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( IAR-Noticias) 30-Noviembre-06
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Subcomandante Marcos |
En La Otra Campaña el apoyo a la APPO es incondicional,
para la caída de Ulises Ruiz. En el caso del EZLN también. Y lo
que podamos hacer para frenar la represión. Pero para nosotros y
el EZLN no valen ni el presidente oficial ni el legítimo.
Nosotros no pensamos que arriba se vayan a resolver las cosas. Y
estamos dispuestos a derrocar al oficial y al legítimo
Por
Zósimo
Camacho y Nancy Flores - Contralínea / La Haine
E n entrevista con Contralínea en Torreón, Coah., el jefe guerrillero agrega que el
presidente electo, resultado de “un fraude tan evidente”,
llegará a la titularidad del Poder Ejecutivo con menos
legitimidad que Carlos Salinas de Gortari y sólo tan espurio
como Porfirio Díaz, quien intentó mantenerse en el poder
mediante el fraude electoral que detonó la Revolución de 1910.
Asegura que los únicos asideros en México de Calderón Hinojosa
serán “los medios masivos de comunicación y las bayonetas”, pues
“ni a su partido controla”.
--Dabas por hecho que el próximo presidente de la República sería
López Obrador porque, decías, garantizaba la continuidad del
capitalismo con una supuesta redistribución de la riqueza. Sin
embargo, quien está a punto de asumir es Felipe Calderón. ¿Te
equivocaste al señalar que ambas opciones representaban lo
mismo?
--No son iguales. Era mejor para el capitalismo salvaje la opción
de López Obrador, porque significaba mantener la política
económica, lo que él llamaba “mantener las variables
macroeconómicas”, con control social. Nos equivocamos en
asegurar que el capital mexicano y el norteamericano eran más
inteligentes de lo que son; que iban a entender lo que López
Obrador les estuvo diciendo una y otra vez: que no iba a haber
ningún daño para ellos; que se iban a respetar sus ganancias;
simplemente se iba a redistribuir la riqueza que se estaba
atorando en el sistema político. Él nunca ofreció reducir ni la
tasa de ganancia ni las políticas de despojo que hay
actualmente.
--¿Por qué entonces finalmente los grandes empresarios y las
instituciones del sistema político mexicano se decidieron por
Felipe Calderón?
--Lo que ocurrió fue que tenían miedo de que López Obrador fuera
a despertar algo que no pudiera controlar y que fuera rebasado.
Cuando ellos hacían la semejanza entre López Obrador y Chávez no
se estaban refiriendo a que hubiera alguien con las poses de
Chávez sino a que se generara un movimiento y una confrontación
social que no la iba a poder controlar López Obrador ni nadie. Y
ellos optaron por la línea más rápida o expedita a la
destrucción de las bases materiales de la nación. O sea: las
grandes reformas que están pendientes, dicen ellos, y que son la
de los energéticos, la fiscal y la de la tierra, que me refiero
no sólo a la tierra sino al agua, aire y recursos naturales.
Eso es lo que se necesita para acabar de destruir al país y
convertirlo en un páramo sin gente y sin ninguna capacidad
productiva. Lo que ellos hicieron a la hora de elegir a Calderón
es elegir la forma más rápida de llevar a este país a la
destrucción, suponiendo que basta con la acción represiva para
controlar las cosas. A grandes rasgos, el gran capital mexicano
y norteamericano optó por la vía más rápida para una revuelta
nacional.
--Pero qué intereses está representando Calderón. ¿Será un
gobierno más represor del que sería uno encabezado por López
Obrador?
--Calderón tiene una dificultad que López Obrador no hubiera
tenido: la ilegitimidad. Desde la reelección de Porfirio Díaz en
1910 ningún otro presidente, ni siquiera Carlos Salinas de
Gortari, había llegado tan ilegítimo, con un fraude tan
evidente. Prácticamente lo único que le queda a Calderón para
empezar apenas a gobernar es, por un lado, el pie de los medios
masivos de comunicación y, por otro, el de las bayonetas. Pero
los propietarios de los medios masivos de comunicación tienen un
problema que no alcanzan a ver, que es el de la credibilidad.
