelga cívica nacional de 24 horas,
si antes el Gobierno no accede a modificar la fórmula de voto en
la Constituyente, que es el eje de la disputa entre la izquierda
indigenista y la derecha oligárquica. El gobernante MAS quiere
imponer su mayoría, anulando el pacto que tenía con la
oligarquía. Ésta se resiste y lucha para renovar su alianza con
Morales.