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Michelle Bachelet, presidenta de Chile trata de minimizar la corrupción y sus efectos colaterales |
En Chile una vez más asistimos a diversos tipos de
denuncias que están relacionadas con la corrupción en las altas
esferas del poder político, económico y en los servicios
públicos. También altamente cuestionados permanentemente son el
poder judicial, la policía de investigaciones, los municipios y
los ministerios.
Por
Eduardo Andrade Bone, desde Chile
Pero esta grave situación que corroe el alma de Chile, tiene su
origen en la existencia misma de la dictadura de Pinochet y el
modelo económico vigente.
Los chilenos son
conocedores de cómo el ex dictador, los militares asesinaron y
robaron mientras se mantuvieron en el poder. Pero también tiene
su origen en el modelo neoliberal de desarrollo que impera desde
la época de la dictadura y que se ha extendido hasta nuestros
días, allí precisamente está el caldo de cultivo de la
corrupción que crece y crece en Chile.
Sin embargo si bien es cierto, que se suele asociar a la
corrupción como una cuestión inherente al régimen militar, lo
cierto es que poco se habla de cómo se corrompieron los altos
mandos de la Fuerzas Armadas y los civiles ligados a la
dictadura militar que pertenecían y pertenecen a quienes tienen
el poder económico en el país, y que en gran mayoría están
ligados políticamente a la Alianza por Chile (UDI-RN), que
además es un trabajo digno de ser investigado, puesto que poco
se habla de todo lo que robaron los civiles que apoyaron el
régimen militar y los otros altos mandos de las FF.AA.
Otro elemento a tener en cuenta de porque en Chile, se ha
extendido como un reguero de pólvora la corrupción, es la
existencia de la Constitución de la dictadura y la falta de una
democracia real, en donde el pueblo chileno pueda ejercer su
plena soberanía y vigilancia sobre los diversos poderes del
Estado y las instituciones privadas que están ligadas a negocios
con el Estado chileno, en un país además, donde no existe la
transparencia de las instituciones públicas, todo es posible. El
mantener un sistema electoral antidemocrático como el existente
en Chile, es una buena garantía para los corruptos.
En el gobierno de unos de los especialistas en el tráfico de
influencias, el ex presidente Ricardo Lagos, el pueblo chileno
pudo conocer de diversos escándalos que están relacionados
precisamente con la corrupción en las altas esferas de poder,
que continúan siendo investigados y en donde la “justicia”, aún
no da su última palabra.
La propia prensa chilena da cuenta de la corrupción, en el
denominado caso GATE-MOP, el diario La Tercera (07-04-2006 )
informa que…” ex jefe de gabinete de Lagos recibió $ 7 millones
de pesos, por pedir a la empresa Cygsa dineros para pagar
sobresueldos, en su resolución la ministra Gloria Ana Chevesich
volvió a acercarse al entorno de Ricardo Lagos: detalló que el
ex jefe de gabinete del ex Presidente Enrique Paris recibió $
7.700.000 como honorarios en el MOP.
Paris se desempeñó
como jefe de Finanzas de Concesiones entre octubre de 2001 y
febrero de 2002, época en que recibió pagos de Cygsa, firma con
vínculos con el MOP”. Sin embargo hay algunos otros personeros
de gobiernos, ligados al entorno más cercano a Lagos, que están
han estado involucrados en conductas corruptivas, algunos otros
incluso, fueron premiados por el ex presidente enviándolos de
embajadores.
En esa misma edición se informa además que “Codelco pagó como
gratificación el año pasado a altos ejecutivos y que en promedio
ascienden a 22 millones de pesos” . En donde se exceden de todas
las reglas que están relacionadas con una administración
correcta de las empresas públicas.
Como podemos apreciar la actualidad de ayer y de hoy, está cada
vez más llena de escándalos y corrupciones. Asistimos, con mayor
o menor resignación o indiferencia, a los comportamientos
corruptos de personajes que, desde la clase política y el
interior del aparato del Estado u otros, bien por iniciativa
propia o por granjerías externas, se dejan llevar por los
estímulos económicos, de los que piensan que más vale una
soborno oportuno que la sumisión a las reglas establecidas.
El problema no es, en
sí mismo, la corrupción, sino la alteración de las relaciones de
poder y las reglas de la transparencia de una democracia
restringida como la chilena, introduciendo elementos de
distorsión que gangrenan la moral individual y colectiva.
