|
(IAR-Noticias)
05-Diciembre-06
|
 |
|
Soldados chinos custodian la
Embajada de Corea del Norte en Pekín. (Foto: AP) |
Las grandes potencias nucleares ejercen la tradicional política de poder
para controlar la dispersión nuclear a través del tratado y el sistema
de seguridad colectiva de las Naciones Unidas, abrogándose la
representación de la comunidad
Por
Eduardo Daniel Oviedo (*) - La Haine
IntroducciónLa adopción de
sanciones a Norcorea por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, como consecuencia del ensayo nuclear realizado el 9 de octubre
de 2006, genera interrogantes sobre el futuro accionar de la diplomacia
china. Estas acciones punitivas de nada servirán sin su anuencia, ya que
la economía y el régimen norcoreanos han subsistido gracias a su apoyo.
En este sentido, el Comité creado por la resolución 1718 tendrá a cargo
el control del cumplimiento de las sanciones, donde China cobra especial
importancia, incluso a los efectos de esclarecer si este país está a
favor de la comunidad internacional o encubre el apoyo al plan de
nuclearización de la península que lleva a cabo Corea del Norte.
En realidad, China parece transitar un camino intermedio entre la
comunidad internacional y su alianza con el régimen de Kim Yong Il,
priorizando la resolución pacífica de la cuestión a través de la
negociación en el marco del llamado diálogo hexagonal, cuyo objetivo de
no-nuclearización ha cambiado de naturaleza hacia la desnuclearización.
Sin embargo, la prueba nuclear norcoreana demostró el fracaso de su
diplomacia y la falta de voluntad política para ejercer mayor influencia
o presión sobre el gobierno de Pyongyang, a fin de que cambie su
política y mantenga la nonuclearización de la península, la cual
constituía uno de sus principios rectores en política exterior.
El ensayo nuclear norcoreano también corrobora la tendencia a la
proliferación de las armas nucleares, a pesar del esfuerzo de las
grandes potencias por evitarlo. El multilateralismo de la no
proliferación enfrenta la naturaleza westefaliana del sistema
internacional, tanto en la política de poder implementada por las
grandes potencias para limitar la posesión de armas nucleares, como en
el derecho que le asiste a los Estados no nucleares a poseerlas.
Nueva crisis y fracaso de la diplomacia china
Desde el armisticio de Panmunjom, China ha sostenido constante su
política exterior hacia la península coreana. Caracterizada por el
mantenimiento del status quo y la estabilidad, su accionar resultó
concordante con el interés de Estados Unidos en preservar la histórica
situación heredada de la Guerra Fría. En contrario, el régimen
norcoreano altera el estatuto regional con la intención de convertirse
en poder nuclear, orientación opuesta tanto a la política estadounidense
de evitar la dispersión nuclear, como a la de no-nuclearización de la
península esgrimida por China.
Desintegrada la Unión Soviética, el gobierno de Beijing flexibilizó
su política al establecer relaciones diplomáticas con la República de
Corea en 1992 y promover el intercambio económico bilateral, hasta
ocupar Seúl el tercer puesto como socio comercial de China en el año
2005, gestando mayor equilibrio en sus relaciones triangulares hacia la
península y afirmando su rol de actor principal e influyente.
El giro pragmático de la diplomacia china provocó la reacción de Kim
Il Sung, cuya autonomía decisoria respecto del régimen chino sobresalió
en la crisis nuclear de 1993, superada por los buenos oficios de Carter
y la imprevista muerte del líder norcoreano, a quien le sucedió su hijo
Kim Yong Il.
Esta política tuvo el costo de agravar las ya deterioradas relaciones
con Corea del Norte, ocasionado por el rechazo norcoreano a la vía china
al desarrollo y los pendientes reclamos territoriales, que muestran a la
alianza rémora de la Guerra Fría transformada en mero vínculo
interestatal, donde los intereses nacionales y la evasiva posición de
Corea del Norte a reconocer el protectorado chino, han hecho medra de la
otrora relación “tan unida, como la uña y la carne de los dedos”, según
la frase del primer ministro Zhou En Lai, que describía la rígida
alianza de los años de conflicto armado en la península.
La cuestión permaneció en status quo hasta el año 2002, cuando
estalló la segunda crisis nuclear, tras que George W. Bush incluyó a
Corea del Norte dentro del llamado “Eje del Mal”, junto a Irak e Irán, y
exigiera a los tres gobiernos que abandonen sus programas de armas de
destrucción masiva. La crisis escala en octubre durante la visita del
enviado estadounidense James Kelly a Corea del Norte, cuando el gobierno
de Pyongyang reconoció la reanudación del plan nuclear, violando los
acuerdo de 1994.
