eguro que usted soñó con verse en el lugar de Yuri
Gagarin, preguntaron en una ocasión al astronauta Andrian
Nikolaev, dos veces Héroe de la Unión Soviética, hombre de una
modestia excepcional.
- Cada uno lo quería,
contestó él con amargura. - Pero yo sabía que nunca me iban a
lanzar el primero, aunque en la forma física yo no le cedía en
nada a Gagarin. ¿Por qué no? Porque nuestro gran país lanzaría
al espacio el primero sólo a un ruso. Y yo soy chuvache de
nacionalidad. ¿Acaso podían confiarle realizar tamaña proeza a
representante de una pequeña etnia?
En otras repúblicas
seguían atentamente lo que hacían en Moscú. Si unos pueden
glorificar la grandeza de su pueblo, su lengua y su cultura, a
los demás tampoco les gusta quedar a la zaga.
Por ejemplo, en Kazajstán en la editorial "Zhazushi" publicaron
el libro "Az y yo", de Olzhas Suleimenov. En Rusia lo
calificaron de nacionalista y antirruso, afirmaron que su autor
tergiversa la verdad histórica y se mofa de "El Cantar de las
Huestes de Igor", así como exigieron retirar el libro de todas
las tiendas y castigar al autor. El ideólogo número uno del
país, Mijail Suslov, miembro del Buró Político y secretario del
Comité Central del PCUS, citó al primer secretario del Comité
Central del Partido Comunista de Kazajstán, Dinmuhamed Kunaev,
para debatir con él el tema en cuestión.
El siempre sombrío Suslov dijo:
- Dinmuhamed, en su república se publicó un libro de una
orientación abiertamente antirrusa y nacionalista.
- Lo leí, y no veo nada..., comenzó a contestar Kunaev.
Pero Suslov no le permitió continuar, manifestando:
- Siga escuchándome. El Ministerio de Defensa lo retiró de todas
las bibliotecas militares, y lo hizo bien, a mi modo de ver.
Investigue usted el asunto y el proceder del autor, castigando
debidamente a los culpables, para que no hagan semejantes cosas
en lo venidero.
Kunaev abandonó el despacho de Suslov y se dirigió en seguida al
de Brezhnev. Primero debatió con él otros asuntos y luego abordó
con cuidado el tema del libro de Suleimenov:
- Son críticas infundadas apuntadas contra un escritor
talentudo. Se tratará de unos celos entre los escritores, dijo.
Si Suleimenov viviese en Moscú, la actitud hacia él sería otra.
Pero a Brezhnev lo preocupaba poco un libro editado en Alma Ata.
Le importaba mucho más no ofender a esta república grande ni a
este amigo cercano de él. Leonid Brezhnev hizo un ademán vago
con la mano, diciendo:
-Veanlo ustedes mismos.
Pasado medio año, Suleimenov fue elegido ostentativamente
miembro del Comité Central republicano. Kunaev tenía "su"
partido comunista, el kazajo convencionalmente dicho, cuyos
miembros sostenían que los kazajos eran subvalorados y sus
derechos, menoscabados, que los rusos ocupaban de modo ilegítimo
los puestos dirigentes en Kazajstán...
Tales ánimos minaban la unidad del Estado. El nacionalismo mal
disimulado destruyó a la Unión Soviética en fin de cuentas, pero
la lección no fue aprovechada...
La tácita división por razones de sangre y raza fue arraigando,
y hoy en día determina la actitud que se tiene en la sociedad
rusa hacia los oriundos del Cáucaso o Asia. Tales ánimos han
existido siempre, lo recuerdo bien. Pero en la época soviética
se expresaban sólo en trato privado, mientras que ahora ya
resuenan desde pantallas de televisión. La gente que antes lo
oía sólo en pasillos, de repente se da cuenta de que se puede
hablar de ello abiertamente, sin reparar en expresiones. Un
oyente llama a la emisora de radio y dice orgulloso: "Soy
nacionalista". Le falta poco para decir con el mismo orgullo:
"Soy nazista". Un ex ministro ruso dijo en una ocasión: "Si el
desvelo por los intereses nacionales de nuestro pueblo se llama
nazismo, entonces soy nazista". Actualmente él está buscado,
pero no lo logran encontrar, por muy extraño que ello pueda
parecer.
Al hablar de los ánimos reinantes entre los periodistas, debemos
hacer constar, lamentablemente, que muchos de ellos están
contagiados con la porquería nacionalista y la vierten en planas
de periódicos y espacios televisados. En cuanto a mí, apoyaría
la idea de no mencionar en la prensa la nacionalidad del reo.
¿Qué diferencia hay entre un tayico o un vecino que ha saqueado
el apartamento de uno? Lo que importa es el saqueo, hace falta
encontrar a quien lo cometió y llevarlo a los tribunales. Pero
los organismos judiciales a veces acentúan adrede la
nacionalidad del detenido. No se trata de una política
reaccionaria aplicada desde arriba. Así perciben el mundo un
policía o un periodista. Ellos no subdividen la gente en la
buena y la mala, sino en armenios, georgianos, azerbaiyanos...
Por supuesto, dos guerras chechenas desempeñaron un papel
macabro, provocando por mucho tiempo enfriamiento en las
relaciones entre los rusos y los pueblos del Cáucaso. La tensión
que surgió entre Rusia y Georgia, la deportación de los
georgianos indocumentados también fomentan tales ánimos.
A mi modo de ver, existen dos vías que llevan a erradicarlos.
Primero, hace falta introducir determinadas normas profesionales
de cumplimiento obligatorio por el periodista. No importa qué él
piense o diga a su amigo en un bar, en su trabajo profesional
debe acatar las reglas.
Segundo, es de importancia vital potenciar la educación
antinazista, la falta de la cual era propia de todo el campo
socialista. Tomemos la Alemania contemporánea, los ánimos
neonazis son más fuertes en su parte del Este, entre los ex
ciudadanos de la Alemania socialista... Muchos dicen: ¿para qué
nos hace falta la educación antinazista? Fuimos nosotros quienes
derrotamos el nazismo, por ello en Rusia no puede haber nazismo.
A éste último lo asocian con la imagen de un soldado de la
Wehrmacht empuñando un "schmeisser".
No, no tenemos nazis como éste, los hay sólo en el cine.
Pero un considerable número de nuestros ciudadanos comparten
ideas que formaron parte de la ideología del nacional-socialismo
alemán. Las personas que expresan ideas nazistas a menudo se
ofenden mucho cuando otros se lo indican. Así será mientras que
no comience una ingente labor intelectual de limpiar las mentes
de las ideas racistas y xenófobas...
En cuanto a mí, más confío en la autoeducación, en el esfuerzo
que hace uno mismo, en la necesidad de ponernos a reflexionar,
para comprender que no se puede dividir la Humanidad en razas,
que el color de la piel y la forma de la nariz no tienen ninguna
importancia, que cada ser humano es único. Pero no por ello el
mundo se hace más fácil. Se pone aún más complejo.