Uno de los "ministros" del Papa, el cardenal Renato Martino, calificó ayer de
"inhumana" la decisión del presidente norteamericano George W. Bush de construir
un muro de 1.120 kilómetros en la frontera de EE.UU. con México para impedir el
ingreso de inmigrantes ilegales.
Martino dijo también que el muro de
Bush recuerda el muro de Berlín y que es una violación de los derechos humanos.
El purpurado es presidente del Pontificio Consejo para los Migrantes e
Itinerantes, y ofreció una conferencia de prensa en el Vaticano al presentar el
mensaje del Papa del 14 de enero próximo con motivo de la Jornada Mundial del
Migrante y el Refugiado.
El alto prelado vaticano también expresó la esperanza de que la nueva mayoría
demócrata en ambas cámaras del Congreso estadounidense permita rectificar la
"inhumana" operación.
"En una época en la cual el regocijo ha invadido el mundo por el derrumbe de
muros vergonzosos como el de Berlín, es absurdo e inconcebible que sean erigidos
otros, como el decidido por EE.UU." en la frontera con México, afirmó el
cardenal Martino, que antes de ser promovido al cardenalato fue durante 12 años
el observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.
Martino es uno de los "ministros" más activos del Vaticano y aprovechó la
conferencia de prensa para elogiar la acción conjunta de los episcopados
estadounidense y mexicano, que se opusieron enérgicamente a la construcción del
muro, "trabajando sin cesar para contrastarlo, suscitando así la plena
satisfacción de la Santa Sede".
El cardenal fue aún más duro con el presidente Bush al afirmar que "esta
operación es contraria a las aspiraciones de la humanidad de construir una
familia de hermanos, sin distinciones de razas y de culturas".
En EE.UU. viven alrededor de 11 millones de mexicanos. La mitad de ellos son
ilegales. El presidente de EE.UU. afirmó, al promulgar el proyecto de
construcción el 26 de octubre, que el muro "es un importante paso en los
esfuerzos de nuestra nación para proteger nuestras fronteras".
Un informe del Departamento de Estado en 2005 estima que entre 600 y 800 mil
seres humanos —hombres, mujeres y niños—, son traficados actualmente a través de
las fronteras norteamericanas. El 80% de lo que muchos consideran como "los
nuevos esclavos" son de sexo femenino. El alto prelado vaticano denunció que
muchas mujeres son obligadas a prostituirse y los niños, a trabajar.
"El tráfico de seres humanos en el mundo se ha intensificado. Las personas son
sometidas a la esclavitud porque dependen de ciertos criminales que se apoderan
de estos seres humanos", dijo. Señaló que "esta práctica es ahora peor que el
tráfico de esclavos en el pasado". "Es peor que la esclavitud de las personas
capturadas en Africa y llevadas a otras naciones".
El cardenal Martino lanzó un desafío a todas las naciones para que combatan "la
esclavitud actual". "En un mundo que proclama los derechos humanos a diestra y
siniestra, vemos lo que se hace con los derechos de tantos seres humanos, que no
son respetados sino pisoteados", afirmó.
El secretario del mismo Pontificio Consejo para los Migrantes, monseñor Agostino
Marchetto, habló también en la conferencia de prensa y puntualizó que una
superpotencia democrática como Estados Unidos, si bien tiene como todos los
países "el derecho de proteger sus fronteras y su legislación", debe "estar
abierto al bien común general, respetando los derechos humanos de los migrantes,
sean legales o no".
Monseñor Marchetto señaló que en la decisión del presidente de Estados Unidos
"han influido también aspectos de la política interna", aludiendo a las
elecciones legislativas de principios de este mes, en las que George W. Bush
sufrió una resonante derrota. El anuncio de la construcción del muro, según
muchos observadores, fue un instrumento de la campaña electoral del presidente
para evitar el triunfo de los demócratas.
Marchetto afirmó que "las realidades políticas también cambian". Como el
cardenal Martino. también expresó su esperanza de que la nueva mayoría demócrata
en el Congreso norteamericano "decida salvar los principios de la convivencia
civil, así como la vida y los derechos humanos de quienes ingresan en el
territorio de Estados Unidos".