Sin embargo otros de los grandes factores que contribuyen al
crecimiento de la corrupción en Chile, es la existencia misma
del modelo económico capitalista neoliberal, que ha transformado
a Chile, junto con México y Brasil, en los países con mayores
índices de desigualdad social y corrupción, en donde la clase
trabajadora en un 70% observa anonada, como unos pocos (10%)
goza de todas las granjerías del “crecimiento económico”,
mientras que la gran mayoría vive con ingresos de sobre vivencia
y endeudados hasta el cuello.
El capital neoliberal y toda la política continuista de los
gobiernos de la Concertación han generados grandes ambiciones
personales en la elite política chilena , lo que le permite
tener nexos con aquellos que controlan el poder económico, y a
su vez, ponerse al servicio cual lacayos de ese poder.
Ahora las diversas
instancias del poder político y económico del neoliberalismo, no
quieren perder sus privilegios, de allí que a través de la
corrupción, se retroalimentan unos a otros. En la gestión
pública, la elite compuesta por la Concertación y la Alianza por
Chile se encuentran corruptas, puesto que el modelo económico
vigente y toda la legalidad creada por la dictadura así lo
permite.
Ahora la corrupción que genera el cúmulo de actividades de los
funcionarios públicos, de la clase política y de las empresas e
instituciones privadas, solo merece una pena dura y ejemplar, es
urgente y necesario que el sistema reaccione de forma enérgica
utilizando fuertes penas de prisión. Una democracia complaciente
y restringida como la chilena, es insensible o incapaz de atajar
estas lacras de forma rápida y eficaz está abocada a que sus
espacios de poder sean ocupados por personas que, valiéndose de
los procedimientos seudo democráticos de la Constitución de la
dictadura, la vacíen de contenido y valores convirtiéndola en
una máscara que representa al poder pero carente de legitimación
ética soberana y democrática, de allí que en Chile la corrupción
está institucionalizada.
El órgano oficial de la CIA en Chile, el diario golpista EL
Mercurio a propósito de la corrupción, en su edición del sábado
8 de julio de 2006 publicaba que unos 90 mil dólares costó gira
parlamentaria a Kenya y luego agrega… “a cuenta del Congreso,
cada legislador dispuso de unos 11 mil dólares (en pasaje y
viático) para unirse al polémico periplo. Cerca de 90 mil
dólares tuvo que desembolsar hace ya dos meses el Congreso
Nacional para financiar el polémico viaje de nueve
parlamentarios a Nairobi, Kenya, para participar de un encuentro
de la Unión Interparlamentaria Mundial. De acuerdo con
información aportada por los mismos integrantes de la comitiva
que estuvo en tierras africanas entre los días 7 y 12 de mayo
pasado, la cifra se debe a que la corporación destinó para cada
legislador 8 mil dólares por concepto de pasajes en clase
bussines y unos 2.000 en viático”. Este es precisamente la
esencia y el reflejo de lo que es la corrupción en el Chile de
la Concertación y la Alianza por Chile.
Otro reflejo de la corrupción son los exorbitantes ingresos que
perciben los altos funcionarios de gobierno, y otras
instituciones públicas, en comparación a los magros salarios que
recibe la gran mayoría de los chilenos. Que pública al respecto
el diario gobiernista La Nación en su edición del 10 de agosto
2006…”los ministros de la Corte Suprema aspiran a que el
Gobierno les suba el sueldo para igualar su salario al que
reciben actualmente los ministros de Estado, porque desde 2002
ganan alrededor de un millón de pesos menos. Así, mientras un
supremo gana bruto poco más de 4 millones 300 mil pesos(8182
dólares), un ministro de Estado bordea los 5 millones 300 mil
pesos (10.100 dólares), lo que se traduce en que los jueces del
máximo tribunal ganan menos que un subsecretario que recibe
mensualmente un pago cercano a los 4 millones 800 mil pesos”.
Mientras tanto el promedio de la clase trabajadora gana 305
dólares al mes, un trabajador que percibe los ingresos mínimos
gana 258 dls. al mes. Un ministro de Estado percibe 14.270
dólares, un parlamentario con todas las granjerías perciben
ingresos por 20.930 dólares, lo que constituyen ingresos del más
alto nivel de corrupción.