A diferencia de la primera crisis, China ejerció un rol activo, y sus
buenos oficios encausaron la cuestión hacia la negociación pacífica del
diálogo hexagonal, consistente en un estilo de diplomacia preventiva que
reúne a los principales actores con intereses en el Noreste Asiático:
Estados Unidos, Japón, Rusia, las dos Coreas y China (esta última en
carácter de anfitrión).
En pleno proceso de negociación, la crisis escala el 10 de enero de
2003 cuando Corea del Norte denunció el Tratado sobre la No
Proliferación de armas nucleares, bajo el argumento de ser una medida de
autodefensa legítima frente a la política hostil de Estados Unidos,
seguida por la Agencia Internacional de Energía Atómica.
El esfuerzo chino por superar la cuestión en forma pacífica, sufrió
nuevamente la adversidad cuando el 5 de julio de 2006 el gobierno de
Pyongyang lanzó múltiples misiles balísticos hacia el Mar del Japón,
accionar condenado por el Consejo de Seguridad mediante resolución 1695
del 17 de julio. El representante chino, al fundamentar su voto, expresó
que “China siempre ha tratado de alcanzar dos objetivos fundamentales, a
saber, mantener la paz y la estabilidad en la península de Corea y
mantener unido al Consejo de Seguridad”. Cabe destacar que, para
alcanzar la unanimidad de sus miembros, China logró que el texto no
incluyera referencia al capítulo séptimo de la Carta, que regula la
aplicación de acciones punitivas.
La cuestión recrudece el 3 de octubre cuando el ministerio de
Relaciones Exteriores de Corea del Norte anunció la inminente
realización de un ensayo nuclear, condenado tres días después por la
presidencia del Consejo de Seguridad.
El 9 de octubre de 2006, el gobierno de Pyongyang anunció la
realización exitosa de “una prueba nuclear subterránea bajo condiciones
seguras”, que según el Centro de Investigaciones Sísmicas de Daejeon de
Corea del Sur, ocurrió a unos 15,4 kilómetros al noroeste de Hwadaeri,
cerca de la ciudad de Kilju, en la provincia de Hamgyong Norte.
El anuncio norcoreano de haber realizado un ensayo nuclear pone al
descubierto el fracaso de las diplomacias de Estados Unidos y la
República Popular China hacia la península coreana. En particular de
China, que ha sido incapaz de ejercer influencia o presión sobre Corea
del Norte a fin de que su gobierno cambie la orientación política y
mantenga la no-nuclearización de la península, la cual constituía uno de
sus principios rectores en materia de política exterior.
Retroceso del diálogo hexagonal
El fracaso también comprende a la diplomacia multilateral del llamado
diálogo hexagonal, cuya primera ronda comenzó en agosto de 2003, bajo el
auspicio de China y, como se ha mencionado, del cual también participan
los representantes de Estados Unidos, Japón, Rusia, la República de
Corea y la República Popular Democrática de Corea. China cumple un rol
principal, siendo el país que guía el proceso y cuenta con contacto
diplomático con las Seis Partes integrantes, incluida la diplomacia
secreta que realiza con Pyongyang.
La resolución 1718 del Consejo de Seguridad exhortó a Corea del Norte
a regresar al diálogo sin condiciones previas, con miras a aplicar la
declaración conjunta formulada el 19 de septiembre de 2005 por las Seis
Partes. Dicha declaración corresponde al consenso alcanzado en la cuarta
ronda de negociaciones, que establece como objetivo “la verificable
desnuclearización de la Península coreana de forma pacífica”.
En la misma declaración, Corea del Norte se comprometió a abandonar
todos los programas de armas nucleares y todos los programas nucleares
existentes y volver al Tratado sobre la No Proliferación de las armas
nucleares y a las salvaguardias de la Agencia Internacional de Energía
Atómica, además de afirmar su derecho al uso pacífico de la energía
nuclear.
Por su parte, Estados Unidos afirmó que no tiene armas nucleares en
la península y que no tiene intenciones de atacar o invadir Corea del
Norte con armas nucleares o convencionales. Ambas partes se
comprometieron a respetar la soberanía del otro, a coexistir
pacíficamente y a normalizar sus relaciones. Este consenso alcanzado
plantea implementarse bajo el principio de “compromiso por compromiso,
acción por acción”. Por último, las seis partes aceptaron que las partes
involucradas negocien un régimen permanente de paz en la península en
otro foro apropiado.
