|
 |
|
Refugiados en Sudán |
Casi cuatro años después de iniciado el conflicto en la
occidental zona sudanesa de Darfur, crecen los llamados a
redoblar esfuerzos para poner fin a la violencia.
Por Joyce Mulama - IPS
Durante un encuentro en las celebraciones del Día Internacional
de los Derechos Humanos, el 8 de este mes, el saliente
secretario general de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), Kofi Annan, reiteró que el mundo podía y debía
intensificar las iniciativas para resolver la crisis.
En los últimos dos meses se reanudaron los combates en la zona,
y las agencias humanitarias advierten que miles de civiles huyen
a las montañas, donde no se los puede ayudar.
El gobierno sudanés combate al Frente de Redención Nacional, una
coalición de grupos rebeldes que no firmaron el Acuerdo de Paz
por Darfur de mayo pasado en Abuja, la capital de Nigeria.
El acuerdo fue el resultado de negociaciones auspiciadas por la
Unión Africana entre representantes de Jartum y el rebelde
Movimiento para la Liberación de Sudán (SLM) y el Movimiento por
Justicia e Igualdad (JEM). Una de las facciones del SLM firmó el
pacto, pero fue rechazado por los demás sectores del mismo grupo
y por el JEM.
El Frente de Redención Nacional está activo principalmente en el
norte de Darfur, donde civiles han sido víctimas de bombardeos
indiscriminados por parte de las fuerzas del gobierno, señaló la
organización Human Rights Watch (HRW), con sede en Nueva York.
El conflicto en Darfur se ha caracterizado por campañas contra
los grupos étnicos indígenas negros Fur, Masaalit y Zaghawa,
considerados simpatizantes de los rebeldes.
Tanto las fuerzas del gobierno como las milicias árabes
Janjaweed (hombres a caballo) son acusados de atacar a civiles.
Las viejas tensiones en la región se originaron en una disputa
por los recursos de la tierra entre los indígenas negros y los
nómades árabes.
Trabajadores humanitarios también han sido objeto de ataques, lo
que ha motivado la reubicación de 71 de estos que se encontraban
en la meridional localidad Gereida.
Hombres armados habrían ingresado a recintos de diversas
organizaciones humanitarias, acosado a los funcionarios,
confiscado equipos de comunicación y robado vehículos y dinero.
Muchos temen que, dado que estos trabajadores humanitarios no
pueden asistir a grandes números de desplazados, la situación se
agrave aun más en el corto plazo. Gereida se convirtió en la
localidad con mayor población de desplazados, con 130.000.
En total, unos 400 trabajadores humanitarios han sido reubicados
este mes por razones de seguridad, el mayor número mensual desde
que comenzaron su misión en Darfur.
Entre julio y septiembre de este año, 11 trabajadores
humanitarios murieron en Darfur, según agencias internacionales.
Más de 200.000 personas, en su mayoría civiles, han muerto
durante el conflicto, en tanto que unas 2,5 millones huyeron de
sus hogares, según datos de la ONU. Estados Unidos calificó la
crisis de "genocidio".
Autoridades sudanesas han sido acusadas de hacer poco para traer
estabilidad a la zona, a pesar de haber firmado el Acuerdo de
Paz.
Aunque Jartum ahora aceptó el despliegue de un contingente de
cascos azules de la ONU para ayudar a las fuerzas de paz de la
Unión Africana, ya presentes en Darfur, había rechazado
previamente la propuesta, señalando que se trataba de una
interferencia en los asuntos sudaneses.
Apenas 7.000 soldados mal equipados de la Unión Africana fueron
enviados a intentar frenar la violencia Darfur, zona con un
territorio similar en tamaño al de Francia. No obstante, Jartum
desea que la Unión Africana permanezca en el comando de la
fuerza de paz expandida. Hasta ahora, las autoridades sudanesas
no han especificado cuántos soldados extranjeros permitirán que
ingresen al territorio.
"Funcionarios responsables de orquestar el conflicto desde 2003
parecen temer que un mayor grupo de soldados de la ONU en Darfur
pudiera facilitar eventuales acusaciones ante la Corte Penal
Internacional", de la Haya, dice un informe de HRW divulgado en
octubre.
Los esfuerzos de IPS por obtener comentarios sobre Darfur en la
embajada sudanesa en Kenia fueron infructuosos. El viceembajador,
Abdalla Omar, dijo que no estaba autorizado para hacer
declaraciones sobre el tema.
Jartum niega estar involucrado en los ataques a civiles y
asegura que trabaja por poner fin al conflicto.