A la hora de que los grandes medios como la televisión, la radio
y las grandes empresas editoriales abrazan a la clase política,
abrazan también su descrédito. El repudio cada vez más grande
que hay para los trabajadores de las dos más grandes
televisoras, lo hace cada vez más patente. Y el hecho de que
tengan que recurrir en forma lastimera a programas que son cada
vez más ridículos para llamar la atención, es otro síntoma. Los
ratings de los noticiarios van para abajo. Y en la mayoría de la
gente está el descrédito de que lo poco que se ve, no se cree. Y
todo esto ha sido compartido por los grandes periódicos y
también por las revistas.
--El pasado proceso electoral, que has calificado como
fraudulento, ha generado un movimiento social de apoyo a López
Obrador. Sus simpatizantes lo han nombrado presidente legítimo y
él ha convocado a una Convención Nacional Democrática (CND). El
20 de noviembre iniciará su gobierno en resistencia. ¿Qué
podemos esperar de este movimiento que ha tenido la capacidad de
convocar a millones de personas?
--Que va a ser vendido. El problema del movimiento que respalda a
López Obrador en contra del fraude electoral es la dirección. Y
es un ejemplo de lo que López Obrador iba a ofrecer en caso de
llegar a la presidencia. Esta mentira de una nueva forma de
hacer política con los viejos políticos de siempre, los que
estuvieron brincando de un lado para otro. El símbolo de ese
supuesto cambio que ofrecía López Obrador es Muñoz Ledo, que ya
no le falta ningún partido al cual brincar, tal vez el Panal con Elba Esther Gordillo.
Y la dirección y la elite política del PRD, los dirigentes y los
que tienen cargos populares, lo van a vender a la primera, si no
es que ya lo vendieron. Y buena parte de la movilización social
que se despertó después del fraude del 2 de julio estuvo
manejada por estas personas, dejando de lado que había gente
honesta y creía en lo que creía y que estaba dispuesta a todo. Y
esa presión social está siendo usada por esa dirección del PRD y
esos viejos políticos para negociar con el gobierno.
Y ahora también está la cabeza de López Obrador sobre la mesa de
negociación, así como todo el movimiento social que estaba
respaldándolo. Conforme ha avanzado el tiempo ellos han visto
con beneplácito el desgaste de la parte mediática de la figura
de López Obrador. El hecho de que cada vez que se presenta haya
menos gente y sea menos beligerante y combativa es para ellos
una ventaja, porque López Obrador se estaba convirtiendo como en
Cárdenas en su tiempo, en una sombra para sus intereses. El
destino del movimiento opositor que encabeza López Obrador es la
venta. Van a ser vendidos. El cálculo que hacen allá arriba los
del PRD, los diputados y senadores, es que pase de moda. Le van
a dar la salida que le dieron a Cárdenas en su tiempo, un
instituto o algo o que se pasee por el país como presidente
legítimo pero que no produzca ningún efecto.
--¿Y la opción del gobierno en resistencia?
--El problema de un gobierno alternativo es que tiene que
gobernar; si no, es una declaración. Y un gobierno que realmente
gobierne tiene que dictar leyes y contar con la capacidad de
hacerlas cumplir. Tiene que hacer un nuevo pacto social, una
nueva forma de convivir. Y en el caso de López Obrador, hasta a
hora, no existe eso, incluso ha dicho que no se trata de dejar
de pagar impuestos o de establecer otra justicia. Ahorita el
problema de la tierra es el artículo 27. Un gobierno que se
plantee como opositor al gobierno de arriba tiene que definirse
respecto al artículo 27, o sea tiene que darle marcha atrás [a
la reforma salinista]. Si el gobierno de López Obrador planteara
eso, su movimiento, que ahorita fundamentalmente es urbano y de
clase media, se convertiría en un movimiento campesino; y, como
ya hemos visto, el campesino ya no tiene más que irse al otro
lado o luchar por la tierra. No hay una definición sobre ese
punto.