La quinta ronda comenzó en la fecha indicada por la declaración
conjunta de septiembre, es decir, a principios de noviembre de 2005. Sin
embargo, el proceso se detuvo inmediatamente. El 3 de enero de 2006, el
gobierno de Pyongyang afirmó que no regresará a las conversaciones
hexapartitas a menos que Estados Unidos levante las restricciones
financieras que le impuso por presuntas actividades ilegales, incluido
lavado de dinero y falsificación.
Las alternativas de la comunidad internacional
Frente al ensayo nuclear, la comunidad internacional tiene las
alternativas de desnuclearizar la península mediante acciones punitivas
o la negociación pacífica, o admitir –como en los casos anteriores de
China, India o Pakistán– el ingreso de Corea del Norte al selecto club
de potencias nucleares. Todos estos caminos conducen a Beijing.
Las acciones punitivas comprenden el uso de la fuerza o las sanciones
económicas e interrupción de las comunicaciones, conforme al capítulo
séptimo de la Carta de las Naciones Unidas. El recurso a la fuerza ha
sido negado por China y Rusia, siendo que acciones al margen del Consejo
de Seguridad resultan casi imposibles de llevarse a cabo, dado que una
intervención de Estados Unidos, sumadas a las que mantiene en Afganistán
e Irak, resultaría una pesada carga para su aparato militar.
Además, el gobierno de George W. Bush sabe que Corea del Norte es
parte del Siheyuan o “patio cuadrado” de China y sin su beneplácito nada
podría hacer dentro de su esfera de seguridad directa. La estructura
bipolar de la Guerra Fría aun asoma en el Noreste Asiático, siendo que
China –y en menor medida Rusia– viene a reemplazar gran parte del rol de
la anterior Unión Soviética. Sin embargo, estos países rehúsan resolver
la cuestión mediante la intervención armada.
Precisamente, la resolución 1718 del Consejo de Seguridad, adoptada
por unanimidad de sus miembros el 14 de octubre de 2006, condenó el
ensayo nuclear de Corea del Norte y reconoce que representa una amenaza
a la paz y seguridad internacionales. Además, exige que Corea del Norte
no realice nuevas detonaciones; retracte su decisión de retirarse del
Tratado sobre la No Proliferación de armas nucleares; suspenda su
programa de misiles balísticos; y abandone todas las armas y programas
nucleares así como todas las demás armas de destrucción masiva.
La resolución representa un cambio en el accionar del Consejo
respecto de los anteriores ensayos, los cuales no fueron condenados por
el sistema de seguridad colectiva, sino por la práctica de la diplomacia
bilateral. Por tal motivo, la resolución 1718 crea un Comité del Consejo
de Seguridad, integrado por todos sus miembros, para aplicar sanciones
económicas que tendrá también la responsabilidad de adoptar acciones
contra quienes las violen. Entre dichas sanciones, los Estados miembros
deberán impedir el suministro, venta o transferencia directos o
indirectos a Corea del Norte de armamento pesado; artículos de lujos;
congelar los fondos y otros activos financieros y recursos económicos; e
impedir la transferencia de capacitación técnica, asesoramiento,
servicios y asistencia relacionados con la fabricación, conservación o
usos de armamento pesado.
Cabe destacar que las sanciones han sido impuestas por las Naciones
Unidas a un Estado miembro, como es la República Popular Democrática de
Corea desde el 17 de septiembre de 1991.
China y las sanciones económicas
Las acciones punitivas de nada sirven sin la anuencia de China, ya
que hasta el momento el régimen político y la economía norcoreanos han
subsistido en aislamiento y tensión con los Estados de la región gracias
a su apoyo. En este sentido, el Comité conformado deberá controlar el
cumplimiento de las sanciones por parte de China, especialmente el
congelamiento de fondos y activos financieros, a los efectos de dejar en
claro que este país está a favor de la comunidad internacional y no
encubre a Corea del Norte, ya que ha votado afirmativamente la
resolución.
No es que China no cuente con el poder suficiente para obligar al
gobierno de Pyongyang a cambiar la orientación política, sino que parece
no querer utilizarlo, pues cambiaría su imagen de ascenso pacífico en el
sistema internacional. El gobierno de Pyongyang desafía y pone a prueba
el pragmatismo chino, en el marco de vínculos ambivalentes.
