Más de cien iraquíes son
asesinados cada día en una guerra civil que, según Kofi Annan, mantiene
“atrapado” a Estados Unidos. Los escuadrones de la muerte actúan de acuerdo con
las milicias islamistas y con sectores de las fuerzas de seguridad. Ayer se
produjo el mayor atentado en tres años, en Bagdad, con más de 140 muertos. Un
popular cómico de la televisión local fue una de las víctimas más recientes.
Por Roberto López Belloso -
Brecha
Walid Hassan se había especializado
en interpretar a burócratas o políticos arribistas. Como cualquier humorista que
se precie de tal, apuntaba sus dardos en todas direcciones, desde las tropas de
ocupación hasta las milicias islamistas, por lo que no es fácil predecir de
dónde vino la bala que acabó con su vida.
Su último personaje había sido un
funcionario inepto y sin escrúpulos que ascendía a los codazos en las
improvisadas arenas movedizas de la nueva administración pos Hussein. La foto
que acompañó la noticia de su muerte lo muestra caracterizado debajo de un
pañuelo, con una mueca en el rostro intentando sobrellevar una conversación por
celular, tal vez satirizando los problemas en las comunicaciones del “país
liberado”.
Pensaba que su popularidad actuaría como un escudo cuando vinieran a matarlo.
Así se lo decía una y otra vez a su esposa.
Tal vez realmente lo creía. O tal vez
mentía en un intento absurdo por tranquilizarla. La balanza se inclina a favor
de esta segunda hipótesis si se tiene en cuenta que Walid Hassan hacía semanas
que estaba preparándose “para cuando le llegara la hora”, según comentó uno de
sus amigos a Sudarsan Raghavan, corresponsal de The Washington Post en Bagdad.
Pero cada semana Walid Hassan se
obligaba a dejar de lado esos temores y esa amargura, y protagonizaba
Caricatura, un programa cómico de la cadena iraquí Al Sharkiya. Apenas Hassan se
convirtió en uno más de los cien iraquíes que mueren cada día a causa de la
guerra, los comentaristas elevaron a Caricatura al estatus de un producto de
culto, y lo llegaron a calificar como “la versión iraquí de Saturday Night Live”,
comparándolo con la cantera de las nuevas generaciones de comediantes
estadounidenses que puede verse en el canal Sony de la tevé por cable.
Probablemente la realidad es más
modesta. Fuera de fronteras su asesinato tuvo el efecto de recolocar la
situación iraquí en el menú informativo, aunque sea circunstancialmente. Es
sabido que la repetición de un mismo tipo de noticias sobre un mismo lugar del
mundo genera un estado de saturación en la opinión pública.
El mínimo asombro que produce
enterarse de que alguien ha podido matar a balazos a un cómico (curioso asombro
si se piensa en el carácter corrosivo que, desde Bertolt Brecht y Milan Kundera
a esta parte, se reconoce tiene el humor para los poderes de turno) permitió
esta semana que la información sobre ese país recuperara interés.
Un golpe de efecto que abre un cuarto
de hora de atención durante el cual es posible filtrar las últimas opiniones del
secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, sobre el empantanamiento
de Estados Unidos en esa larga “posguerra”, o las cifras más recientes sobre los
efectos de la violencia en la población civil.
Marines empantanados
Las estadísticas de octubre, que se conocieron este miércoles, confirman que
cada día mueren más de cien iraquíes a causa de la guerra. Forman parte de la
población más pobre del país, aquella que no ha podido escapar a los países
fronterizos. Los que pueden irse, se van. El éxodo también tiene su promedio
diario. Más de 3 mil iraquíes dejan su país diariamente. Cien mil al mes.
Un millón y medio de personas desde
que Estados Unidos invadió Irak en una de las operaciones militares peor
justificadas de los últimos tiempos.
Kofi Annan, en una conferencia de prensa brindada en Suiza, dijo que Estados
Unidos está atrapado en Irak, “en el sentido de que no puede irse ni quedarse”.
En su opinión, una posible solución
para que la retirada estadounidense de Irak no empeore las cosas pasaría por
estudiar nuevamente la forma en que la nueva Constitución reparte el poder entre
los distintos grupos sociales. Debe tenerse presente que el mayor deterioro de
la seguridad ocurrió a partir de febrero de este año, cuando se produjo un
atentado contra el templo chiita de Samarra, considerado el inicio de la
violencia sectaria entre chiitas y sunitas.
Los primeros son mayoritarios en Irak
(al igual que en Irán), en tanto que los sunitas son predominantes en el resto
del mundo musulmán y fueron el sector beneficiado durante el régimen de Saddam
Hussein. Aunque el hecho de que Annan esté dejando su puesto de secretario
general le haya permitido tomarse mayores libertades a la hora de opinar, su
tesis del empantanamiento no carece de fundamentos.
Escuadrones de la muerte
El reporte más reciente de las Naciones Unidas contextualiza los números
diciendo lo que ya se sabe, pero cuya reiteración reafirma la sensación de
crisis que ya llevó a la debacle electoral republicana en las elecciones
legislativas de principios de mes.
La ONU recuerda que se mantiene la
“grave crisis humanitaria y de derechos humanos”, que ejemplifica en las
matanzas indiscriminadas, los atentados selectivos, la delincuencia y la
corrupción, entre otros componentes que contribuyen a la debacle del orden
público. Se reconocen “los empeños del nuevo gobierno por hacer frente a la
situación”, pero pese a esto “las instituciones del Estado han sido incapaces de
proteger a las personas contra las violaciones flagrantes de los derechos
humanos o de reparar o indemnizar los daños sufridos por las víctimas, cuyo
número está aumentando a un ritmo acelerado”.
Annan también dice sentirse
“preocupado” por la información de que “elementos de las milicias
(antigubernamentales) se han infiltrado en las principales instituciones
gubernamentales y encargadas de hacer cumplir la ley, lo cual socava la
confianza del pueblo iraquí en las instituciones del Estado”.
El secretario general señala que
tanto los grupos armados opositores como algunos sectores de las fuerzas de
seguridad del gobierno mantienen lazos con los escuadrones de la muerte, algo
que “queda en evidencia con la aparición diaria, en varias partes del país, de
docenas de cuerpos de personas asesinadas que presentan indicios de tortura y
ejecución”.