Iraq fue sacudido este jueves por los peores atentados
suicidas desde el comienzo de la ocupación liderada por Estados
Unidos, cuyo saldo total de víctimas fatales crece en forma
alarmante.
Por
Mohammed A. Salih - IPS
Más de 150 personas murieron y otras 130 resultaron heridas en
el distrito bagdadí de Ciudad Sadr, de mayoría chiita, en una
serie de ataques con coches bomba y morteros en la mañana de
este jueves, en el marco de duros enfrentamientos entre chiitas
y sunitas.
El gobierno iraquí decretó toque de queda en Bagdad y cerró el
aeropuerto internacional.
Un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
indica que la violencia alcanzó un nuevo auge en octubre.
Noviembre parece destinado a ser peor aún, ya que los números
preliminares de muertos por la guerra civil ya era más alto que
el mes anterior incluso antes de los atentados de este jueves.
En su reporte divulgado el miércoles, la Misión de las Naciones
Unidas para la Asistencia a Iraq (UNAMI) señaló que entre
septiembre y octubre murieron 7.054 civiles.
De estas muertes, 3.709 ocurrieron en octubre, convirtiéndolo en
el mes más mortal desde la invasión británico-estadounidense en
marzo de 2003. En julio y agosto murieron 6.599 iraquíes.
"La situación de seguridad en Iraq es críticamente peligrosa.
Hay una guerra sectaria a gran escala en el país, que los medios
no han logrado divulgar plenamente al resto del mundo", dijo a
IPS el analista político Bassam Ali, de la septentrional ciudad
de Arbil.
El observador señaló que el creciente número de muertos en Iraq
es "la mejor evidencia de que Estados Unidos no logró una
victoria", y acusó a los países vecinos de inflamar la violencia
"con el propósito de expandir el problema sectario".
Frente al aumento de los combates, muchos iraquíes perdieron la
esperanza de que la situación mejor en el futuro cercano.
Muhanad, de 22 años, quien se negó a dar su apellido por razones
de seguridad, huyó hace dos años al Kurdistán, en el norte, tras
recibir varias amenazas de muerte de grupos armados. Es uno de
los 50.000 desplazados por la violencia que abandonan al sur del
país.
"Si la situación sigue así, no tengo esperanzas de poder
regresar. Deseo de que todo mejore, pero no sé si es muy
probable", afirmó.
El escenario político tampoco parece ser muy coherente cuando la
violencia sectaria está dividiendo al país.
Políticos sunitas en el gobierno ya amenazaron con abandonar el
gobierno, pues creen que el primer ministro, el chiita Nouri al-Maliki,
no ha hecho lo suficiente para combatir a los insurgentes de esa
secta del Islam.
Varios líderes chiitas acusan a los líderes sunitas de adoptar
una postura ambivalente ante el terrorismo, y de actuar contra
los intereses del gobierno. El Ministerio del Interior,
controlado por chiitas, emitió la semana pasada una orden de
captura contra el líder religioso sunita Harith al-Dhari.
La desconfianza también creció entre la mayoría chiita en el
gobierno y los partidos kurdos, que se quejan de la falta de
acción para resolver los temas pendientes para su colectividad.
Por su parte, los chiitas acusan a los kurdos de exigir
demasiado cuando el país tiene mayores necesidades en materia
política y de seguridad.
Bassam Ali cree que los enfrentamientos no menguarán, dado de
que "la violencia produce víctimas, y las víctimas quieren
asesinatos de venganza, y el resultado es un continuo ciclo de
derramamiento de sangre que se agrava día a día".
"Estoy convencido de que no hay lugar para un Iraq unido. Si no
hay solución para esta situación, las heridas se profundizarán y
todo se hará más difícil de controlar", añadió.