Por eso, la diplomacia china está frente a una encrucijada. Por una
parte, debe preservar su esfera de seguridad directa ante la gestación
–al pie de su frontera– de un nuevo Estado nuclear, al tiempo que debe
respetar el compromiso internacional de evitar la dispersión de las
armas nucleares. Por eso, el portavoz del ministerio de Relaciones
Exteriores afirmó que “China decididamente, cumple al pie de la letra la
resolución 1718 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, porque
de esta forma también concuerda con el interés chino”. Al cumplir con
las sanciones no estará más que haciendo lo que otros grandes poderes
realizaron en el pasado, pues si China decide un comportamiento distinto
resultaría en desmedro de su interés nacional y los intereses de la
comunidad internacional.
Por la otra, tiene una marcada preocupación por la estabilidad,
fundada en dos motivos: uno de índole imperial, que es no autorizar a
ninguna potencia a dominar la península y, si fuera necesario, mantener
su división; y el segundo, aprovechar al máximo las relaciones
bilaterales con el Norte y el Sur, las primeras políticas y las segundas
económicas, para valorizar la posición excepcional que Beijing ocupa en
la península y, en la medida de lo posible, adquirir una especie de
control sobre los proyectos de reunificación.
Por último, inmersa en su modernización económica, busca condiciones
ambientales funcionales a dicho proceso, con un accionar discreto y de
bajo perfil en el plano internacional, tratando de eludir –o postergar–
los compromisos cada vez mayores que por su rol de gran potencia le
atribuye la comunidad de naciones hasta tanto no consolide su integridad
nacional.
Tras la aprobación de las sanciones, China envió al consejero Tang
Jiaxuan como emisario a la capital norcoreana. La misión Tang confirmó
que Corea del Norte tiene la voluntad de regresar al diálogo hexagonal y
realizar la desnuclearización de la península. China apela a la
negociación para resolver la cuestión, buscando acercar a Corea del
Norte al diálogo multilateral, aunque Pyongyang pone como condición la
eliminación de las sanciones. Los dirigentes norcoreanos han afirmado a
Tang Jiaxuan que no tienen programado la realización de un segundo
ensayo, pero si existe una no legítima presión externa, el gobierno de
Corea del Norte podría adoptar medidas.
El gobierno chino considera que las sanciones por sí mismas no
constituyen un objetivo, siendo que las acciones deberían servir a la
consulta a través del diálogo, a resolver el problema nuclear de la
península coreana por medios diplomáticos, a realizar los objetivos
generales de la no-nuclearización de la península y la estabilidad y paz
del Noreste Asiático. Según Beijing, cada parte no debe deliberadamente
explicar o ampliar las sanciones, sino prevenir la confrontación y el
empeoramiento de la situación.
Respecto a las sanciones financieras, la posición china considera que
“Simultáneo al estricto respeto a las resoluciones del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, el gobierno chino no interviene en las
actividades comerciales normales pertenecientes al Banco de China”. El
gobierno chino respeta y cumple la resolución 1718, siendo que adoptará
las medidas necesarias para cumplir sus obligaciones ante las acciones
violatorias de la resolución dentro del territorio chino. Inteligentes,
los chinos nada quieren hacer para perturbar la corriente de inversiones
que se dirige hacia su país.
La cancillería distingue las sanciones de la ayuda económica, la cual
no han pensado en disminuir, puesto que no fueron establecidas en forma
expresa por la resolución. Además, tampoco desea afectar su comercio
bilateral, que según datos provenientes del ministerio de Comercio, en
el año 2005 ascendió a 1.580 millones de dólares, con exportaciones
chinas por valor de 1.081 millones e importaciones de 499 millones.
Contando con la sensible compra de mineral de hierro, aunque sus
principales proveedores siguen siendo Australia, Brasil, India y
Sudáfrica.
El derecho de Norcorea al desarrollo nuclear
La cuestión propiamente dicha enfrenta la no proliferación nuclear
esgrimida por la comunidad internacional, bajo el liderazgo por las
grandes potencias nucleares, frente al derecho soberano que le asiste a
Corea del Norte a su nuclearización, como Estado ajeno a la normativa
del Tratado sobre la No Proliferación de armas nucleares. Compatibilizar
estos dos objetivos consiste en la estrategia de la República Popular
China, que sufre medra en su interés nacional al gestarse un nuevo
Estado nuclear en sus fronteras, cerrando el círculo nuclear periférico
con Rusia, India y Pakistán.
