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Benedicto XVI |
Fue en la "Casa de la Virgen", cerca de Efeso. El
pontífice oró por la paz entre los pueblos.
Por Julio
Algañaraz - Clarín
La primera misa del Papa en Turquía tuvo el miércoles por escenario la
Casa de la Virgen María, cerca de Efeso. Fue una ceremonia
litúrgica, emocionante e íntima, porque solo 250 fieles de la
pequeña comunidad católica turca asistieron al oficio religioso
en medio de grandes medidas de seguridad.
Los doctos dicen que no hay certezas absolutas de que la madre
de Cristo vivió en la "colina del ruiseñor", un bello lugar
dominado por olivos, pinos y eucaliptus, con una pequeña iglesia
de ladrillos rojos.
Pero tres papas, con su presencia, han dictaminado que en esta
modesta casa de piedra vivió "Meryem", como se dice en turco. Su
nombre original, como judía palestina, era Myriam. Fueron Pablo
XVI en 1967, Juan Pablo II en 1979 y Benedicto XVI el miércoles. El
pontífice dijo que el lugar, que representa la segunda cuna del
cristianismo después de Jerusalén en los primeros siglos del
florecimiento católico, "es un puente natural entre los
continentes e invocamos desde aquí la paz y la reconciliación en
todo el mundo". Pero en primer lugar, Benedicto XVI pidió paz en
la Tierra Santa, en Jerusalén, la tierra del Abraham, "el
profeta común de judíos, cristianos y musulmanes".
La historia de la Casa de María comenzó en el siglo XIX, por las
visiones místicas de la monja alemana Anne Catherine Emmerich,
años después beatificada por la Iglesia. Ella "vio" que María
vivía cerca de Efeso en una casa de San Juan Bautista, el
discípulo favorito de Cristo, a quién le encargó cuidar a su
madre. Un cura francés, el abate Gouyet, enterado de las
visiones de la mística alemana, emprendió en 1881 con amigos y
fieles cristianos del lugar la búsqueda de las ruinas de la
morada, sobre las colinas vecinas a Efeso. Las ruinas fueron
encontradas y el arzobispo católico de la actual Esmirna,
diócesis de la cual depende Efeso, las autenticó en 1882.
De inmediato comenzaron las peregrinaciones, cada vez más
numerosas. Actualmente al santuario van unos tres millones de
devotos por año, la gran mayoría musulmanes, que como en una
gruta de Jerusalén donde María amamantó al niño Jesús, piden a
la virgen fertilidad y salud para los hijos que vengan.
María está citada alrededor de 40 veces en el Corán, por lo que
es también una figura sagrada para los musulmanes como madre del
profeta Jesús. Los islámicos lo consideran uno de sus profetas
pero no el hijo de Dios.
Las controversias dentro del mundo católico están a la orden del
día respecto al destino de María después de la muerte de su
hijo, en el año 33 de nuestra era. Según la tradición de Efeso,
ella llegó hasta allí en el año 37, acompañando a San Juan
Bautista, que era el dueño de la pequeña casa de piedra Y vivió
allí hasta su muerte.
En los Evangelios no hay referencias a la suerte que corrió la
Virgen María tras la muerte de Cristo. Los ortodoxos y la
tradición gerosolimitana, sostienen que María vivió en una de
las colinas de Jerusalén, donde se produjo su "dormición", o sea
que se adormentó hasta ser acogida en el cielo en cuerpo y alma.
Este es el dogma de la Asunción de la Virgen, que se celebra el
16 de agosto y fue proclamada en 1950 por el Papa Pío XII. Los
restos arqueológicos del lugar de la "dormición" de María fueron
identificados en Jerusalén en 1972.
Es probable que María haya regresado a Jerusalén desde Efeso,
donde en 431 se celebró un Concilio en una iglesia dedicada a la
Beata Virgen, un hecho totalmente excepcional. El Concilio la
proclamó "madre de Dios".
En este ambiente que tanta historia y tanta fe evocan a los
creyentes, el Papa hizo el miércoles una "especial oración por la paz
entre los pueblos". Benito XVI pidió "una pacificación
universal".
Reparado del sol por una tienda blanca, Benedicto XVI se
mostraba contento por el contacto con los pocos fieles que lo
saludaban y ovacionaban. La del miércoles fue la misa pública más
íntima que ha dado este Papa, tan acostumbrado a las grandes
multitudes. Los chicos católicos turcos que lo saludaban hacían
flamear banderas del Vaticano y de Turquía. Uno de ellos le
alargó una bandera turca, con la medialuna y la estrella blanca
sobre fondo rojo, el Papa la mostró complacido.
Al fin de la misa, la comitiva pontificia regresó a la ciudad de
Esmirna, desde donde había llegado, para partir por avión rumbo
a Estambul, etapa final de la peregrinación a Turquía del Papa Ratzinger.
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