En el caso de la pequeña y mediana industrias tanto agrícola
como urbana, el Tratado de Libre Comercio la ha liquidado. Y no
se plantea nada radical frente al TLC, que lo fundamental sería
desconocerlo, que no valga unilateralmente. Eso significaría
volver a proteger el mercado interno, que está completamente
minado. Su única definición más o menos de izquierda era la del
cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, que era algo que no
le tocaba, que necesitaba enarbolar el partido, los diputados y
senadores porque corresponde a ellos esa modificación
constitucional. Y a nuestra manera de ver, tenía que ver nada
más con que de los movimientos que hay en México el que tiene
impacto mediático es el zapatista y era la forma de montarse en
eso.
Un gobierno alternativo debía de tomar la tierra, repartirla,
dictar leyes de comercio, como hacen las juntas de buen gobierno
en Chiapas o como hacen los municipios autónomos indígenas en
otras partes del país. Esos sí son gobiernos alternos. En
algunas partes entra en tratos mutuos de gobierno a gobierno con
los gobiernos estatales o municipales, pero en su estructura
interna no se modifica.
El cambio fundamental que habría en estas declaraciones de López
Obrador es que se planteara la tarea de gobernar en resistencia
como lo hizo Juárez. Ahí sí. Porque usa mucho la imagen de
Juárez, pero Juárez sí se enfrentó al imperio de Maximiliano —y
de Carlota, porque sabemos que desde entonces está la moda ésta
de las parejas presidenciales—; gobernó, dictaba leyes, y sí era
un gobierno itinerante que iba de un lado para otro pero estaba
gobernando en resistencia y sin recursos, pero estaba dictando
leyes, llamando a la gente que las hiciera cumplir,
completamente en contraposición al otro.
El problema que vemos es que vaya a pasar lo mismo que pasó con
la movilización postelectoral en el plantón de Reforma y el
Zócalo, y es que no se genere organización, que es la diferencia
con Oaxaca, que es un movimiento que sí está generando
autoorganización en la gente. Y que dependa tanto del líder, de
lo que él diga o deje de decir.
En el caso de nosotros como indígenas, los que asisten como
representantes del movimiento indígena en la CND son los
empleados de Fox. Es Marcos Matías, ahora diputado por el PRD,
pero estuvo de empleado de Xóchitl Gálvez en el INI y luego
desapareció y durante mucho tiempo estuvo como funcionario. Ése
es el movimiento que simplemente les está dando una apariencia
de imagen, de legitimidad; pero que no representan absolutamente
nada. Y la parte fuerte del movimiento indígena en México ni
siquiera es el EZLN. Es el Congreso Nacional Indígena. Y juegan
con esto de las siglas y le ponen Convención Nacional Indígena y
llama CNI, sin aclarar que es la Convención y no el Congreso
para empezar a jalar esto.
El tabaco comienza a arder en la pipa y el humo constantemente
envuelve la cabeza del guerrillero. Con excepción del
pasamontañas, el resto de su uniforme tiene remedos sobre
remedos. La gorra beige conserva, al frente, las tres estrellas
que alguna vez fueron rojas; el paliacate no es más que jirones
de tela anudada que casi se deshace al tacto, y las botas,
cosidas hasta lo imposible, parecen agrietarse y abrirse más con
cada movimiento del guerrillero.
--Hemos estado observando la lucha de la Asamblea de Popular de
los Pueblos de Oaxaca (APPO) en demanda de la salida del
gobernador Ulises Ruiz. Y también hemos visto la respuesta de
los gobiernos federal y estatal que tratan de mantener al
mandatario a toda costa. ¿Qué lecciones puede obtener el EZLN y
La Otra Campaña de estos hechos, tanto desde el punto de vista
de la organización de la APPO como de la respuesta de los
gobiernos?
--La primera gran lección: es un movimiento donde no hay un líder
identificado, que sea salvable, porque hay unos que se
identifican y dan pena ajena. El caso del movimiento de la APPO
se trata de un movimiento donde sí manda la gente, por decirlo
de alguna forma, y empieza a suplir con éxito las labores del
gobierno. En el caso de la respuesta del gobierno federal, como
siempre, es que calcula mal la respuesta de la gente.