Es decir, existe una coincidencia entre los intereses de la comunidad
de naciones y el interés nacional chino, pero el camino chino a resolver
esta cuestión –por momento– no es el uso de la fuerza, sino a través de
la diplomacia, con el riesgo de consolidar un nuevo Estado nuclear
mediante la dilatación temporal de la cuestión.
Conforme al inciso primero del artículo décimo del Tratado, a Corea
del Norte le asiste:
1) el derecho soberano de denunciar el tratado;
2) decidir sobre la existencia de un acontecimiento extraordinario
relacionado con la materia del tratado que comprometa los intereses
supremos del país;
3) que la retirada sea notificado con antelación de tres meses a
las partes contratantes del Tratado y al Consejo de Seguridad y
4) dicha notificación debe incluir una exposición de los
acontecimientos extraordinarios que Corea del Norte considere que han
comprometido sus intereses supremos.
Estados Unidos y el Reino Unido cuestionaron los argumentos mediante
los cuales Corea del Norte procedió a retirarse del tratado, entendiendo
que las causales enunciadas por Pyongyang no revisten el carácter de
acontecimientos extraordinarios que plantea el tratado.
El problema central actual radica en la crisis del sistema de no
proliferación, pues la realidad indica que la tendencia contemporánea es
hacia la proliferación.
Las grandes potencias nucleares crean un muro de contención que
lentamente es superado por nuevos Estados nucleares, dado que de los dos
iniciales, Estados Unidos y la Unión Soviética, el número ha crecido a
ocho potencias nucleares, comprendiendo a Estados Unidos, Rusia, Reino
Unido, Francia, China, India, Pakistán, y, desde este año, Corea del
Norte. Además de las sospechas sobre posesión de armas nucleares por
parte de Israel; los programas clandestinos de Arabia Saudita e Irán; y
la capacidad en tecnología, materia prima y capital de Japón o Canadá
para producir armas nucleares, aunque por decisión política no lo hacen.
Precisamente, porque se asiste a la crisis del Tratado sobre la No
Proliferación de armas nucleares es que las grandes potencias nucleares
han decidido aplicar sanciones ante este nuevo caso de proliferación.
Esta tendencia refleja un enfrentamiento entre el multilateralismo de
la no proliferación y la raíz westfaliana del sistema internacional. La
no proliferación sufre la presión en tenaza de las características
inherentes al sistema westfaliano.
Por una parte, las grandes potencias nucleares ejercen la tradicional
política de poder para controlar la dispersión nuclear a través del
tratado y el sistema de seguridad colectiva de las Naciones Unidas,
abrogándose la representación de la comunidad internacional. A su vez,
los Estados no nucleares, adherentes o no al tratado, también ejercen la
política de poder para consolidar su derecho soberano al desarrollo
nuclear, retirándose previamente del tratado si lo son, como en el caso
bajo estudio. Hasta el presente prevalece el primero sobre la segunda,
pero la tendencia progresiva consiste en que los Estados busquen su
propio desarrollo nuclear, al margen de la contención legal que las
grandes potencias les imponen.
Conclusión
El ensayo nuclear norcoreano del 9 de octubre de 2006 significó el
fracaso de la diplomacia china hacia la península coreana, la política
de no proliferación de Estados Unidos y el diálogo hexagonal. La
decisión del gobierno de Corea del Norte es incongruente con la
orientación política china y su interés nacional. La comunidad
internacional, representada por el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, condenó la proliferación de armas nucleares como una clara
violación a la paz y seguridad internacionales y, en consecuencia,
aplicó sanciones económicas al gobierno de Pyongyang mediante la
resolución 1718.
Estas sanciones requieren de la estricta aplicación de los miembros
de la organización, especialmente China, actor fundamental que con su
orientación externa hacia la península permite la subsistencia del
régimen de Kin Yong Il, brindándole márgenes de acción a la política
norcoreana.
La capacidad nuclear de Corea del Norte ingresa la cuestión a un
nuevo estadio. El concepto de no-nuclearización de la península coreana
ha dado paso al de desnuclearización, pues hasta la prueba de octubre
pasado la península nunca estuvo nuclearizada. Es decir, la naturaleza
del proceso de negociación a seis bandas ha cambiado, pues ahora las
partes deberán buscar la desnuclearización de la península a diferencia
de la anterior posición de evitar su nuclearización.
