buen seguro Francesc Relea ha leído con
pasión Un día más con vida de Kapuscinski, e indudablemente, fantaseó
con la posibilidad de seguir los pasos del periodista polaco. Lo imagino por
tanto, haciendo la maleta, temeroso de su vida ante la aventura que se
avecina: la anarquía, el caos, las masas ajenas al orden democrático, y el
peligro del vacío de las instituciones y sus órganos “reguladores”.Así
pues, y tal y como él mismo cuenta en inconfundible estilo de reportero de
campo, de periodista que no se conforma con leer lo que los demás dicen,
sino que quiere saber, de primera mano, lo que ocurre en el lugar de la
noticia, nuestro protagonista llega a Oaxaca en avión con tan sólo una
veintena de pasajeros. Quizá, aquellos que volaban en primera clase le
informaron ya, antes de pisar territorio rebelde, de las verdaderas razones
que se esconden tras de la revuelta.
El taxista, nos cuenta nuestro valiente héroe, representante primero del
pueblo a través del cual nuestro reportero desea conocer la verdad de lo que
ocurre, protesta contra la APPO. Su argumento, el primero de una serie que,
más allá del simplismo cortoplacista, nos mostrará la profundidad de lo que
allí ocurre: ya casi no hacen viajes al aeropuerto porque ya no vienen
turistas.
Y nuestro aventurero sigue adentrándose en lo profundo del abismo
subversivo. El centro de Oaxaca advierte a través de carteles de la falta
seguridad. Gracias a su dilatada experiencia consigue superar el miedo: un
periodista ha de saber que, en su odisea hacia la verdad, deberá en
ocasiones hollar oscuros senderos.
Así pues, continúa con el trabajo de campo, y nuestro titán de la noticia
llega al hotel, céntrico, por supuesto: cerca de la noticia, a pesar de los
riesgos que eso comporta. Y la búsqueda de la información que sólo es
posible conseguir para aquel que va al lugar de los hechos, a pesar de tener
que vivir las incomodidades de la lejanía de los seres queridos, de esa
tortilla de patatas que su madre siempre hace en su punto, llegando incluso
a arriesgar su propia vida, ¡para eso estudié periodismo mientras mis amigos
se hacían abogados o empresarios, para contar la verdad al mundo por mucho
que tenga que renunciar a tantas cosas!.
Esa búsqueda, siempre imperfecta, también continúa ligada al pueblo de
Oaxaca, verdaderos protagonistas de la historia, escrita por esas pequeñas
gentes de las que nunca se saben sus nombres, y no por aquellos que se
estudian en los libros; así pues, habla con gerentes, empresarios y
similares de los hoteles y restaurantes de la plaza del Zócalo. Ellos sí.
Por fin encontró lo que buscaba. Tras la apariencia de lo que sólo se
muestra en primer término, ellos le han dado finalmente el dato preciso que
le permite descifrar todo el entuerto, la piedra filosofal de los
acontecimiento en Oaxaca: los empresarios, a pesar de sus tradicionales
esfuerzos por mantener a sus trabajadores en sus puestos, han tenido que
despedir a muchos por culpa de la APPO.
Realmente aquí está la cuestión: la lucha de la APPO es una lucha contra
el pueblo; una lucha que, tras los intereses ocultos del sistema
revolucionario, no hace más que ir contra los pobres trabajadores. “Cuando
termine el conflicto, es muy probable que los empresarios logren recuperarse
y tal vez reciban alguna ayuda del Gobierno federal.” Menos mal…
Pero no podemos dejar de citar alguno de los magistrales pasajes de
nuestro paradigmático cronista, síntesis perfecta de una narrativa tan
precisa como omniabarcante: “Hoy (el Zócalo) es el cuartel general de la
Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que ha instalado un
campamento permanente. Grandes pancartas de organizaciones y grupúsculos
revolucionarios cubren todos los edificios. El quiosco donde se apostaban
los músicos se ha convertido en el sanctasanctórum de la APPO. Hasta aquí
son trasladados los detenidos que capturan las brigadas móviles de quienes
se han erigido en los administradores de justicia en la ciudad.” La APPO:
grupo revolucionario, paramilitar, fanático, enemigo de la cultura,
personajes sedientos de venganza…
La noche cae sobre Oaxaca, y nuestro reportero, en tan sólo un día, ha
sido capaz de desentrañar el nudo gordiano. Al llegar la oscuridad, las
barricadas y el caos alcanzan su paroxismo. La ciudad se vuelve inhabitable
y las pobres gentes, víctimas de la ambición de la APPO, no tienen más
remedio que refugiarse en sus casas. De nuevo, los lugares de ocio para los
turistas, verdaderos motores de la economía y de la igualdad social que
rebosa en todo el estado de Oaxaca, no tienen a quien atender.
En la mañana, seguramente, nuestro buen amigo Francesc, abandonará en
avión Oaxaca con la sensación de que ha cumplido con su deber o, eso sin
duda, con lo que se le había encargado desde Madrid. Y a nosotros, al
leerlo, nos embarga la sensación de que ahí va un gran reportero, una
persona que no sólo domina el lenguaje, sino que además es consciente de que
lo que dice llegará a miles de personas y que, por tanto, su profesión
requiere de un gran compromiso moral.
Tan sólo un pequeño reproche a
nivel formal: olvidó hablar con los familiares de Alejandro García
Hernández, el último de los asesinados por el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz.
No se puede estar en todo.