Según reza el informe publicado hace unos días
por el Departamento de la ONU para la lucha antidroga y prevención del crimen,
para acabar con el narcotráfico afgano se necesitarán muchos años.
Por
Piotr Goncharov -
RIA Novosti
"La historia nos enseña que se necesita la vida de toda una generación para
convertir Afganistán en un país libre de droga. Para erradicar este mal, se debe
prestar apoyo económico a los campesinos y arrestar a los funcionarios corruptos
en toda una docena de las provincias afganas donde se cultiva amapola", se dice
en el informe.
Ni que decir tiene, es un pronóstico poco agradable, sobre todo para Rusia
que es la primera en interponerse en el camino del narcotráfico afgano a Europa.
A título de ejemplo diremos que hacia comienzos de noviembre pasado, tan sólo
los agentes del Servicio Federal de Control de Drogas (SFCD) decomisaron más de
80 toneladas de drogas, de las que unas dos toneladas era heroína de origen
afgano.
Hablando en rigor, aun antes de la publicación del informe, en Moscú
evaluaban sin gran optimismo las perspectivas de lucha contra la droga afgana.
En opinión de Víctor Cherkesov, director del SFCD, las medidas que se adoptan
hoy en Afganistán tanto por la comunidad internacional como por el propio
Gobierno afgano, son a todas luces insuficientes, mientras su eficacia es baja
en extremo. Los programas internacionales de financiación de cultivo de plantas
alternativas (digamos, algodón en vez de amapola) no han surtido efecto en las
condiciones de Afganistán.
Además, los grupos criminales que controlan la producción de heroína en
Afganistán, a menudo son encabezados por personas allegadas a los poderes
públicos regionales. Resulta que la gente que debería coordinar la lucha contra
el narcotráfico, de hecho está muy interesada en que este negocio prospere, por
lo cual hoy es simplemente absurdo hacer pronósticos positivos algunos.
Tampoco son justificadas las esperanzas que se depositan en la Fuerza
Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF). Este
contingente dispone de escasas posibilidades en una situación en que las
autoridades afganas no pueden extender su control más allá de Kabul. Por lo
tanto, resulta problemático llevar a vías de hecho programas que se extiendan a
toda la geografía nacional.
Igual que antes, Moscú mantiene una actitud crítica hacia el enfoque dado por
la ISAF y, concretamente, por la OTAN, a la lucha contra la droga (la ISAF se
encuentra ahora bajo el mando de la OTAN). En particular, el enviado especial
del presidente de Rusia para la lucha contra el terrorismo, Anatoli Safonov,
considera de injustificadas las declaraciones de los altos mandos de la OTAN
acerca de que el exterminio por unidades de la ISAF de los cultivos de amapola
no haría sino complicar las relaciones con la población local. "Consideramos que
se trata de un callejón sin salida", subraya el enviado especial del presidente
ruso al comentar la postura de la OTAN.
Una voz clamando en el desierto. ¿Qué tiene que ver con esto la OTAN, si el
Consejo de Seguridad de la ONU no autoriza a la ISAF para exterminar los
sembradíos de amapola. Tampoco EE.UU. cuyo contingente constituye el grueso de
la ISAF, se propone ocuparse de este problema, argumentando su negativa con
declaraciones efectistas. En una ocasión, el ex secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld, manifestó que debido a que la droga afgana "se cultiva con dinero de
Rusia y Europa", entonces que Rusia y Europa metan la mano en el asunto. A EE.UU.
esta droga le importa un bledo. Pero se aducen también objeciones serias.
En el mencionado informe del Departamento de la ONU para la lucha antidroga y
prevención del crimen se expresa que "al exterminar los sembradíos de amapola,
cultivados por campesinos afganos más pobres, es necesario mostrar el máximo de
cautela para no agravar la situación existente".
En tal caso, ¿qué es lo que debe hacer Rusia? ¿Habrá en general una salida de
este círculo vicioso?
Según manifestó el general mayor Alexander Yanevski, jefe de departamento en
el SFCD, según datos oficiales, en Rusia hay 342 mil narcómanos, mientras según
no oficiales, hasta 6 millones. En Europa la situación es nada mejor, aunque
allí dan más preferencia a cocaína y marihuana que a los derivados de opio
afgano.
Tal vez, ¿de veras tendría sentido aceptar la propuesta del Consejo Senlis,
un grupo de expertos en políticas internacionales sobre drogas? Según ellos, los
países occidentales deben comprarle oficialmente a Afganistán amapola para luego
utilizarla en la fabricación de preparados anestésicos. En tal caso, el Gobierno
afgano obtendría beneficios, pondría parcialmente bajo su control los cultivos
de amapola, pero lo fundamental es que se asestaría un fuerte golpe contra todo
el narcotráfico ilegal en su conjunto.
Según datos proporcionados por la ONU, este año registrará cotas récord. En
comparación con 2005, los cultivos de amapola en Afganistán crecieron en el 60%;
la producción de opio (materia prima para la fabricación de heroína) lo hizo en
el 50% como mínimo. Según datos disponibles, Afganistán está dispuesto a
exportar este año a Europa más de 600 toneladas de heroína de primera. Como ya
se ha dicho, Rusia ya interceptó unas 2 toneladas. Consiguientemente, queda una
cantidad ínfima, por así decirlo.
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