Nos están platicando que cuando la [Policía] Federal Preventiva
[PFP] tira gases, son de color amarillo. Es un químico que se
supone se pega a la piel y te da pa’ bajo, o sea que te pone
como si estuvieras tomando Diazepan. Y se supone que todos se
deberían de ponerse tranquilos y dóciles. Por supuesto, no está
funcionando. Los gringos ya lo habían probado en Irak y no
funcionó. Y lo probaron en Afganistán y no funcionó. Nunca les
ha funcionado. Se lo pasan a los del gobierno mexicano, que
compran cualquier pendejada. Y calculan que una acción represiva
va a provocar inhibición del movimiento y va implicar retroceso.
Y lo que ha demostrado el movimiento de la APPO es que ocurre lo
contrario.
El movimiento se empieza a desgastar y se empieza a reducir y
viene un hecho represivo y la gente los apoya. Oaxaca es un
punto tan sensible casi como Chiapas. Y la lección que está
dando el gobierno es que en lugar de optar por el diálogo está
optando por la represión. Qué mensaje le estás dando a la gente
en un lugar en donde hay movimientos armados. Así los
movimientos armados no necesitan reclutar a nadie. El gobierno
les está haciendo el trabajo de reclutamiento: a toda esa gente
golpeada y gaseada le está diciendo: ’no te queda otra opción
más que alzarte’.
Nos parece absurdo, pero todo el sexenio de Fox ha sido absurdo,
que el Estado mexicano apueste tanto por un criminal, que no lo
quiere nadie, que es Ulises Ruiz. Ya hasta el sector empresarial
dijo que se vaya; el Senado dijo que se vaya; los diputados…
Entonces nada más está sostenido por la Policía Federal
Preventiva y, según nos dicen, está entrando la Policía Militar
y la Armada de México. Y no tiene ningún sentido a no ser que
empiece a cundir el ejemplo de la APPO en el resto de los
estados. Y sí. Porque ese problema se pudo haber resuelto desde
meses antes con la salida de Ulises Ruiz y un gobierno de
mediación. Y ahora Fox va a terminar su sexenio con ese problema
y Calderón va a comenzar el suyo con ese problema, además de la
falta de legitimidad, además de La Otra Campaña.
La gran lección de la APPO y del pueblo de Oaxaca es que es
posible hacer esto y que es necesario que La Otra Campaña acabe
ya de tejer la red porque estamos reaccionando a lo de Oaxaca,
ahora sí que sobre las rodillas, ya cuando nos están golpeando.
Debíamos ya de tener la capacidad en todo el país para acompañar
todas sus demandas. Lo que sigue es que caiga Ulises Ruiz y que
la APPO y el pueblo de Oaxaca empiecen a plantear otras cosas.
Pueden reprimir, pero la organización ahí va a quedar. Aun así,
aunque salga en la televisión que los están golpeando y que
tomen muchos presos, el proceso de autoorganización que generó
en grupos y colectivos es invaluable, y eso no va a tener vuelta
de hoja.
--Flavio Sosa, uno de los líderes de la APPO, ha comentado que
están en contacto con Andrés Manuel López Obrador y contigo. Que
hay negociaciones para que La Otra Campaña y el movimiento de
López Obrador se unieran con la APPO para derrocar al gobierno
de Felipe Calderón. Cuál es tu opinión al respecto.
--No, no hay nada de eso. Lo único que sabemos que hay en La Otra
Campaña es el apoyo a la APPO, incondicional, para la caída de
Ulises Ruiz. Hasta ahí. En el caso del EZLN, también. Y lo que
podamos hacer para frenar la represión. Pero para nosotros y el
EZLN no valen ni el presidente oficial ni el legítimo. Nosotros
no pensamos que arriba se vayan a resolver las cosas. Y estamos
dispuestos a derrocar al oficial y al legítimo.
