No cabe la menor duda de que Moscú se opondrá a adoptar
cualesquiera medidas drásticas para resolver el problema nuclear
en la península de Corea, agravado por la reciente prueba
realizada por Pyongyang. Igual que antes, Moscú da prioridad a
la reanudación de las negociaciones a seis con la participación
de Corea del Norte, EE.UU., Rusia, China, Corea del Sur y Japón.
Pero aun mejor sería que se entablaran negociaciones directas
entre EE.UU. y Corea del Norte.
Tal postura se sustenta en el enfoque dado por Moscú a las
causas del agravamiento de la situación en la península de Corea
y a la lógica del desarrollo de esta situación.
En Moscú opinan que el agravamiento del problema nuclear
norcoreano fue provocado por las acusaciones de enriquecer
uranio, lanzadas en octubre de 2002 por EE.UU. contra Corea del
Norte. En aquella ocasión, Washington no adujo pruebas algunas.
Cuando EE.UU. suspendió la construcción en Corea del Norte de
dos reactores nucleares de agua ligera, infringiendo de este
modo su acuerdo marco con este país, las autoridades de
Pyongyang no tardaron en anunciar oficialmente su retirada del
Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Los sucesos
acaecidos después son harto conocidos.
La situación configurada en otoño de 2002 era susceptible de
remediar. Con tal objetivo, en agosto de 2003, en Pekín fueron
convocadas las arriba mencionadas negociaciones a seis. Pasados
años, los participantes lograron concordar y emitir una
Declaración conjunta cuyas cláusulas más importantes eran el
compromiso de Corea del Norte de renunciar al arma nuclear y
volver a adherirse al Tratado de No Proliferación y a acatar las
decisiones de la AIEA; EE.UU., por su parte, se mostró dispuesto
a normalizar las relaciones con Corea del Norte y discutir en
los plazos aceptables el tema de transferir a este país el
reactor de agua ligera, causante del lío.
También se suponía que una vez emitida la Declaración conjunta,
las partes procederían a elaborar medidas consecuentes e
interrelacionadas con vistas a arreglar la crisis, o sea, a
cumplir las estipulaciones contenidas en la Declaración. Pero el
destino dispuso de otra forma, y los acontecimientos tomaron un
cariz absolutamente distinto.
Washington de hecho infringió el principio acordado durante las
negociaciones de Pekín: "promesa a cambio de promesa, acción a
cambio de acción". Ya en septiembre de 2005, EE.UU. promovió la
adopción de medidas restrictivas respecto a las cuentas
bancarias norcoreanas en el banco Delta Asia (Macao) so pretexto
de una supuesta implicación de Corea del Norte en el blanqueo de
dinero obtenido de las exportaciones de misiles, así como en la
fabricación de dólares falsos y de artículos falseados. Aunque
hasta ahora estas acusaciones no han sido confirmadas, nada
indica que EE.UU. se proponga anular las restricciones
financieras con respecto a Corea del Norte. Todo lo contrario,
las evidencias apuntan a que estas restricciones serán
recrudecidas y ampliadas.
A raíz de la prueba nuclear realizada por Corea del Norte,
Washington se esmera por conseguir que también otros países
apliquen medidas restrictivas contra Corea del Norte, alegando
que los recursos financieros obtenidos por Pyongyang de las
"operaciones ilícitas" pueden ser colocados en cualquier país y
no sólo en Macao. Japón y Australia ya anunciaron haber
decretado sanciones unilaterales contra Corea del Norte.
Como es lógico, la reacción de Corea del Norte a tales políticas
es sumamente negativa. Las autoridades de Pyongyang las
interpretan como intento de establecer bloque
económico-financiero al objeto de "asfixiar" el régimen
norcoreano y apartarlo luego del poder. Hablando en rigor, las
ostensibles pruebas misilísticas en julio y el reciente ensayo
nuclear realizados fueron una singular reacción de Pyongyang a
las crecientes presiones por parte de EE.UU..
No sólo cargos oficiales sino también muchos expertos
independientes rusos destacan que el desarrollo negativo de la
situación en torno al problema nuclear norcoreano fue en buena
medida provocado por los pasos de Washington arriba mencionados.
En particular, Mijaíl Titarenko, director del Instituto del
Lejano Oriente (Academia de Ciencia de Rusia), opina que Corea
del Norte se vio acorralada debido en mucho a la política
aplicada por EE.UU., y ahora hay que ofrecerle una posibilidad
de abandonar dignamente la posición extrema".
A rasgos generales, una fuente autorizada en Moscú ha comentado
en estos términos la postura rusa.
Rusia ha condenado inequívocamente la prueba nuclear norcoreana
que socavó el régimen internacional de no proliferación y
exigido que Pyongyang vuelva a adherirse sin demora al Tratado
de No Proliferación y adopte medidas urgentes para reanudar las
negociaciones a seis. Conserva su actualidad también la idea de
celebrar contactos norteamericano-norcoreanos para dirimir las
contradicciones existentes entre ambos países.
Rusia mantiene esta postura también en el Consejo de Seguridad
de la ONU, pero al propio tiempo parte de que en la situación
configurada, importa continuar aplicando esfuerzos que puedan
mover a Pyongyang a aplicar una conducta más prudente.
En cooperación con todas las partes concernidas, Rusia hará todo
a su alcance para descartar la variante pésima de desarrollo de
los sucesos y contribuir a la reanudación del proceso
negociador.