Agencia RIA Novosti
Pero hoy día se hace obvio que el Talibán renace. Es un hecho que no pueden menospreciar ni los más optimistas
políticos de Washington y Bruselas.
Los dirigentes de la OTAN han anunciado que se prevé aumentar el contingente de
las fuerzas internacionales (ISAF) en Afganistán. Actualmente, allí se ubican
unos 40 mil efectivos: 20 mil estadounidenses y otros tantos de los países de la
OTAN y los aliados de ésta.
En los próximos dos o tres años, la agrupación afgana de la OTAN debe cumplir
una doble tarea estratégica: llevar a cabo el proceso de institucionalización en
el país y eliminar la posibilidad del surgimiento de un conflicto
afgano-paquistaní.
La institucionalización está estrechamente vinculada con el problema de la
integridad territorial del país. En las provincias afganas del Sur y el Este,
donde predomina la población pushtú, no existe demarcación precisa de la
frontera entre Afganistán y Paquistán, además no está arreglado el problema de
esa etnia. Desde finales del siglo 19, los afganos (que se autodenominan
pushtúes) son un pueblo dividido: hasta 10 millones de ellos viven en
Afganistán, mientras que otros 20 millones se vieron primero en la India
británica, y luego en Pakistán. Por ello se plantea la necesidad de introducir
la estructura federativa en el país, construyendo el Estado afgano desde
"abajo", por medio de crear entidades basadas en el principio étnico: la pushtú,
la tayica, la uzbeca, etc.
Pero existe también el aspecto exterior del problema: la necesidad de mantener
la estabilidad política en Pakistán, un país que posee potencial nuclear, donde
existe la amenaza de la subida al poder de representantes de un islamismo
radical.
O sea que del eficaz cumplimiento de la misión por las ISAF depende tanto el
futuro de Afganistán como las perspectivas políticas del régimen de Pervez
Musharraf en Islamabad, y respectivamente la eliminación de la amenaza de que el
arma nuclear paquistaní se vea en manos de los extremistas religiosos.
La renuncia de los estadounidenses a acometer el reforzamiento del ejército
nacional de Afganistán (hasta 200 mil efectivos, según lo plantea Kharzai) pese
a la amenaza del renacimiento del Talibán, viene a confirmar que Washington
considera prioritario garantizar la seguridad de Pakistán. Es obvio que ésta
sigue siendo la tarea más importante de las fuerzas de la OTAN estacionadas en
Afganistán.
Pero para realizarla, las ISAF tendrán que movilizar recursos complementarios,
en primer lugar para hacer frente a los talibán. Esta tarea se complica tanto
por el creciente potencial combativo del Talibán como por la perspectiva de su
transformación de un movimiento islámico radical en uno cualitativamente nuevo:
el de liberación nacional de los pushtúes.
Conviene subrayar que la plaza de armas afgana tiene importancia estratégica en
primer lugar para EEUU, pues le permite a Washington tanto "cernerse" sobre Irán
y controlar la estabilidad en el Pakistán nuclear, como - aprovechando el
interés de la India en el arreglo afgano - formar una nueva configuración
geopolítica en los accesos occidentales y meridionales de China, atrayendo a la
realización de un proyecto único las fuerzas políticas de Kabul, Islamabad y la
Nueva Delhi.