Pensemos que un parlamentario de la Unión Europea recibe un
sueldo neto de 7 mil euros (8900 dólares) al mes, pero la media
de un trabajador de la UE percibe 1275 dólares al mes, o sea un
parlamentario de la UE gana 5,5 veces más que un trabajador
común y corriente, , y la diferencia no suele ser tan fantástica
como ocurre e Chile, en donde un parlamentario gana 68 veces más
que un trabajador del mismo nivel que en la UE, esto no tiene
otro nombre que corrupción al más alto nivel, como suelen decir
los diputados de la UE refiriéndose a Chile y otros países
latinoamericanos.
Los últimos escándalos de corrupción que están relacionados con
Chiledeportes, y en donde están involucrados funcionarios
públicos de la Concertación, además de parlamentarios y ex
candidatos presidenciales proveniente de las filas de los
partidos de gobierno y de la extrema derecha representada por
Renovación Nacional, son una muestra más de lo que han generados
las políticas económicas continuistas de los gobiernos
concertacionistas, la legalidad de la Constitución de la
dictadura y del cogobierno con el pinochetismo (UDI-RN), entes
altamente corruptos.
Lo que llama la atención además de toda está situación, que
observan impávidos los chilenos, es que la primera mandataria
trate de minimizar la corrupción y sus efectos colaterales,
además de tratar de buscar acuerdos de solución a los escándalos
con el pinochetismo, a espalda de todos los chilenos. Los
funcionarios más cercanos a la presidenta, sus asesores y
colaboradores, poco o nada le interesan los problemas reales del
pueblo chileno. Ellos viven en una burbuja que nada tiene que
ver con la sobre vivencia diaria de la gran mayoría de los
trabajadores de este país. Estos funcionarios creen que el
Estado es un botín, de allí que están más preocupados de trepar
en las diversas esferas del poder para alcanzar sus objetivos
personales, compuesta por aduladores, oportunistas, arribistas y
corruptos de los más diversos linajes, esa es la realidad que
viene viviendo Chile desde la instauración de la dictadura hasta
nuestros días. Se suele decir que la política es el arte de
gobernar en bien del pueblo pero ahora se han dedicado seudo
políticos a vivir de ella, olvidando el bien común, y el
bienestar de todos los chilenos.
De allí, que no es raro que la gran mayoría del pueblo chileno,
independientemente de que haya entregado su voto a la
Concertación, éste no tiene ninguna confianza en general con la
clase política chilena, la que se encuentra profundamente
desprestigiada, y cada vez más asociada al tráfico de
influencias y la corrupción.
En Chile, ya lo hemos dicho otra veces, se viene anidando un
alto grado de descontento de frustración, de desencanto, ante lo
que han sido las promesas demagógicas de quienes vienen
gobernando ya por cuatro períodos consecutivos, y que solo han
elaborado políticas de parche y entregado migajas al pueblo
chileno, sin ir a los problemas de fondo, o por lo menos a
reformas de mayor trascendencia. Ello porque no están dispuestos
a tocar los intereses de quienes controlan el poder económicos
en el país.
Ahora los grave de esta situación , es que ese descontento y
desencanto que viven los chilenos con la elite política, se han
transformado en una situación de auto represión y que no logra
encontrar todavía su propio cauce y que puede estallar de
cualquier forma, con las consecuencias pertinentes, pues siempre
la respuesta de quienes se encuentra en las altas esferas del
poder y el gobierno, no es otra que la represión. El pueblo ve,
oye, no dice nada, discute, intercambia opiniones, se ríe de la
manipulación de las encuestas que esconden como se va acumulando
la frustración y la rabia, pero en el momento oportuno y
adecuado se incorpora a la movilización y la protesta. Así
ocurrió en dictadura, todo comenzó con pequeñas acciones de
protesta, para luego transformarse en grandes protestas
nacionales que terminaron poniendo en jaque a la dictadura, así
habrá de ocurrir en el futuro inmediato, mientras tanto vamos
acumulando rabia.
Finalmente, cabe destacar que durante el último periodo del
gobierno de la Unidad Popular, la extrema derecha, la Democracia
Cristiana y los sectores golpistas impulsaron precisamente la
consigna denominada “Junten rabia chilenos”. Hoy al calor de los
grandes desencantos que viven los chilenos, y los escándalos
sucesivos de corrupción y otras lacras propias del capitalismo
neoliberal y de gobiernos de centro derecha, no cabe otra cosa,
que volver a retomar dicha consigna, pero para decirle basta a
la Concertación y la extrema derecha compuesta por la Alianza
por Chile, que han usufructuado del país y de la confianza de la
clase trabajadora y de todo el pueblo chileno.