--Está el asunto de la APPO, de La Otra Campaña, la gente está
descontenta, el narcotráfico ha sobrepasado la capacidad de las
autoridades. ¿Consideras que hay gobernabilidad en México?
--No hay. Pero lo del narcotráfico es en realidad una
escenografía. Es para vender que el principal problema de México
es el de la seguridad. Entonces se hace mucho hincapié en el
narcotráfico, los índices de criminalidad, los asaltos y la
inseguridad; cuando, como hemos visto, los principales problemas
son el despojo, la precariedad en el trabajo, los bajos
salarios, la privatización de la educación, la destrucción del
sistema de seguridad social, incluyendo todo el sistema de
salud, y que se mantengan políticas de desprecio respecto a los
pueblos indios.
Entonces lo que se hace es magnificar un problema que sí existe,
pero no es tan grande como se está presentando si se compara con
los otros, de tal forma que la opción sea para resolver el
problema del país, es un aparato represivo más ostentoso, o más
modernizado, dicen ellos. Quieren justificar que se arme mejor a
la policía, al Ejército Federal Mexicano y que empiece a asumir
labores de policía interna. Entonces mientras se planteen en ese
terreno las cuestiones, la oferta que gana es la que ofrezca más
mano dura. En ese sentido, Calderón es lo que está ofreciendo.
Dicen: si se desestabiliza el país, que haya mucha inseguridad,
le cargamos la mano por el lado del narcotráfico y los
criminales, y en esa criminalización de la sociedad metemos al
movimiento social. Y entonces así ofreciendo mano dura voy a
tener el respaldo de la gente. En donde se está equivocando
Calderón es: primero, que no entra con el respaldo que entró Fox
y ni quiera con el que tuvo Zedillo o Salinas de Gortari. Ni
siquiera tiene el control del Partido Acción Nacional, porque
hay ahí una fricción muy dura respecto a la cuota de poder que
le reclama el yunque y la que le reclama el panismo tradicional,
que es la que está representada por Calderón.
El yunque está representado por Espino. En esa disputa ni
siquiera puede controlar a su partido. Es de esperar que ni
siquiera pueda controlar a Congreso; ya no se diga a resto de
los gobernadores y todo eso. Hay un clima de desestabilidad y
desgobernabilidad -no sólo ingobernabilidad, pues ya no sólo es
la incapacidad para gobernar sino la capacidad para provocar
crisis de gobierno, que ése es el ejemplo de Oaxaca-. Y muchos
piensan que la gente de abajo no se da cuenta. No. Lo que la
gente de abajo piensa es que está sola. O que eso que le está
pasando sólo le está pasando a ella. Lo que está haciendo La
Otra Campaña es demostrando que está pasando en todo el país. En
esta segunda parte, que estamos recorriendo, en el norte, La
Otra Campaña acabó con el mito entre el norte y sur de México.
Se derrumbó completamente. Si agarras un campesino de norte, de
Sonora, de Baja California, de Chihuahua o de la región
lagunera, lo puedes ubicar en cualquier parte del centro o del
sur de México y son los mismos problemas, la misma rabia y la
misma indignación. Ese mito creado por los medios de
comunicación que están clavados en la cuestión electoral y sólo
ven arriba y al ver los índices de votación dicen que el norte
es azul y el sur es amarillo, se derrumbó ahorita. Las bases
fundamentales están tan destruidas que se necesita hacer una
cosa más radical, que es la que estamos proponiendo en La Otra
Campaña.
Acostumbrado a expresar alegría o enojo sólo con la mirada, deja
de lado el talante jocoso y habla más pausadamente para
referirse a los objetivos de La Otra Campaña.
--Has mencionado que el objetivo de La Otra Campaña es derrocar
al gobierno. Constantemente has dicho que sólo traes una única
promesa y es para los de arriba: que los van a tirar. Pero
también has dicho que se trata de un movimiento pacífico. Cómo
se logrará esto. ¿Acaso los de arriba se van a quedar con los
brazos cruzados y no van a defender sus latifundios, sus
fábricas?