China apoya la solución de la cuestión por medios pacíficos, espera
que Corea del Norte retorne al diálogo hexagonal con el objeto de
ejercer control sobre el proceso de negociación, del cual ha sido
promotor y su capital, la ciudad de Beijing, sede de las negociaciones.
De reanudarse el diálogo, las conversaciones comenzarían con el
objetivo de restablecer la desnuclearización de la península, pero
también, puede ser el inicio de un largo proceso de disminución de
tensiones hasta reconocer el nuevo estatuto nuclear de Corea del Norte.
En este caso, la consecuencia directa podría ser la aceleración de la
proliferación nuclear en la región, por interés de posesión de armas
nucleares en Estados que aun no las poseen.
Si bien China mantiene su alianza desde 1961, no está exenta de la
amenaza norcoreana pues, en última instancia, sus escasos misiles pueden
llegar a Tokio, Seúl o Taipei, pero también a Beijing. Detrás de este
caso, como base principal de la cuestión, el multilateralismo de la no
proliferación nuclear aparece atenazado por la naturaleza westfaliana de
la política internacional, en dos vertientes: el uso de la política de
poder de las grandes potencias para limitar la proliferación de armas
nucleares y el derecho soberano de los Estados a su posesión.
Las grandes potencias continúan ejerciendo hegemonía sobre el régimen
de no proliferación, aunque la tendencia mundial es a la proliferación
de las armas nucleares.
En esta puja entre la comunidad internacional y los Estados
nacionales, el sistema de seguridad colectiva inaugura la aplicación de
sanciones a un país que intenta desarrollar armas nucleares, con efecto
demostrativo sobre los miembros de la comunidad que adopten similares
políticas, intentando contener la tendencia a la proliferación, la cual
se presenta como irreversible.
******
(*) Eduardo Daniel Oviedo es Investigador Adjunto del CONICET y
Profesor Titular de la Universidad Nacional del Rosario, Argentina )
Observatorio de la Política China
BIBLIOGRAFÍA
Conferencia de prensa del portavoz del Ministerio de Relaciones
Exteriores de la República Popular China, Liu Jian Zhao, Beijing, 24 de
octubre de 2006,
www.fmprc.gov.cn/chn/xwfw/fyrth/t277291.htm
DOMENACH Jean-Luc, ¿Adónde va China?, Paidós, Barcelona, 2006,
196-197. Declaración Conjunta de la IV Ronda de las Conversaciones entre
las Seis Partes, en
REPÚBLICA POPULAR CHINA, MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES,
Beijing, 19 de septiembre de 2005,
http://www.fmprc.gov.cn/esp/zt/dslht/t212864.htm
NACIONES UNIDAS, CONSEJO DE SEGURIDAD, Resolución 1695 (2006),
S/RES/1695(2006), Nueva York, 17 de julio de 2006.
NACIONES UNIDAS, CONSEJO DE SEGURIDAD, 5490ª sesión, S/PV.5490, Nueva
Cork, 15 de julio de 2006.
NACIONES UNIDAS, CONSEJO DE SEGURIDAD, Declaración del Presidente del
Consejo de Seguridad, S/PRST/2006/41, Nueva York, 6 de octubre de 2006.
NACIONES UNIDAS, CONSEJO DE SEGURIDAD, Resolución 1718 (2006),
S/RES/1718 (2006), Nueva York, 14 de octubre de 2006.
Norcorea llevó a cabo su primer ensayo, en diario Clarín, Buenos
Aires, 10 de octubre de 2006,
http://www.clarin.com/diario/2006/10/09/um/m-01286848.htm
North Korea Announces Withdrawal from NTP, January 10: Statement and
Reaction, en The Acronym Institute for disarmament diplomacy, www.acronym.org.uk
North Korea announces nuclear test, October 9, 2006, en The Acronym
Institute for disarmament diplomacy,
www.acronym.org.uk
PONS Philippe, La ambivalencia en la relación chino-norcoreana, en La
Nación, Santiago de Chile, 7 de agosto de 2006,
www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060806/pags/20060806215646.
htm
REPUBLICA POPULAR CHINA, MINISTERIO DE COMERCIO, Exportaciones e
importaciones por principales países (regiones), en www.mofcom.gov.cn Tratado sobre
la no proliferación de las armas nucleares, Londres, Moscú y Washington,
1 de julio de 1968.
ZHOU En Lai, Resistir la agresión norteamericana y ayudar a Corea
para defender la paz, en Obras Escogidas de Zhou En Lai, Ediciones en
Lenguas Extranjeras, Tomo II, Beijing, 1989.
|