Poco menos de
dos años han transcurrido desde la primera visita realizada por
Bashar Asad a Rusia (enero de 2005) en calidad de presidente de
Siria.
Por Vladimir
Ajmedov - RIA Novosti
En el plano político, este período fue nada fácil para Rusia y
Siria, y en cierto sentido pasó a ser una prueba de lo acertado
de la política interna y exterior. En particular, la perspectiva
inmediata de evolución de la situación en Oriente Próximo
tampoco promete una bonanza política. En vista de todo ello,
para Moscú y Damasco es sumamente importante concordar sus
posturas.
En toda su historia moderna, Oriente Próximo ha atravesado un
momento tan peligroso, preñado de la escisión por razones
confesionales y étnicas, de la desarticulación del sistema de
poder, de la pérdida de la soberanía y la desintegración
territorial de algunos Estados, de brotes de revoluciones
sociales y toda una cadena de golpes de Estado. En la vorágine
de estos acontecimientos puede verse involucrada también Siria.
Una vez derrocado el régimen de Sadam Husein en Irak, Occidente
no deja de lanzar críticas y acusaciones más diversas contra las
autoridades de Damasco. Son complicadas asimismo las relaciones
entre Siria y algunos países árabes, en primer término, con
Arabia Saudita. En tal coyuntura, Damasco, sin lugar a dudas,
interpretaba el acercamiento a Rusia como una oportunidad para
salir del aislamiento artificial impuesto desde fuera y una
determinada garantía de estabilidad para el régimen actual. La
visita realizada por Bashar Asad a Moscú en 2005 justificó las
esperanzas de los sirios y en muchos aspectos predeterminó el
desarrollo de la situación regional.
Las evidencias vienen a apuntar que merced a una firme postura
de Moscú, también modifican su actitud hacia Siria Estados
Unidos y países limítrofes del área. La Administración USA ya no
plantea el tema de destitución del régimen sirio, sino que, todo
lo contrario, busca asegurarse su apoyo en los esfuerzos por
normalizar la situación en Irak. Ello no obstante, la situación
en Oriente Próximo sigue tensa, y Siria no deja de necesitar
apoyo.
No es casual que la visita de Bashar Asad a Moscú haya sido
fijada para el día posterior al planeado informe sobre la
investigación de las circunstancias de la muerte de Rafik Hariri,
ex primer ministro del Líbano. El informe corre a cargo del
presidente de la comisión internacional instituida ad hoc y será
presentado al secretario general de la ONU. Varios políticos en
Beirut, Washington, Londres y París desean ver en este crimen
sólo la pista siria. Una cooperación sincera de las autoridades
de Damasco con la comisión de instrucción de la ONU y la falta
de algunos testimonios directos de la implicación de Siria en
este crimen no han persuadido a sus enemigos de que este país es
inocente. Cada nuevo informe de la comisión internacional puede
dar pábulo para lanzar ataques contra los dirigentes sirios,
sobre todo a la luz de la reciente institución del Tribunal
Hariri por el Consejo de Seguridad de la ONU.
A lo largo del último año y medio Moscú no cejó en el esfuerzo
por moderar la actitud de otros miembros del Consejo de
Seguridad de la ONU hacia Damasco, para que sus acciones fueran,
en la medida de lo posible, menos politizadas y preconcebidas.
Cabe señalar que a menudo la diplomacia rusa lograba encontrar
una fórmula de compromiso entre la actitud de Siria y la de
varios países occidentales. Gracias a ello, por lo menos hasta
ahora sobre Oriente Próximo (para ser precisos, sobre Siria y el
Líbano) no pende la amenaza de una posible reedición de la
variante iraquí. A propósito sea dicho, no se descarta que la
visita de Asad sea precedida por la del primer ministro libanés
Fuad Siniora que tiene ciertas divergencias con los actuales
dirigentes de Siria.
Cabe señalar que Moscú está muy interesado, tanto por razones
políticas como económicas, en que la situación en Siria y en
toda la zona mesoriental se mantenga estable. Gracias a su
situación geográfica, Siria es un país donde se cruzan las vías
de transporte, comerciales, líneas de alta tensión y tuberías
que enlazan los países del Golfo Pérsico, Turquía y Europa.
Después de derrocado el régimen de Sadam Husein (marzo de 2003),
un segundo advenimiento de Rusia al Oriente Próximo sería más
racional precisamente a través de Siria.
Las negociaciones sostenidas en Moscú en enero de 2005 entre
Vladimir Putin y Bashar Asad confirieron el impulso tan anhelado
al desarrollo de las relaciones ruso-sirias, algo estancadas
después de la desintegración de la URSS. El arreglo de la deuda
siria que estorbaba la evolución de nuestras relaciones, abrió
nuevas perspectivas de la cooperación, imprimiéndole una
dinámica positiva. Recordemos que Rusia condonó el 73% de la
deuda siria.
Hoy, en el mercado sirio actúan varias decenas de entidades y
empresas rusas. Rusia está preferentemente interesada en los
sectores clave de la economía siria: la Banca, finanzas,
industria de petróleo y gas, infraestructura de transporte,
energía, agricultura, turismo. Dichos sectores tienen
importancia estratégica para la seguridad económica y el
desarrollo sostenible del país. De este modo, Rusia coopera de
hecho a la modernización económica y social de Siria, sin la
cual es inconcebible el afianzamiento de una democracia estable.
El X Congreso del gobernante Partido del Renacimiento Árabe
Socialista celebrado en junio de 2005, recomendó promover la
cooperación y la coordinación con Rusia. Esa misma opinión
predomina entre la élite militar de Siria.
Un papel esencial para la situación en el área lo desempeña la
cooperación técnica y militar ruso-siria. El acuerdo sobre esta
cooperación concertado entre ambos países sobre nuevos
principios de provecho mutuo estipula tanto suministros de
armamentos modernos ofensivos rusos a Siria como la formación de
oficiales de carrera para las Fuerzas Armadas de este país. Los
contactos que altos cargos militares de ambos países, incluidos
los Jefes de Estado Mayor General, mantienen con bastante
regularidad han contribuido mucho a precisar los parámetros de
esta cooperación y a evaluar las perspectivas del desarrollo de
la situación política y militar en el área.
Últimamente se han avivado los contactos entre los Parlamentos y
partidos políticos de ambos países. Ahora estos vínculos tienen
un carácter distinto al de los años anteriores. A la par con
políticos de izquierda que mantienen lazos tradicionalmente
sólidos con sus colegas sirios, con cada vez mayor frecuencia
forman parte de las delegaciones rusas representantes del
partido oficialista que cuenta con la mayoría de escaños en el
Legislativo. Como resultado, el diálogo interparlamentario
ruso-sirio no sólo progresa sino que adquiere una nueva calidad.
La intensificación de los vínculos bilaterales contribuyó a
introducir una mayor confianza en la cooperación política y a
lograr una mayor concordancia respecto a las formas de resolver
graves problemas regionales. También las autoridades de Moscú
confían en que el encuentro entre Vladimir Putin y Bashar Asad
transcurrirá en la misma atmósfera de confianza que en enero de
2005 y también evolucionará en diálogo estratégico. Todo ello
contribuirá no sólo a fomentar los contactos bilaterales sino
también a estabilizar la situación en Oriente Próximo.