--Lo que hemos visto en nuestra experiencia en América Latina y
aquí, con la excepción de Cuba, es que los movimientos armados
que llegan al poder y que desde arriba empiezan a tratar de
solucionara la cosas fracasan. Dejan muchos pendientes y se crea
como una elite, nada más que con bandera de izquierda, que
empieza a decidir y a suplantar decisiones. En lugar de la masa,
el partido; en lugar del partido, el Comité Central; en lugar
del Comité Central, el secretario general y así, para usar una
figura de izquierda.
Nosotros decimos que si se construye desde abajo, no importa qué
pase arriba [la dirección] queda sujetada, controlada. Y las
lecciones de los movimientos indígenas en Ecuador, en Bolivia y
en otras partes y no sólo de indígenas es que sí es posible
poner en crisis con una movilización pacífica, civil, masiva y
que da buenos resultados porque genera organización abajo y el
gobierno entra en otro tipo de relación con la gente que se
insubordinó o que se hizo insumisa o que se rebeló. Lo que pasa
es que lo que todavía está pendiente en La Otra Campaña es qué
sigue. Eso que sigue debe ser el producto de una discusión muy
amplia en donde estamos incorporados nosotros.
Hay una consigna que se repite mucho: “por un gobierno obrero,
campesino y popular”; pero no dicen indígena. Incluso en esa
propuesta de la izquierda ortodoxa, que nosotros respetamos
porque tiene tiempo que está ahí y no se ha rendido, a pesar de
que ha pasado lo que ha pasado sigue sin ver a los pueblos
indios como pueblos indios: o somos campesinos o somos obreros,
pero no somos indígenas.
--En la UNAM dijiste que ya no iba a haber sistema político
mexicano para 2012. Qué es lo que va a haber entonces.
--Mira, Calderón no termina. Eso sí. No termina por los de abajo,
por el descontento social que se provoque y que esté organizado.
O no termina por los de arriba, porque el afán de conquista que
tienen las grandes trasnacionales no se va detener ni siquiera
con esta especie de cortina muy tenue que son aún las leyes
mexicanas de protección. O sea, van por todo. Y lo que eso va a
provocar son rebeliones espontáneas, aisladas, que van a
terminar en derrotas si no nos organizamos.
Pero la derrota no es sólo que el movimiento fracase. La derrota
es que esto se convierta en una guerra civil, de sálvese quien
pueda. Cerrada la frontera como la están cerrando, a dónde van a
ir los campesinos despojados, los estudiantes egresados de las
universidades sin trabajo, la gente que se desplazada de las
fábricas, todos los cinturones de miseria, que ya están tratando
de disputarles a las urbes el espacio urbano, el que esté
creciendo cada vez más el ambulantaje y por otro lado esté
creciendo al represión para darles más espacio a los centros
comerciales. Calderón no termina.
Lo que falta por definir es si a la caída de Calderón sigue otro
país o sigue otro remedo de tránsito. Nosotros decimos: las
crisis fundamentales no se resuelven necesariamente con un
cambio, porque el de arriba tiene la capacidad de regeneración.
Entonces si no hay una alternativa sí es posible que en lugar de
Calderón entre otro y que haga lo mismo y trate de administrar a
mediano plazo lo que es inevitable, que es la destrucción de las
bases fundamentales de la nación. Lo que nosotros decimos es que
cuando ese momento llegue tiene que haber una alternativa de
izquierda que ponga el dedo en el punto central: lo que está
aquí mal es el sistema económico y sobre él el sistema político,
jurídico, ideológico, cultural que se mantiene con base en eso.
Nosotros decimos, destruyendo uno, para qué nos vamos a detener:
destruyamos todo. Nosotros empezamos a plantear esto cuando se
gesta la Sexta Declaración como un mecanismo de resistencia, que
es nuestra especialidad. Nosotros decimos: lo que necesitamos es
organizarnos para resistir el embate neoliberal. Pero para
resistir el embate neoliberal necesitamos una fuerza muy grande.
Si la organizamos, por qué detenernos en la resistencia. En
lugar de hacer una cerca para que el lobo no robe muchas ovejas,
mejor vamos por él y liquidémoslo.
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